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Seguimos esperando la alegría

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Hace 25 años mis padres y miles de chilenos le dijeron NO a Pinochet y a su Dictadura, y le dijeron SI a la alegría, alegría que ha llegado para algunos, pero que la mayoría de los chilenos y chilenas aún estamos esperando.

Hace exactamente 25 años Chile le dijo NO a Pinochet, NO a una dictadura que ya había matado a muchos compatriotas, y le dijo SI a la democracia y la libertad. En lo personal, aún no nacía, pues soy un “hijo de la democracia”, pero durante mucho tiempo he sido admirador de la gesta heroica que llevaron adelante millones de chilenos y chilenas que sin miedo decidieron vivir en democracia, aún ante la amenaza y terror del Dictador y sus seguidores, muchos de ellos gobernándonos en la actualidad.

El 5 de octubre de 1988 se abrió una puerta hacia la esperanza, el progreso, la felicidad y como decía la propia propaganda del NO, se abría una puerta para que la alegría llegara a nuestros hogares y dejáramos atrás casi dos décadas de sangre y terror. Los líderes de la época nos prometieron que desde 1990 las cosas serían distintas y que podríamos entre todos reconstruir y restructurar una sociedad, ahora en paz y confianza. Parece que aún no lo logramos. A 25 años vale la pena preguntarse si la alegría ha llegado.

Seguramente lleno de entusiasmo un Presidente transversalmente respetado nos decía “justicia en la medida de lo posible”, ahí creo que se jodió todo, la alegría nunca llegaría. Algunos dirán que era lo que correspondía hacer, pues con Pinochet aún al mando del Ejército se ponía en peligro la transición, pero ésta partió mal. Los personajes de la Dictadura amarraron sus posiciones de poder y sus lógicas tramposas para hacer de Chile un modelo único en el mundo que a simple vista funciona, pero que en el fondo nos destruye como ciudadanos y nos transforma sólo en consumidores todos los días sin darnos cuenta.

Después del 11 de marzo de 1990 éramos felices, o lo parecíamos. Supongo que muchos  creían que de verdad la alegría llegaría, que la clase política tendría los cojones para enfrentar a los dictadores y rearmar Chile, pero no fue así, durante todo este tiempo nos hemos acomodados a lo que la Dictadura nos dejó. Sin contar los miles de asesinados, desaparecidos y torturados, militares y civiles golpistas nos dejaron otra herencia tan maligna como lo anterior: un sistema económico, político y social instaurado desde 1973 hasta la fecha, y que hasta ahora ha tenido buenos resultados en abstracto, pero que tiene sumidas a miles de familias en la pobreza o en el endeudamiento privado. Definitivamente la alegría no ha llegado.

Durante estos 25 años no se ha hecho nada para que esa alegría prometida llegue, al contrario, se han mantenido intactas una serie de instituciones.

El sistema educacional y el abandono de la educación pública. La Concertación teniendo intereses creados y acomodándoles el panorama, siguieron profundizando este sistema que lo único que hace es discriminar y acrecentar la desigualdad. Los economistas de derecha metieron sus manos al convencernos que lo único que interesa es el SIMCE y la PSU, pero no se han detenido un minuto a reflexionar sobre la calidad, y lo impresentable y vergonzoso que es ver a miles de estudiantes como estamos aun sin terminar nuestras carreras, endeudados por el resto de nuestras vidas. La Dictadura trasformó la educación en un bien de consumo, a la Concertación le gustó, y se olvidó de que se trata de un derecho social que el Estado debe asegurar a todos y todas.

El Plan Laboral que fue principalmente  una intervención sindical, que redefine el rol del sindicalismo en la sociedad, rompiendo con la tradición de un sindicalismo de clase para instaurar un sindicalismo despolitizado y desmovilizado. Para cumplir con este objetivo, la nueva institucionalidad prohíbe la negociación colectiva por rama, limita sus contenidos y permite el reemplazo de los trabajadores en huelga, a la usanza anglosajona. La negociación colectiva pierde así su función distributiva (combatir la desigualdad).

El sistema de salud, donde entre 1979 y 1981 se decretó el fin del sistema público de salud con la creación de FONASA y de las ISAPRES que instituía el actual sistema mixto de seguros en el cual los subsistemas público y privado compiten entre ellos. Los gobiernos democráticos (1990-2013) no han modificado esos cimientos, limitándose a intervenciones en materia de regulación de precios, control y fiscalización.

Las AFP, en 1981, por el DL 3.500, se reemplaza el régimen de pensiones, hasta entonces solidario y de reparto, por uno de capitalización individual forzosa. El cambio significa pasar de un sistema cuyo beneficio era definido a uno de contribución determinada y beneficio incierto. La Concertación no ha tocado este sistema, pues los héroes de ayer, hoy son parte de los directorios de estas empresas.

La Constitución Política de la República, Ricardo Lagos, el 2005 nos decía que la Constitución de Pinochet dejada de existir, ahora era la Constitución del 2005, democrática e inclusiva, y la firmaba feliz. Sin embargo, sigue llena de trampas que debemos superar, trampas que no permiten la participación efectiva de la ciudadanía, que al Estado lo pone como mero espectador y no como partícipe en materias importantes para la Nación. Una Constitución ilegítima, un pacto interpuesto por el terror y las armas, que la Concertación avaló y se acomodó a ella, sin tener la voluntad de cambiarla, pues les gusta como está. Ahora muchos decimos Asamblea Constituyente, donde sea el pueblo quien se dé un momento constituyente, y entre todos escribamos la Nueva Constitución. La Concertación nos dice que es fumar opio.

Hay varias otras instituciones que sólo se han maquillado sin cambios de verdad: el sistema tributario, el sistema bancario, la privatización de los recursos naturales, el sistema binominal que sigue empatando la democracia, y tantos otros, que los que más sufrieron con la Dictadura, siguen defendiendo.

Hoy tenemos una posibilidad histórica, está en nosotros impulsar las reformas que Chile necesita, no esperamos nada de la clase política actual, pues al fin del día todos reman para el mismo lado. De la Derecha no esperamos nada, pues son los creadores de lo que tenemos hoy, de la Concertación tampoco, fueron ellos quienes defendieron a Pinochet en Londres, fueron ellos quienes no se molestaron por enfrentar a los dictadores,  fueron ellos quienes construyeron cárceles de lujo para violadores de DD.HH, y que hoy sea un Presidente de derecha quien cierra el penal Cordillera debería darles vergüenza.

Hace 25 años mis padres y miles de chilenos le dijeron NO a Pinochet y a su Dictadura, y le dijeron SI a la alegría, alegría que ha llegado para algunos, pero que la mayoría de los chilenos y chilenas aún estamos esperando.


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Comentarios

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Laura Farias

06 de octubre

hace 25 años también dije NO, hace 25 años empecé a trabajar, mis posibilidades de estudios superiores se vieron truncadas por la “época”… hace 25 años que espero tener mas posibilidades y aunque esporádicamente he tenido trabajos bien remunerados, aun siento que la alegría quedó en el camino, pese a eso debo confesar que he logrado algunos triunfos, pero no me alcanzan para satisfacer las necesidades esenciales de dar una relajada educación a mi hija, quien lamentablemente será una mas endeudada luego de su titulación… pero aun asi… la alegría me embarga por verla toda una profesional!!!
Espero que en un nuevo y pronto proceso político esta situación cambie definitivamente… ahí cerrare el ciclo y diré con plena convicción … la alegría ya viene??? NOOOOOOOOO… la alegría llegó!!!

Seguimos esperando la alegría

06 de octubre

[…] Erick Layana, Seguimos esperando la alegría […]

07 de octubre

Creo que el comentario raya en la emotividad por sobre la racionalidad. Es increíble que en casi 40 años todos los sectores políticos no hayan asumido su responsabilidad; el desafío de nuestra generación es vivir sin rencores, sin odios, y sin complejos. También creo que en los últimos 40 años Chile no ha estado ajeno del progreso, lo bueno también se reconoce: pregúntale a tus abuelos como vivían ellos, luego a tus padres, luego piensa en ti mismo. Un abrazo!

07 de octubre

Pero que pregunta mas absurda!!! claro que la alegría llego!!! pregúntales a las ISAPRES o a las AFPS o a los grandes grupos económicos a las pocas familias que controlan todo en Chile!!! apuesto que a ellos si que les llego la alegría y mucha por cierto!!!

08 de octubre

Diego
Pocas veces hemos tenido el placer de leer un análisis tan preciso y sereno como el de la columna del colega Erick
Ahora bien, el verdadero “desafío” de nuestra generación es conocer la verdad, que se haga justicia y reparación, tanto en los derechos humanos como en los asuntos económicos.
Alemania, después de casi un siglo, sigue reparando el daño causado referido al holocausto como en la economía. No cave duda que esa actitud es reconocida y respetada por el mundo entero como nación culta y digna.
Conversé con mis antepasados hasta la novena generación, que por más de 70 ocasiones sufrieron masacres, tanto por revelarse a la situación de pobreza de la clase media para abajo como el “pensar distinto” y en cada una de ellas llegaban al mismo acuerdo “Nunca más”.
Cuando pienso en mi vida como empresario, agricultor, empleado público y jubilado, pues debo reconocer que no me quejo, hasta el 73 lo alto y lo bajo fue por mi culpa, del 73 hacia delante se me dio vuelta el entendimiento y pasé dos décadas que no pude utilizar aquel derecho sagrado de pensar distinto.

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