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Discapacidad y maternidad, un discurso con matices de desigualdad

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Ser madre, un milagro hermoso de la vida y un derecho de cada mujer, independiente de su condición, ratificado por Chile en la Convención de los Derechos de las Personas con Discapacidad, que esconde detrás un escenario de exclusión y discriminación para aquellas que vamos más allá de nuestra discapacidad, y decidimos ser madres.


Desde lo Institucional, una silla de ruedas y discapacidad severa me imposibilita el poder cumplir mi rol de madre.

Desde mi experiencia personal, puedo gritar con viva voz, que pese a ser un país en vías de desarrollo e inclusivo, se lucra con quienes vivimos la discapacidad, y lo que es peor, se nos utiliza como abanderado para hablar de un gobierno inclusivo ante la Organización de las Naciones Unidas, pero, en la realidad concreta esto no se materializa. Se nos vulnera como personas, sujetos de derechos, se transgrede la autonomía del querer ser y hacer, se nos subestima como un objeto mercantil, donde la incapacidad no está en quien posee la discapacidad, sino en quien la instrumentaliza como una imagen de caridad y compasión.

Soy una madre tetrapléjica, con dependencia severa, mi bebé es una hermosa niña prematura de seis meses, y durante el proceso de embarazo hasta hoy en día, esta etapa ha sido una pesadilla, un camino lleno de trabas, prejuicios y estigmatización, tanto así que desde antes de su nacimiento, fue considerada una bebé en riesgo social, y debía ser entregada al Servicio Nacional de Menores, solo por el hecho de tener una madre “discapacitada”, según las Autoridades “inhabilitada para cuidarla y proporcionarle el bienestar que necesita”. Con cuestionamientos absurdos del por qué se me ocurrió ser madre en mi estado, pasando por una serie de irregularidades, pese a presentar todos los antecedentes del caso a organismos gubernamentales, tales como el Servicio Nacional de la Discapacidad y el Servicio Nacional de la Mujer, esta realidad ha sido invisibilizada y avalada, argumentando que no hay nada que hacer, más que el seguimiento respectivo.
Es así, como ya han pasado cinco meses desde que fui madre, y aún sigo siendo tipificada como un factor de riesgo para ella, ya que no puedo hacerme cargo de sus cuidados por mis propios medios, y pasando por alto que es un derecho el poder ejercer la maternidad y un derecho de mi hija estipulada en la Convención de la Infancia, el estar junto a su madre.
Cinco meses, solicitando las herramientas para poder seguir junto a mi bebé y desarrollar mi rol de madre, dando a conocer mi impedimento físico para hacer las tareas cotidianas que realiza una madre (mudarla, tomarla en brazos, bañarla, y un sin fin de cosas que requiere una bebé), cinco meses de respuestas que más que ofrecer soluciones, hacen más aguda esta agonía de no saber qué sucederá, sin la capacidad de empatizar y acercarse a esta realidad, donde desgarra el alma no poder hacer las cosas por sí misma, pero eres una madre que vibra con cada logro de tu hija, y cada aliento es por y para ella.
Sin duda alguna, lo más complejo, ha sido la insensibilidad de las políticas sociales, donde nunca a nadie ni siquiera se le paso por la mente, que una mujer tetrapléjica, llegase a ser madre, y necesitaría alguien que la apoye, siendo sus brazos y piernas, para cuidar a su hija.
Se habla de equidad de género, pero se vulnera mi derecho de ser madre.

¿De qué igualdad y equidad se habla entonces?
Claramente la discriminación y estigmatización que sufrimos las madres en situación de discapacidad no es considerada violencia para el Servicio Nacional de la Mujer, y el Estado no se hace cargo de adoptar las medidas necesarias para asegurar a las mujeres en situación de discapacidad, el pleno goce y ejercicio de sus derechos en condiciones de igualdad con las demás, en especial lo referente a su dignidad, el derecho a constituir y ser parte de una familia, su sexualidad y salud reproductiva. Paradójicamente, hace un par de días atrás se firmó un convenio entre Senadis y Sernameg, por los Derechos Sexuales y Derechos Reproductivos de las mujeres con discapacidad, lo cual me parece una burla, más que una puerta abierta al cambio, ya que ambas instituciones se encuentran al tanto de mi situación y no han realizado ninguna gestión, que me asegure la permanencia de mi hija a mi lado.

Entre lo difícil de ser madre en un contexto de exclusión y segregación, se presenta la contrariedad de un sistema retrogrado, donde no se consideran ni respetan los derechos sexuales y reproductivos, pese a estar contemplado en la Ley 20.422.

Dis-capacitado es quien no teniendo piernas para caminar recorre caminos y avanza cada día un poco más. Es aquel que no pudiendo hablar puede gritar al mundo que es capaz de atravesar obstáculos. Dis-capacitado es ese, que sin tener brazos puede escribir y construir historia. Dis-capacitado es quien mantiene firme sus convicciones y metas pese a ser considerado discapacitado dentro de la sociedad.

¡Soy una esposa, madre y trabajadora social feliz!

Mujer sobre todo!
Desde lo Institucional, una silla de ruedas y discapacidad severa me imposibilita el poder cumplir mi rol de madre.

Que yo sea la madre de Fernandita, según esto, hace que ella sea un bebé en riesgo social y vulnerable, por lo tanto el Centro de Salud o cualquier Institución puede iniciar el proceso de quitarnos nuestra hija. Chile y sus leyes, un ejemplo de competencias a no seguir.

Desde mis derechos como mujer:

Una silla de ruedas y una discapacidad severa son una condición de vida distinta, y solo requiero de la activación de las redes de apoyo y herramientas que me permitan desarrollar mi rol de madre.

Cabe preguntarse ¿Por qué existe la vulneración de derechos?

Pues la respuesta es sencilla. Existe porque no tenemos políticas reales de igualdad de derechos, somos un experimento para las autoridades y tienen patrones de vida predestinados para las personas en situación de discapacidad.

“El discapacitado”, si tiene suerte terminará cuarto medio, vivirá de una miserable pensión y ni pensar en la posibilidad de formar su propia familia.

¿Responsabilidad de quién?

De usted que no denuncia, no se informa, no busca redes de apoyo.

¡Atrévase! El cambio lo generamos nosotros.

Se habla de femicidios y la violencia que muchos hombres ejercen contra las mujeres, pero jamás se menciona la violencia de Estado hacia nosotras.

Valeria Riveros Agurto.

 

TAGS: #Mujer #Sename #Violencia a la mujer Seguridad social

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21 de octubre

Que yo sea la madre de Fernandita, según esto, hace que ella sea un bebé en riesgo social y vulnerable, por lo tanto el Centro de Salud o cualquier Institución puede iniciar el proceso de quitarnos nuestra hija. Chile y sus leyes, un ejemplo de competencias a no seguir.
Desde mis derechos como mujer:
Una silla de ruedas y una discapacidad severa son una condición de vida distinta, y solo requiero de la activación de las redes de apoyo y herramientas que me permitan desarrollar mi rol de madre.
Cabe preguntarse ¿Por qué existe la vulneración de derechos?
Pues la respuesta es sencilla. Existe porque no tenemos políticas reales de igualdad de derechos, somos un experimento para las autoridades y tienen patrones de vida predestinados para las personas en situación de discapacidad.
“El discapacitado”, si tiene suerte terminará cuarto medio, vivirá de una miserable pensión y ni pensar en la posibilidad de formar su propia familia.
Ya no más invisibilidad ni silencio.
¿Responsabilidad de quién?
De usted que no denuncia, no se informa, no busca redes de apoyo.
¡Atrévase! El cambio lo generamos nosotros.
El llamado a las Autoridades es poner énfasis en la protección a la situación de abandono y prejuicios con los que deben lidiar las mujeres en condición de discapacidad y que se ha invisibilizado.
Se habla de femicidios y la violencia que muchos hombres ejercen contra las mujeres, pero jamás se menciona la violencia de Estado hacia nosotras.
Durante mi embarazo me ha tocad

21 de octubre

He enviado repetidas notas a la Sra. Presidenta, a la Secretaría Nacional de la Mujer y puse en conocimiento del Comité sobre los Derechos de las Personas con Discapacidad de Naciones Unidas esta situación que vulnera los derechos de mi hija y míos, haciendo saber mi necesidad de tener cuidadoras para mi bebe, dejando establecido además que necesitar apoyos no convierte a una persona con discapacidad en menos autónoma ni en objeto de beneficencia, los apoyos resultan así un medio para el ejercicio de derechos. En este sentido, mi necesidad de contar con una asistencia para mi hija se justifica en mi derecho a ser madre, en el derecho de mi niña de contar con una asistencia, siendo ella misma también una niña con discapacidad y en su impedimento respiratorio que le impide a tan temprana edad, concurrir a un centro de cuidado y enseñanza infantil. Cabe señalar, que a tan temprana edad la decisión de enviar a un niño o niña a un centro de cuidado infantil, debe recaer en los padres de éste/a, y de ningún modo debe ser esto impuesto por el Estado, menos aún con la motivación de evitar proveerle de la asistencia adecuada, a la que está obligado el Estado chileno al haber ratificado la convención sobre los Derechos de las Personas con Discapacidad y la Convención sobre los Derechos de los niños y niñas.

25 de octubre

A pesar de que tu decisión de ser tener hijos pueda ser cuestionada, tienes derechos como madre igual. Eso es algo que no entendemos como sociedad, los derechos no se pierden. No importa lo que hayas hecho antes o que no todo el mundo esté de acuerdo con tu decisión, tienes derechos de todas formas. Saludos!

Juan Pedro

25 de octubre

Estimada Valeria,

En la práctica, que es lo que pide? Una cuidadora 24/7? Cuánto cuesta eso? Asumo que se da cuenta de que su derecho colisiones con el de otras personas que también tienen necesidades??

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