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Democracias y redes: más allá del hashtag

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Lo sabemos, pero se nos olvida. Por obvio, por visto, porque cualquiera lo puede constatar, lo olvidamos. Pero la historia se encarga permanentemente de recordárnoslo: los grandes cambios políticos están muy a menudo catalizados por importantes cambios tecnológicos.


Si lo probable es el grito indignado sin correlato, esta plataforma ha querido ser protesta con sentido; si lo probable es el hashtag pasivo, esta plataforma ha buscado ser acción transformadora; si lo probable es que cada uno se salve como pueda y cada sitio web sobreviva solo o compitiendo con otros, esta plataforma ha persistido en colaborar. Porque en cada columnista, en cada líder de acción, hemos aprendido a ser un poco “wiki”.

Los vientos libertarios de los enciclopedistas no son posibles de entender sin la imprenta. Ni qué decir de la revolución para la propaganda y la divulgación de las ideas políticas que implicó primero la radio y luego la televisión. Lo gritaba un tal Mc Luhan pero nos lo olvidamos: los nuevos medios desencadenan nuevas relaciones sociales, económicas y políticas.

A la luz de las redes sociales y su febril dedo acusador / redentor; de su grito libertario / condenatorio / convocante; de sus afectos cambiantes, de sus militancias inmediatas y blandas, de su ojo tan implacable como confuso, lo volvemos a recordar: hay inventos –de difusión, de alcance, de circulación de ideas – que transforman a las sociedades.

De la mano de las redes sociales y de los medios digitales, de la inmediata transmisión de información – cierta o no – la democracia entera comienza a ser otra, frente a instituciones y elites muchas veces perplejas ante la velocidad o las dinámicas del cambio.

Y es frente a ese relámpago intermitente de las pantallas masificadas y omnipresentes, ante los ojos de ese quinto poder que se va consolidando en cada hashtag exitoso, en cada causa, en cada like, que los viejos debates y prácticas de la democracia deben hoy ponerse al día.

Eso implica una enorme tarea para la política, por cierto: más transparencia, más democratización en la competencia política, más accountability, más participación ciudadana y más restricciones a las relaciones entre política y negocios. Menos verticalidad y más horizontalidad. En lenguaje de políticas públicas, eso podría llamarse Ley de Transparencia, chao binominal, Ley 20.500 de participación ciudadana, ley de financiamiento a la política, restricciones al lobby o nueva Constitución. Todo ello constituye una justa y necesaria puesta al día de lo que nuestras instituciones requieren para responder a la ciudadanía en su versión 2.0 de mejor manera.

Pero esta nueva democracia de las redes sociales, también debiera implicar un par de aprendizajes ciudadanos. Después de todo, cuando logramos por fin que cada voz cuente y tenga tribuna, lo justo es ecualizar esa voz, de modo que no acabemos todos gritando en un contexto de sordera generalizada, sino que esa voz que entre en diálogo con otras voces y que se haga cargo responsablemente de sí misma.

En una columna publicada en esta misma plataforma, Enzo Abbagliati cita un estudio que demuestra la habilidad de las redes sociales y entornos digitales para facilitar la conversación y hacer circular la información; no así para plantear soluciones.

Y en un contexto digital en el que esa es casi siempre la norma, elquintopoder.cl ha hecho un esfuerzo honesto y permanente por  ser la excepción.

Por eso, desde un comienzo, la aspiración de quienes estuvimos detrás de los primeros pasos del proyecto fue generar una comunidad de conversaciones para la acción. Una idea que sonaba bien, y que por eso –debo decirlo – fue imitada, pero jamás igualada.

Porque no basta con ser un sitio de columnas. Porque no basta con formar una comunidad. Porque no basta con tener incidencia. Todo esto debe ocurrir, pero debe articularse en torno a un diálogo permanente entre –diría el tío Marx – teoría y praxis.

Y si elquintopoder.cl sigue en pie, y a él se suman otras causas ciudadanas, otras ideas participativas, es porque en ese diálogo permanente se van generando poderosos insumos políticos, se van construyendo certezas comunes o se van confrontando diferencias. Pero sobre todo, porque en ese diálogo se va generando confianza, fe pública, capital social, ese misterioso pegamento que nos cuaja en un nosotros común.

Porque es únicamente desde ese sentido de lo colectivo que podemos perfeccionar el pacto social. Porque es en la articulación de los anhelos individuales o grupales en un corpus común, que se van abriendo los cursos de acción para hacerlos realidad.

Porque cada vez que canalizamos las preocupaciones / intereses / rabias / propuestas individuales en un cauce compartido, público, estamos haciendo lo improbable en Internet.

Porque cada vez que nos sumamos a una causa, y lo hacemos más allá del hashtag, trasladamos desde la pantalla hasta el territorio una voluntad. Y eso es lo que hace toda la diferencia, como diría el poema de Robert Frost.

Si lo probable es el grito indignado sin correlato, esta plataforma ha querido ser protesta con sentido; si lo probable es el hashtag pasivo, esta plataforma ha buscado ser acción transformadora; si lo probable es que cada uno se salve como pueda y cada sitio web sobreviva solo o compitiendo con otros, esta plataforma ha persistido en colaborar. Porque en cada columnista, en cada líder de acción, hemos aprendido a ser un poco “wiki”.

Y porque, si lo probable es descreer de “lo político”, y desde esa desconfianza, marginarse de la conversación, cada uno de los que acá escriben, proponen u opinan, está haciendo de su participación una prueba de fe en un proyecto común.

Y de esa fe obstinada, que en esta plataforma cumple cinco años, es que se nutren las naciones y su avance. Sea desde la plaza pública, desde la imprenta, desde la radio o desde internet.

TAGS: #RedesSociales Quinto Aniversario

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14 de abril

Faltan dos cosas.

La herramienta colectiva para establecer prioridades de preocupación y acción

(aquella que permite identificar al cuello de botella)
(debe ser pronta y efectiva, no pasar por procesos de “licitacciones” o demoras)
(identifica y actúa)
(no basta con lo que hagan las redes sociales, hay que mejorar las plataformas digitales, de forma de encaminarlas hacia el objetivo. El diseño vía mapas mentales ayuda a completar y escalar los sistemas y los expande cual redes neuronales; sus formas de implementación pueden pasar de estáticas, como dibujitos, a dinámicas. El diseño que requiere eso es de orden sistémico, o sistemático)
(..una aplicación: ¿el sistema requiere una encuesta?, ¿la puede crear o proponer el usuario?)

Lo otro es democracia.

Significa identificarla como prioridad, como cuello de botella. Tiene que ir de la mano de una buena herramienta digital. Luego, ese diseño e implementación es el cuello de botella limitante, nuestra prioridad.

Si hacemos muchos cambios, nota: los estamos haciendo dentro del marco de corrupción existente …

Píi, Pi, Píi , Pi, PíiiiiiP …

¿ Notas un problema de integridad ?.

Buscamos cosas, pero, las estamos obteniendo fuera de un marco constitucioal democrático, o que al menos asegure la democracia. Eso significa, el salón digital de las ideas de los ciudadanos de la nación.

Nuestras ideas buscan cuellos de botellas para establecer políticas que de deben ser tácticas de una estrategia nacional…

Te digo, no podemos influir nada en el marco de acción estratégica de la nación…

Como redes sociales, somos un corchito… No nos pescan ni pa fritura de reineta… No tomamos las decisiones. No colaboramos en ello. No existe el salón de las ideas nacionales para establecer accionar detrás de un proyecto país que se pueda expresar como una idea…

la máquina define la calidad del resultado de nuestra democracia, de los detalles en las terminaciones de un mueble, en el acabado de plásticos, …

el serrucho de corte, formón y martillo le pueden dar forma a la madera.

La plataforma digital le da forma a la democracia…

jkfjkfds

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