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Los militares más allá de los milicos

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Los esfuerzos de integración son vitales. Los conflictos pendientes con Bolivia y Perú deben ser resueltos con generosidad y la cuestión militar debe enfocarse de la única manera en que puede resolverse: con un enfoque de defensa continental, que opere con la misma lógica que hasta ahora se ha evitado la hecatombe mundial, esto es, el poder disuasivo. Así las cosas, la payasada nacionalista de los militares chilenos, no solo irrita, sino que preocupa.

La cuestión de los irritantes cánticos militares en la vía pública hizo que reapareciera la ya vieja dicotomía pinochetismo/democracia. Los que están en la primera parte del binomio ironizan con comentarios como “yaveo a las FF.AA trotando y cantando ‘Los pollitos dicen’ o ‘Caballito blanco’” (@DerechaTuitera).

Mientras tanto, los del otro campo, del cual soy parte, recuerda las recientes (y no tan recientes) barbaridades perpetradas por los milicos (@CacerolaChilena). Los dos bandos rozan lo central que hay detrás de esta polémica: la derecha nos recuerda que los militares son para ir a la guerra, y por lo tanto, hay que prepararlos para matar. La izquierda nos advierte sobre lo peligrosos que son (y han sido) los militares en Chile para los propios chilenos. En otras palabras, cada uno -desde su trinchera- apunta a lo mismo: la función de las Fuerzas Armadas, esto es, defendernos de las posibles amenazas externas.

Como somos los ciudadanos-contribuyentes los que financiamos y mantenemos esta maquinaria de guerra, es natural que nos hagamos un par de preguntas. Primero, ¿necesitamos militares? Mi respuesta es que, por ahora, son necesarios. Voy a apelar a un mínimo de pragmatismo para no tener que fundamentar esta respuesta. Lo segundo, ¿la institución está preparada para cumplir su función? Aquí es donde el problema del entrenamiento militar resulta clave. Sin embargo, no me interesa meterme en una disputa técnica acerca de si ejercitarse cantando canciones xenófobas eso no adecuado para ello. Mi punto acá es otro. ¿Qué configuración geopolítica tiene en mente el alto mando militar para tener a argentinos, bolivianos y peruanos como amenazas plausibles? Y me refiero a los jefes, porque en la institución jerárquica por excelencia, es impensable que los generales desconozcan lo que hacen sus subalternos.

Pareciera que para el alto mando no hay fuerzas centrífugas que están cambiando el carácter del Estado nacional, EE.UU sigue imperando sin contrapeso y no hay potencias emergentes pujando por reordenar el mapa mundial. Pero lo cierto es que estamos en medio de un cambio telúrico del orden mundial y Sudamérica, con el telón de fondo del poderío económico de Brasil, se está convirtiendo poco a poco en un actor. La autonomía e integración regional avanza. Lento, pero avanza. El contraste entre la efectiva reacción de Unasur ante el intento de golpe en Bolivia (2008) y la penosa actuación de la OEA ante el derrocamiento de Zelaya en Honduras (2009) es una muestra. Igual que la potente imagen de Piñera entregándole la presidencia  pro-tempore de la CELAC ni más ni menos que a Raúl Castro.

Mi impresión es que, en una desidia inexplicable, el alto mando sigue pensando en la famosa Hipótesis Vecinal Tres (HV3), esto es, una hipotética guerra contra Argentina, Perú y Bolivia a la vez. Pero la guerra de hoy no es así. O es guerra civil (Balcanes, Siria) o es una invasión asimétrica (Irak en Kuwait, EE.UU en Afganistán). Los Estados con fuerzas militares similares -como es el caso de los sudamericanos, salvo por Bolivia, y su nulo poder de fuego, y Colombia con su hipertrofia derivada del conflicto armado interno- simplemente no van a la guerra, por la misma razón por la que la guerra fría no se convirtió en guerra atómica: el poder disuasivo del contraataque

Ahora, ¿cuáles son las amenazas que enfrentamos en este caótico escenario? Basta pensar en la invasión estadounidense a Irak, y la centralidad del petróleo. O proyectemos la cuestión del cambio climático y una eventual escasez de agua dulce. Aunque parezca de ciencia ficción (aunque no tanto como HV3) ¿No fue la transnacional BarrickGold la que propuso estrenar en Chile su tecnología para trasladar glaciares en el caso Pascua Lama?

En este escenario, los esfuerzos de integración son vitales. Los conflictos pendientes con Bolivia y Perú deben ser resueltos con generosidad y la cuestión militar debe enfocarse de la única manera en que puede resolverse: con un enfoque de defensa continental, que opere con la misma lógica que hasta ahora se ha evitado la hecatombe mundial, esto es, el poder disuasivo. Así las cosas, la payasada nacionalista de los militares chilenos, no solo irrita, sino que preocupa.

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Comentarios

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10 de febrero

Puede que el ejercicio intelectual que hace el comentarista sea parcialmente justo pero derivar a ello desde los cánticos militares de un grupo de grumetes en formación que tontamente (o ingenuamente) los repitieron en plena Avenida Perú me parece, por decir lo menos, un tanto naive para alguien que se las da de cientista militar.

10 de febrero

Me gustó el artículo y que viva la integración y muerte a la desintegración!

Jonathan

11 de febrero

Interesante, pero creo que te la rivalidad con nuestros vecinos no es ciencia ficción.

juan Meza-Lopehandia

25 de febrero

brillante e ilumnador analisis, Gracias, estamos enl la misma barricada: A ,dejarse de payasadas y ponerse a integrar: conocimiento reciproco de las gentes y diplomacia trasnparente. Todo lo demas son perdidas de recursos? cuánto nos cuestan hoy las fuerzas armas como porcentaje del producto nacional bruto,¡?? compárece con el gasto en Innovación y desarroollo. Cuanto se gasta en becas para que los estudiantes bolivianos vengan a perfeccionarse en chile.?

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