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La agonía de la Concertación: Un problema ideológico

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Uno de los análisis más claros que he leído respecto a las ultimas encuestas viene, justamente de la trinchera de enfrente, desde las letras de Gonzalo Arenas, Diputado UDI, en el articulo La Agonía de la Concertación, publicado en el Mostrador.

En este artículo el foco de atención se encuentra en los grandes números, siempre pensando en la repartición futura del poder, económico y político, del Estado. Es por ello que este análisis se centra en explicar y consolidar la derrota de la concertación como un hecho cristalizado en los números.  Así, despejando la paja del trigo, y sacando la propaganda, indica, “La actual crisis de la Concertación se basa en una izquierda que no se siente cómoda en ella y en un centro que mira con buenos ojos a las actuales fuerzas de gobierno.”, sin esconder, además, las pretensiones de que: “una vez completada la renovación real de la dirigencia DC, podrán llegar a acuerdos importantes con los representantes del centro político chileno”.

Desde estas dos frases, Arenas  lee desde los números una situación que sabemos que ocurre hace un tiempo, pero que no queremos ver. La mirada de una parte de la Concertación no se diferencia de la de la Alianza, y la otra, la de izquierda, no se encuentra representada en el conglomerado. 

Estos elementos no son novedosos. Desde los muestreos mínimos de las conversaciones familiares hasta la aparición de los díscolos, la militancia concertacionista sabía que el tema de fondo es ideológico, aunque ya hace rato que asusta profundamente esta palabra.

Es ideológico, o si se quiere, eminentemente político,  porque tiene que ver con la mirada acerca del mundo, una ética, un sentir, una forma de hacer las cosas, que por todos medios se ha tratado de desviar, de no definir, de homogenizar, durante nuestra historia reciente.

Durante veinte años se ha hablado de un arcoiris en el que cabían todos, que era tolerante y diverso. Sin embargo se transformó en una diversidad homogenizante, que cada día se indiferenció más de la mirada del adversario, hasta que dio lo mismo quien gobernara. Aunque el slogan de campaña dijera lo contrario.

Sobre los presidenciables y el gobierno, ya se ha dicho algo y, en realidad, importa poco. Los números dan para todo, y honestamente Piñera ha profundizado, sin límites por cierto, conductas y políticas instaladas por la Concertación, con lo cual se fortalece la idea de que acá hay un problema ideológico.

En la Encuesta CEP, al preguntar por las causas de la pobreza nos encontramos con que, si bien la mayor parte de las personas habla de la educación (54%), las siguientes menciones en relevancia son: la flojera y falta de iniciativa (49%)  y los vicios y el alcoholismo (30%). Cuando se pregunta por las causas de que haya personas que tienen éxito económico, se repite  la tendencia: nivel de educación alcanzado (46%), y todas las demás menciones se enfocan en características individuales como: iniciativa personal (46%), trabajo responsable (36%), etc.

Lo terrible es que la gran mayoría de los que contestan las encuesta, según muestreo, son precisamente pobres, con lo que queda de manifiesto un prejuicio que rompe con la realidad inmediata, puesto que seguramente casi  nadie que contesta esta encuesta piensa de si mismo la flojera o falta de iniciativa; probablemente tampoco lo piensa mucho de su familia, tal vez la del vecino, o ese de mas allá que no tiene cara. 

Existe en ellos la ilusión de que la iniciativa y un trabajo responsable pudiese transformarlos en personas exitosas, como si se pudiese trabajar más de las diez horas, que son las mínimas que las personas pasan entre sus trabajos y el transporte hacia ellos. O bien, como si hubiese un “trabajo”, como fuerza de trabajo, que pagara cientos, o miles, de millones al día.

Así, la misma encuesta, indica que la mayoría cree que: “debería premiarse el esfuerzo individual aunque se produzcan importantes diferencias de ingresos”, o que la principal responsabilidad por el sustento económico de las personas está en las personas mismas”, en oposición al Estado. Preguntas tendenciosas, mal construidas, pero que indican una valoración simbólica. 

Todos estos elementos son los verdaderos triunfos de la derecha, son los que permiten que hoy gobiernen, y probablemente mañana también, porque responden a su mirada del mundo.  La derecha ha sido capaz de instalar en la población común su marco valorativo de las cosas, su mirada acerca del mundo, les ha traspasado sus ilusiones, y a veces abiertamente sus engaños.

Esto no es mérito solo de la derecha. Es un proceso que se ha dado a largo plazo, y del que el triunfo de Piñera es solo una manifestación. Este proceso se dio en los gobiernos de la Concertación -también en el gobierno de Bachelet- porque no han creído en una mirada más trasformadora que lo que lo pragmático permite, que siempre es poquito y “en la medida de lo posible”.

La Concertación no da cuenta de que tiene una mirada híbrida que no se diferencia de la de su adversario. No tiene una mirada de mundo, porque no cree más que en el mundo que le tocó vivir. Mira con desconfianza a los morochos del barrio como Venezuela, Ecuador, Uruguay, Bolivia, y el demoníaco Cuba. Su sino es la desesperanza, y el haber abandonado la transformación social por cómodos sillones que  pensaron que nunca dejarían (aunque muchos de ellos no los dejaron: mire a Cortázar en el directorio de Canal 13, mire a Ravinet).

El diputado Arenas tiene razón: la crisis de la Concertación se basa en que la gente de izquierda quiere un conglomerado político que actúe en consecuencia,  que defienda a los trabajadores, aunque no convenga (nunca conviene), que quiera transformar el modelo aunque genere inestabilidad (siempre se genera), que cuide el planeta y el patrimonio aunque sea malo para los negocios (siempre también lo es). Que tenga una mirada propia y diferenciada de la derecha; una mirada de izquierda.

El diputado Arenas tiene razón: hay un centro político que mira con buenos ojos a las actuales fuerzas de gobierno, porque entiende que hacen lo mismo que los otros y piensan que lo pueden hacer mejor. Más que mal, se les ha enseñado hace más de treinta años, a mirarse el ombligo y a rascarse con sus uñas. 

Publicado también en http://lenin-zert.blogspot.com/

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gabmarin

11 de Enero

Siempre que leo este tipo de análisis, llego a la misma conclusión: muy acertada foto del presente que al proyectarla sobre el pasado deforma la imagen de la realidad. La evaluación de los 20 años de gobierno concertacionista y la mirada crítica sobre su obra tiene que tomar como pie un simple ejercicio: comparar la situación en 1990 con la de 2010. ¿Cómo estábamos en salud, educación, derechos civiles, infraestructura? ¿Cuántos chilenos vivían en la pobreza en 1990 y cuántos en 2010? ¿Que tipo de “cosas” tenía un ciudadano garantizadas en 1990 y cuáles al terminar el gobierno de Bachelet?

Concuerdo que el futuro de la Concertación es complejo. Las tensiones que mencionas -citando al diputado- son ciertas. No me atrevo a decir si ya murió o no. Pero sugerir que en 20 años sólo administro el modelo, es caer un simplificación analítica que no considera la trayectoria de las políticas públicas que la Concertación impulsó.

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