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Estado social de derechos: cambio urgente y necesario

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Se nos dice, por distintos medios, que la Nueva Constitución no resuelve todo. Estamos de acuerdo, aclarando que nadie con cierto grado de sensatez ha dicho eso. También se ha señalado, por otro lado, que Chile no está preparado para tener un Estado de Bienestar, que, para eso, la economía necesita crecer. Sabemos que el crecimiento económico, por sí solo, no resuelve los problemas de la desigualdad, ni siquiera los del abuso que hemos conocido, porque se retroalimentan entre ellos. Es decir, no hay desigualdad sin abusos y viceversa.

Pero precisemos. De partida, los Estados de Bienestar no son producto del crecimiento económico, son producto de la carencia, de la miseria y del miedo. Empezaron a gestarse en Europa Occidental a consecuencia de la Primera Guerra Mundial, luego ganaron terreno a consecuencia de las atrocidades y el pillaje que prosiguieron con la segunda y, por el miedo de los poderosos a perderlo todo, debido a  la influencia de la Revolución Rusa, quienes pese a su voluntad, empezaron a ceder privilegios en las sociedades europeas. !!! Es política, estúpido!!!

Así, en el marco del juego de la política democrática en esos países, se fueron construyendo instituciones de resguardo de las conquistas sociales que, pese a que han sido abolladas por el neoliberalismo, han  perdurado  hasta nuestros días. Es más, con la pandemia y la crisis económica que ha generado, se han fortalecido.


Para comenzar a superar las crisis de Chile, el tema que corresponde plantearse es distribuir poder en el orden económico, social y político, poniendo en el centro la defensa irrestricta de los derechos humanos como derecho universal irrenunciable.

El crecimiento económico y el peso específico que esos países han logrado alcanzar en el contexto mundial, ha sido porque comprendieron que el crecimiento económico no puede alcanzarse a costa de la depredación y finalmente desintegración de la sociedad, más conocido como darwinismo social.

En el caso de nuestro país, ya sea por ceguera o hipocresía, o ambas cosas  a la vez,  la negación de la realidad  solo contribuye a mayor desarraigo social. Lo que no es posible seguir eludiendo, sin embargo, es que el país está enfermo y nos encontramos en avanzados niveles de descomposición. Y también sabemos que los países no sobreviven a tanta disociación en su seno.

Por ello que, en el contexto de la pandemia, crisis económica y descrédito de las instituciones tanto como del sistema político, son en lo esencial los elementos que han configurado un cuadro altamente complejo, canalizado parcialmente por la política Institucional. Pero de resultado incierto puesto que hasta el momento presente, cambios significativos en realidad no han habido. Ello, pese a que las demandas ciudadanas han sido claras y contundentes. Al contrario, la acción de Carabineros de Chile, una Institución ya deslegitimada por los casos de corrupción,  es parte de y agrava el problema. Y los sigue agravando bajo el manto protector cómplice del actual Gobierno.

El modelo neoliberal, que es ideología, cultura, valores y acción política, entró en modo  derrumbe a partir de la revuelta del 19 de octubre de 2019. Haya sido concebido así o no, lo que depende de interpretaciones (la mía es que sí puesto que está en la génesis de la dictadura militar) su maquinaria ideológica  también se constituye en el miedo como factor de sometimiento y aislamiento social, promoviendo acérrimamente el individualismo meritocrático.

En el caso de los muchos, es el miedo a la delincuencia, a la cesantía, a no enfermarse, a jubilarse,  a la vejez; al inicio de la democracia, miedo al cotidiano peligro de retroceso dictatorial y su terrorismo de Estado. En el caso de los pocos, es el miedo a los muchos, lo que se expresa en más bunkers, a aislarse cada vez en más y mejores  ghettos, cercar sus viviendas y mansiones  con sofisticados sistemas de vigilancia eléctrica, poniendo más perros y mejor armados guardias privados.

Este sistema de relaciones sociales, en términos concretos, solo puede acarrear  más violencia  y degradación de la vida en un sentido más global. ¿Se puede prolongar? Sí, se puede prolongar. Pero es inviable como sistema de convivencia y, su continuidad, destructiva. Ese es el punto.

Desde esta visión, se trata de evitar reemplazar un miedo por otro, un odio por otro, una dictadura por otra, un régimen opresivo por otro. La humanidad ha conseguido resolver estas feroces contradicciones desde la política y desde el ensanchamiento de los derechos democráticos. Y si bien sabemos que la política en nuestro país se volvió parte del problema, también sabemos que a pesar de su turbiedad y desprestigio, es el espacio para convertir estas crisis  en soluciones. Incluso bajo la conducción de nuevos liderazgos y distintos  actores.

La salida es política y, por ningún motivo militar o de mayores  medidas de fuerza, que solo tendrán el efecto de degradar aún más una convivencia que va cuesta abajo en la rodada. La salida es política, pero no cualquiera.

Para comenzar a superar las crisis de Chile, el tema que corresponde plantearse es  distribuir poder en el orden económico, social y político, poniendo en el centro la defensa irrestricta de los derechos humanos como derecho universal irrenunciable. Principio no negociable y no transable, lo que en este contexto significa que no podrá existir impunidad para las violaciones a los derechos humanos ocurridas bajo este Gobierno, que los responsables deben ser ejemplarmente castigados  y  las víctimas y sus familias, reparadas.

En lo demás, en este texto identificamos seis  ejes:

1.- Rol del Estado, como ente integrador que distribuya poder y riqueza. Ello porque  derechos políticos sin derechos sociales asociados que garanticen a todos los habitantes de la nación un piso básico para poder crecer y desarrollarse, no serán suficientes para construir una sociedad civilizada. La evidencia nos señala que el mercado por sí solo se pervierte como lo indican las colusiones empresariales, ahonda en las desigualdades, no agrega valor a los procesos productivos y por sobre todo no construye país. Y ese país, según como acá lo concebimos, que es plurinacional, que incluye por tanto a los pueblos originarios, que es multicultural, que respeta e incluye a todos los géneros y su diversidad, que se hace cargo de la inmigración  y por tanto que incluye a todos sus miembros, es capaz de articularse en base a  relaciones sociales y económicas decentes e integrando a sus miembros a los frutos del desarrollo, rol esencial de todo Estado democrático.

Ese es el rol distintivo del Estado, articular y distribuir poder y riqueza creada por la sociedad. Y ese rol no es transferible. Ello porque aun evidenciándose mejoras en algunos sectores de la economía derivadas de la aplicación intensiva de tecnología a los procesos, siendo este el caso el de la transformación digital y  automatización, la robótica y próximamente la inteligencia artificial, en el contexto neoliberal altamente desregulado, estos avances no escapan en lo esencial a su lógica, que consiste en reproducirse manteniendo salarios por debajo de su valor real y al empleo informal, pero a gran escala. Debido a otro potente elemento, que es la existencia de  relaciones laborales asimétricas, sin sindicatos o muchos sindicatos aislados los unos de los otros, la fuerza de trabajo se precariza, pierde poder adquisitivo  y muchas veces el mismo empleo.

Parte importante de un Estado democrático son sus instituciones y el rol que estas cumplen en su entorno social, para hacer cumplir las leyes, y garantizar, en el marco de dichos cuerpos legales,  el respeto a los derechos humanos y sociales. En Chile, empezando por las  policías a cuyos órganos la sociedad confía  sus armas para su cuidado, esa relación está rota. A esa ruptura también contribuyeron las colusiones empresariales y la impunidad  que le siguieron.

2.-Libertades versus derechos. La “libertad de elegir”, es  mentirosa y a la vez tramposa. Porque no todos tienen recursos para “elegir”; es profundamente individualista, puesto que genera condiciones para debilitar todo aquello asociativo y comunitario, y es lo que debilita la participación de los ciudadanos en los asuntos públicos. La Constitución pinochetista ha sido y es la gran trampa de Chile y es el andamiaje jurídico-político sobre el cual ha perdurado el darwinismo social, en otros lados hace décadas acotado y superado.

Para superar positivamente la limitación de la concepción neoliberal que antepone la “libertad de elegir” a todas las demás libertades, es decir, restringe la libertad a la capacidad individual a quien pueda comprar salud, educación, pensiones, entre otros, el país requiere avanzar decididamente hacia un modelo de sociedad basado en  derechos universales, sobre los que se sustente su convivencia.

3.1.-Derechos Políticos Individuales y Régimen Político. Dos dimensiones, una estatal, otra de control social de la Institucionalidad y de la política. La estatal, separación de poderes, fin del presidencialismo monárquico, plena igualdad de derechos para las mujeres. En lo demás, una democracia plena debe permitirle  a toda persona ejercerlos en total libertad, elegir y ser elegido en los sistemas de representación a cualquier nivel en el que existan, en un contexto de respeto a lo distinto, a las minorías, a la diversidad sexual y de género, a los pueblos originarios otorgándoles rango constitucional en el marco de un Estado plurinacional, y teniendo a la democracia y al pluralismo como el sustento que amalgama la convivencia de la sociedad. Sera necesario construir una nueva ética, que sea consustancial a las relaciones socio-económicas, que surjan de los procesos políticos en desarrollo, y sirva como lubricante al rol de las Instituciones sobre las que dichas relaciones toman lugar.

3.2.- Control social de la Política. Es necesario incorporar en la Nueva Constitución y en los cuerpos legales sobre los que se sostendrá, formas de democracia directa en la que la ciudadanía tenga la opción de participar del proceso político, en complemento a los procesos electorales que ocurren cada cuatro años en la mayoría de los niveles del Estado: Plebiscitos revocatorios, Ombudsman, educación cívica como fuerza de control, prensa libre y no servil al poder y a los poderosos, medios de comunicación públicos con financiamiento estatal, pero por sobre todo una sociedad civil no adormecida y vigilante, son todos factores que pueden ayudar a cimentar un sistema político democrático participativo y una sociedad vigilante. Ya no más cheques en blanco. Institucionalidad democrática madura, fin del caciquismo moderno y reaccionario “después de mí, el caos”.

4.-Derechos Universales. Avanzar hacia una sociedad construida sobre la base de Derechos Universales, también llamado Estado Social de Derecho o Estado de Bienestar sobre el que se fundan las libertades individuales. Este Estado, debe tener fuertes componentes redistributivos de la riqueza, de modo que vivir en democracia signifique dignidad y posibilidades de realización personal, mayores espacios de libertad en igualdad de derechos para todas y todos, sin tener que ser esclavos del endeudamiento u otras formas de sometimiento, llamadas cínicamente “oportunidades”.

Los derechos universales como acá los entendemos son de caracteres estructurales y cautelados por el Estado, lo que quiere decir que un derecho no anula otro y son amplios en el sentido que no dependen del nivel de ingreso de ningún ciudadano. Ejemplo de ello, puede llegar a ser la renta básica universal o pensión universal de vejez garantizada, que asegure un monto de dinero  individual- no por vivienda- con cargo a los impuestos y a la riqueza producida por la sociedad, y sin que ello deba significar que dicho monto anule  otras prestaciones sociales como la salud, educación, vivienda, etc. Si las anulara, estaríamos reemplazando  una forma de neoliberalismo por otra, cuando en realidad Chile requiere construirse sobre un sistema de protección social completo e inclusivo. Es un derecho universal, porque incluye a todas/todos/todes los integrantes de la sociedad.

5.-Economía pujante y solidaria, basada en  ciencia y tecnología como drivers de desarrollo. Al Estado le cabe un importante rol en los procesos productivos a que ha dado lugar la economía del conocimiento. En tal sentido, el Estado deberá asumir un rol de fomento productivo en sintonía con el medio ambiente, con fuerte acento en ciencia y tecnología, que le permita al país desarrollar nuevas capacidades de cara a los desafíos del siglo XXI y asegurarle a las nuevas generaciones los recursos necesarios para su sobrevivencia digna.

Asimismo, le corresponderá promover políticas y programas de fomento de cooperativismo productivo en alianza con organizaciones intermedias de la sociedad y las municipalidades y desarrollar otras formas intensivas en asociativismo y colaboración con las comunidades locales, como por ejemplo, cooperativas de vivienda, cooperativas de consumidores y otras similares que contribuyan a ponerle fin a la deshumanización que ha introducido el neoliberalismo en el alma de Chile.

6.- Integración latinoamericana. Somos un pueblo más del continente Latinoamericano y nos reconocemos en ese espacio territorial, histórico, cultural y en el destino que nos es común. Por ello, buscaremos alianzas, acuerdos y procesos parciales o totales en el marco de ese, nuestro espacio natural, para buscar y construir soluciones colaborativas a nuestros problemas comunes. Esto no significa cerrarnos a establecer alianzas con otros pueblos, pero sí significa  reconocernos en lo que en realidad siempre hemos sido, somos y seguiremos siendo, incluso a pesar de la voluntad y el deseo de algunos. Las crisis, la pandemia y las precariedades que nos ha mostrado, deben significar abrirnos a colaborar sin ideologismos baratos, arcaicos y sesgados, con otras naciones y pueblos de nuestra  región.

Para terminar, y a mayor abundamiento, la Nueva Constitución no resuelve el  complejo escenario en el que nos encontramos, (sistema político  deslegitimado; Instituciones del Estado afectadas por el descrédito de la corrupción;  narcotráfico desplegándose  en el territorio sin contrapesos y  pandemia  agudizando las carencias), pero lo coloca en un espacio que vamos a definir de “virtuoso” sobre el cual será posible construir el país futuro.

En ese espacio se encuentra la mayoría de la población, lo que significa que hay agua en la piscina como no había habido en mucho tiempo. Será por todo ello necesario construir fuerzas políticas mayoritarias, que se hagan cargo del momento presente que, en lo inmediato, significa:

a.- lograr mayoría de los convencionales para el cambio en primer lugar, considerando que las elecciones municipales y de gobernadores regionales, tienen otro derrotero, que inciden en el juego de la correlación entre fuerzas políticas pero, en esta opinión, en el proceso político nacional destaca la elección de convencionales. Que a la larga, pueden converger, es lo deseable. Con todo, el proceso electoral sugiere la necesidad de hacer pedagogía política a la luz del enorme número de candidatos involucrados en cada nivel, pedagogía que nuestro sistema político no tiene incorporado como parte de su que-hacer, es más a veces, como ocurrió con las recientes primarias, apenas  lo informa. Que hacerlo significa más recursos, por supuesto, la democracia y la convivencia no son otros bien de consumo;

b.- la elección presidencial y parlamentaria de fin de este año, además de requerir amplios acuerdos programáticos para ganarlas, se define en relación a las necesidades de la sociedad y del país, antes que a intereses parciales o sectoriales por legítimos que sean en realidad o que así se consideren;

c.será necesario aunar esfuerzos entre las fuerzas políticas de cambio, como base para  comenzar a dar respuesta a las demandas ciudadanas.Y que implicará, entre muchas otras materias, modificar los cuerpos legales y jurídicos actuales, para reemplazarlos por aquellos nuevos que estructuren la vida de la sociedad chilena que empezó a nacer en octubre de 2019.

 

TAGS: #Democracia #NuevaConstitución #RolDelEstado Derechos y Deberes

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