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Amarillos Iluminados

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Es una técnica muy utilizada. Tomar un término despectivo, apoderarse de él y darle una connotación positiva. Eso es lo que el grupo “Amarillos por Chile” está intentando hacer. Quieren reivindicar el amarillismo sin complejos y resaltar sus supuestas virtudes. Pero el resultado es decepcionante. Veamos.

Primero, no es fácil leer la “Carta a las bases amarillas del país”. Ojalá esa dificultad se debiera a lo profundo y complejo del análisis. A lo novedoso del argumento. A lo urgente del mensaje. Pero no. Lamentablemente es una lectura difícil por la cantidad de lugares comunes, reduccionismos y simplismos que hay. Son tantos que a ratos da vergüenza ajena seguir. Lo cierto es que si el autor hubiera sido otra persona, esta carta pasaría sin pena ni gloria. La recomendación sería, “no pierda su tiempo leyendo esto, hay cosas más interesantes que hacer. Por ejemplo, sacar a pasear a su perro”. Pero no podemos hacer eso porque esta carta ha sido escrita y apoyada por una cantidad de personeros públicos y aspirantes a intelectuales. Gente, con tribuna. Por eso no la podemos ignorar.


Pareciera que hablan de un mundo donde la gente es más o menos igual. Un mundo en que las urgencias no existen. En que el abuso, la explotación y la subyugación no están presentes. Hablan de una comunidad que no ha sido sometida a décadas de violencia y dominación

Lo preocupante es notar que aquellos que dicen que la sociedad debe nivelar hacia arriba son precisamente los que, con la calidad de sus argumentos, terminan nivelando el debate hacia abajo. Una posibilidad es que no se dan cuenta cómo nivelan hacia abajo. Otra posibilidad es que lo saben y les conviene que así sea. Cualquiera sea el caso, el resto de los chilenos bajamos a su nivel porque, en virtud a la tribuna que tienen, no los podemos ignorar. Bajemos entonces.

El primer error que cometen es dar por hecho que el punto medio, la equidistancia entre extremos es, por defecto, la posición ideal. Un ejemplo que he usado anteriormente es el siguiente: usted pone su vehículo a la venta. Pide tres millones por él, un precio que le parece justo porque está acorde al valor que el mercado le asigna. Es decir, no está cobrando de más y tampoco lo está regalando. Ahora supongamos que llega un potencial comprador y este le ofrece doscientos mil pesos por él. ¿Qué le parece? A pesar del insistente rechazo a esa risible oferta, el potencial comprador insiste hasta que llegan terceros para intermediar, poner orden, cordura y racionalidad. Piensen ahora en los “Amarillos por Chile”. Como solución y forma de llegar a un acuerdo, estos amarillos proponen lo que parece ser una solución sensata. La sensatez, dicen, es cosa de ellos. Por eso conviene escucharlos. Pues bien, proponen que lleguemos a un compromiso y que el auto lo vendamos en un millón setecientos mil. Este es el mejor precio porque es el punto medio entre ambos, el centro, el equilibrio y además exige un esfuerzo y compromiso iguales a ambas partes. Los extremos, nos dicen los amarillos, nunca son buenos. Pero estos amarillos, estos centristas que hablan de compromiso y equidad más parecen aliados del comprador que nos quería estafar. Tenemos la sensación que tanto el comprador como los amarillos nos quieren robar. Y esta es una sospecha totalmente justificada.

La lección aquí es que ceder, transar y acercar posiciones al otro no es siempre, necesariamente una virtud. Lo que importa es el contexto. A veces lo único racional es alejarse de la posición del otro. Si el caso es urgente y amerita acciones «extremas» o «radicales», pues que así sea. De lo contrario, no. Lo que corresponde, entonces, es evaluar bien la situación antes de optar por la moderación. Defender acuerdos a todo evento no es la marca de una posición racional. Al contrario, es irracional. Por eso no tomar en cuenta el contexto material en la cual se encuentran insertos los sujetos que están dialogando es la marca de una análisis desacoplado de la realidad. Y los “Amarillos por Chile” están desacoplados de la realidad chilena. Esto es llamativo porque una de las críticas más simplistas que se nos suele hacer a la izquierda es que somos utópicos. Claro, en abstracto es difícil encontrar alguien que se oponga a la eliminación de la pobreza, a la salud, educación y vivienda gratuita, al término de la explotación, los abusos y todas las discriminaciones. Claro, dicen, todo eso es muy bonito. Pero soñar es gratis y ese mundo de Bilz y Pap es fantasía pura. La dura realidad, la naturaleza del ser humano (bastante cuestionable apelar a la “naturaleza” humana, pero lo podemos dejar pasar por ahora) indican que nada de eso se puede hacer. La realidad llama y cuando llama, pobre de aquel que la desoye. Pero si lo pensamos bien, los “Amarillos por Chile” sí que han perdido toda conexión con la realidad, sí que les falta “calle”. Pareciera que hablan de un mundo donde la gente es más o menos igual. Un mundo en que las urgencias no existen. En que el abuso, la explotación y la subyugación no están presentes. Hablan de una comunidad que no ha sido sometida a décadas de violencia y dominación. Al parecer se dirigen a un país donde nunca se intentó exterminar grupos enteros de personas. En definitiva, hablan de un mundo donde las personas se pueden sentar en una mesa en igualdad de condiciones. Donde somos iguales en poder y podemos conversar para llegar a acuerdos que beneficien a todos. Un mundo donde las partes que llegan a conversar comparten vivencias y realidades mínimas. ¿Qué país es ese del que hablan? Es cierto que hay países donde, más o menos, esas condiciones se dan, pero Chile no es.

Para ser claro, no estoy argumentando contra el diálogo ni los acuerdos. Para nada. El diálogo, la conversación y los acuerdos son aspectos esenciales de cualquier sociedad que busca promover el bien común. Esa es la forma ideal en que se resuelven las diferencias. El diálogo abre posibilidades, permite expandir horizontes y hace posible que los seres humanos nos desarrollemos en plenitud. En última instancia, la educación es lo que va a permitir que la justicia prevalezca.

Lo que sí estoy diciendo es que antes de apresurarse con los llamados a la moderación, es intelectualmente honesto tomar en cuenta la historia y el contexto. Por eso es tan llamativo (bueno, son muchas las cosas llamativas en esa carta, pero permítanme la licencia) que ellos hablen de prepotencia y de iluminados. ¿Prepotente el que se levanta con fuerza y convicción apenas puede para enfrentar a su opresor? ¿Iluminado el que propone soluciones desde su realidad? Si yo nunca he sufrido ciertos abusos en persona y llega alguien que no conozco, un tercero con vivencias tan ajenas a las mías que su vida me parece un enigma; si esa persona llega y me dice qué debo hacer para terminar con las injusticias que ella ha sufrido, pues claro -yo puedo imaginar que eso se podría interpretar como prepotencia o aires de grandeza -iluminación dicen los “Amarillos por Chile”. Pero en realidad es una oportunidad para aprender, para conocer y ampliar los propios horizontes. Debiese ser un momento de humildad, un reconocimiento a nuestra limitada experiencia en el mundo. Amarillos de Chile. Díganme, ¿quién es realmente el iluminado que no necesita aprender de los otros?

Entre tantos desaciertos, hay algunos (como el que acabamos de ver arriba) que se pueden deber a carencias intelectuales, emocionales o psicológicas. No lo sé, no soy psicólogo. Pero hay otros desaciertos que son intencionalmente maliciosos. Por ejemplo, el reclamo majadero de que hay personas que quieren partir desde cero y refundar Chile. Nadie, nunca, parte desde cero y ellos, como los intelectuales y gente rigurosa que dicen ser, saben eso. Lo saben. Pero prefieren levantar hombres de paja. Lo cierto es que los únicos que podrían partir cualquier cosa desde cero son unos supuestos alienígenas (¿esos que mencionó la Cecilia Morel una vez?) que al perecer llegaron un día para refundar la sociedad humana sin tener idea de nuestra historia, sin haber vivido un solo día bajo nuestras condiciones. Pero dudo que estos amarillos crean que los alienígenas están aquí, viviendo entre nosotros. Y por eso no tengo idea de qué están hablando estos amarillos cuando dicen que algunos quieren partir de cero. Salvo esos alienígenas, nadie parte de cero. Es más, si algunos quieren destruir es precisamente porque de cero no están partiendo. Esto es básico. Yo entiendo que suele ser mala educación mandar a la gente a leer. Pero en este caso no me incomoda en lo más mínimo mandar a Warnken a que lea Hegel. Cristián, no te imaginas lo bien que te hará.

Me costó elegir un último punto para comentar. La carta es larga y está llena de deficiencias. Pero me quedo con uno de los aspectos más cuestionables. Cuando los Amarillos por Chile dicen que las grandes tragedias han ocurrido porque los amarillos han sido acallados, me acuerdo de Martin Luther King. Estoy dispuesto a apostar que los Amarillos por Chile admiran a MLK. Algunos, incluso, estarían dispuestos a elevarlo como ejemplo de moderación, diálogo y ponderación. Alguien que haríamos bien en emular. Pero si quisieran hacer eso, les convendría pensarlo dos veces porque MLK no era amigo de los amarillos. Durante el movimiento por los derechos civiles en EE.UU, los llamados “moderados” o “centristas” (amarillos para nuestro contexto) muchas veces fueron obstáculos para avanzar. Rara vez fueron un aporte. Pero no me crean a mí. Fue el mismo MLK el que entendió muy bien este punto y lo dejó clarísimo. En su famosa “Carta desde la cárcel de Birmingham”, arremete contra los que él llama los “blancos moderados”. Estos blancos moderados eran personas “blancas” que apoyaban la causa de la comunidad afroamericana. Eran aliados y como todo aliado, había una expectativa de que fueran un aporte más que un obstáculo para avanzar hacia la justicia racial. Sin embargo, esto no fue así. En su carta, MLK los fustiga por su incrementalismo y moderación. Dice lo siguiente (esto es para ustedes Amarillos por Chile):

“Debo confesar que en los últimos años me he decepcionado mucho con el ‘moderado blanco’. Casi he llegado a la lamentable conclusión de que el gran obstáculo del negro en su paso hacia la libertad no es el Consejero del Ciudadano Blanco o el Ku Klux Klan, sino el moderado blanco, más devoto del ‘orden’ que de la justicia; ese que prefiere una paz negativa –que es la ausencia de tensión– a una paz positiva, que es la presencia de la justicia”.

Y por si eso fuera poco, dice más:

“Tenía la esperanza de que el blanco moderado viera esta necesidad. Quizás fui demasiado optimista; quizás esperaba demasiado. Supongo que debería haberme dado cuenta de que pocos miembros de la raza opresora pueden entender las profundas quejas y los anhelos apasionados de la raza oprimida, y aún menos tienen la visión de ver que la injusticia debe ser erradicada por una acción fuerte, persistente y decidida”.

Si reemplazamos los conceptos raciales en esa carta por conceptos sociales de clase y los aplicamos al Chile de hoy, nos quedaría una carta sumamente reveladora y pertinente. Un rechazo al amarillismo. Un rechazo a la moderación. Los Amarillos por Chile, como dice MLK, son más devotos del orden que de la justicia. Nuestros amarillos, como esos blancos moderados, prefieren la paz negativa a la positiva. Y desde sus privilegios, fustigan al resto, nos avisan de los males que están por venir y abogan por más inclusión y cooperación cuando Chile ha sido desde siempre uno de los países menos inclusivos del mundo. Hay que tener un poco de pudor antes de ponerse a exigir conductas.

En última instancia, lo cierto es que el diálogo ya está presente en la Convención. No necesitamos que los Amarillos por Chile defiendan el diálogo y se levanten como defensores de la racionalidad. Lo que pasa es que el diálogo que está ocurriendo hoy es un diálogo al que no estamos acostumbrados, donde los que históricamente han tenido el poder están obligados a escuchar, a tener que perder y a lidiar con la realidad de que sus ideas no son buenas para la mayoría de Chile. Eso es lo que le molesta a los amarillos. Que sus ideas están siendo derrotadas en el terreno de las ideas.

TAGS: #CambiosSociales #ChileActual #NuevaConstitución Amarillos

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