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Por qué los jóvenes debiéramos odiar Chilevisión

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Chilevisión sigue anclada a repugnantes doctrinas comunicacionales, que para el caso que nos convoca, tuvieron origen hace casi treinta años (curioso: la edad de un adulto joven), cuales fueron creadas para socavar la incipiente rebeldía frente a la dictadura militar, esta vez, en democracia. Hoy día, sin embargo, no pretenden ponernos en contra del resto de la sociedad; les basta con que nos mutilemos entre nosotros mismos, los jóvenes.

Que el morbo vende, no es novedad; que el sistema necesita de nuestro mismo morbo para explotarnos, puede que un poco; pero que ese morbo sistémico está lleno de símbolos que nos golpean a diario, sin darnos cuenta la mayor de las veces, es, por lo mismo, de lo más interesante (y una novedad). Y es que en el lenguaje, lo que se dice bajo las penumbras, o lo que derechamente no se dice, muchas veces es más importante que lo que se dice. La invisibilidad del poder (y la administración de un cierto tipo de lenguaje al que forzarnos es un tipo de poder) es lo que lo define como tal. De ahí que los símbolos, en cierta manera, constituyen una expresión de poderío: podrán tener, para los destinatarios, más de un significado, incluso personal, pero siempre estará presente, perenne y en la oscuridad, aquel del que le dio la vida.

En el caso de los medios de comunicación, qué duda cabe. “Medios” o instrumentos para un telos, un fin: puestos a disposición de las clases dominantes para comunicar cierto tipo de mensajes, pero de forma ambigua, de modo que signifique una y otra cosa a la vez. El trabajo está, entonces, en descifrar cuál es ese mensaje que los medios quieren comunicar, que es distinto al que nosotros interpretamos.

Chilevisión se ha caracterizado por establecer una forma de trabajo muchas veces reñida con la propia ética periodística y sancionada por las autoridades respectivas por omisión o por acción directa. Pero lo que ahora nos interesa es saber cómo este canal se comporta frente a cierto público objetivo: los jóvenes.

Fiel a su telos, Chilevisión pretende satirizar la imagen de la juventud, reprochándoles falta de inteligencia, madurez, y exacerbada ambición. ¿No es esta, acaso, la imagen que Chilevisión pretendió construir de la juventud durante los 90’ gracias a Extra jJóvenes, soporífero para la juventud que salía de las marchas en contra de la dictadura y sus amarres institucionales y que aterrizaba en los primeros años de transición democrática? ¿No fue esa misma imagen que pretendió reconstruir, esta vez en 2007, con Yingo, un año después de la “revolución pingüina”?

Pero las escaramuzas de Chilevisión no se detienen ahí. Destruir a la juventud con falsos símbolos, esta vez posicionándolos a ellos mismos como los destructores, fue su caballito de batalla del 2011.

Pareciera que Chilevisión entiende a la perfección que la fuerza de la juventud es fundamental tanto para el mantenimiento del actual sistema de sociedad como para su destrucción. Llegó atrasada las tres veces anteriores, pero ahora pretende torcer la cronología adversa. Atenta a que la incertidumbre del voto joven ahora más que nunca puede bajar a unos y subir a otros, lanza su último y artero misil comunicacional: ¿qué mejor que descubrir sus errores “pasionales” de juventud y hacer que estos mismos chiquillos se peleen entre ellos? Simpático y entretenido a primera vista ¿no?

Ese es el sentido de la “última adquisición” de Chilevisión, “Manos al fuego. Ni muy cerca de las vitales elecciones de este domingo 17 de noviembre pero tampoco muy lejos. La fecha “de lanzamiento” entonces fue la acertada: 25 de septiembre.

Ayer vi el programa y me quedó más que claro lo que he dicho. Chilevisión sigue anclada a repugnantes doctrinas comunicacionales, que para el caso que nos convoca, tuvieron origen hace casi treinta años (curioso: la edad de un adulto joven), cuales fueron creadas para socavar la incipiente rebeldía frente a la dictadura militar, esta vez, en democracia. Hoy día, sin embargo, no pretenden ponernos en contra del resto de la sociedad; les basta con que nos mutilemos entre nosotros mismos, los jóvenes.

Es por estas razones que nunca más sintonizaré Chilevisión.

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Camila Ignacia Araya Guzmán

05 de marzo

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