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La TV amenazada, una oportunidad creativa

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El destacado periodista y académico italiano Renato Parascandolo señala en su libro “La Televisión más allá de la Televisión” que internet está a la televisión como un avión está a un automóvil, agregando, sin embargo, que el uno no ha sustituido al otro y que la televisión generalística continúa siendo el instrumento de mayor influencia de masas que jamás haya existido dado que es el medio que más incide en formar ideas, conceptos, sentimientos y hasta estilos de vida.

Sin embargo , no hay duda que dictadura de la imagen que por más de 70 años ha ejercido la televisión, se encuentra hoy amenazada por las múltiples plataformas, especialmente las móviles conectadas a internet, las redes sociales, que no solo permiten comunicar sino además que las personas suban sus propias creaciones y construyan su propia programación a piacere.

Ello tiene, también, un daño financiero para la industria televisiva en Chile como en el mundo ya que una parte del pozo publicitario que hasta ayer hegemonizó la TV hoy se distribuye en diversos medios digitales que tienen además un costo de gestión muy menor al de la TV.

La televisión es por sí un medio efímero pero, a la vez extensivo que permite a millones de personas asistir a un evento a miles de kilómetros en tiempo real, con una difusión ilimitada y una tempestividad, sobre todo en la información, que no tiene parangón y con ello contribuye a elevar el nivel cultural de la población y a formar la subjetividad especialmente de los sectores emergentes.

Por el contrario, dice Parascandolo, internet es un medio intensivo, que posee la cualidad única de la interactividad, una Enciclopedia universal moderna, una memoria que se adiciona a la de los seres humanos, una plataforma que permite dialogar con los demás sin fronteras ni tiempo y que restituye identidades de quienes habían sido reducidos a una simple audiencia o consumidores.

Obviamente, cada medio se distingue del otro por el lenguaje, por el público al cual se dirige, por la tecnología que utiliza, pero también por los tiempos que les son característicos. Internet, con la aceleración del ritmo del tiempo, ha suplantado al correo tradicional y ha permitido reprender el diálogo veloz e incluso el más reflexivo , agregando sonidos e imágenes, y, con ello, superar a la comunicación unidireccional, prácticamente sin réplica, abriendo un espacio público para la política, el arte y la cultura, creando derechos de ciudadanía a personas e instituciones que hasta ayer no tenía cómo expresar sus opiniones, y a través de las redes se construyen verdaderas sociedades virtuales con las cuales debe competir la programación televisiva. Surge una nueva opinión pública que puede efectivamente divulgar por la red sus opiniones, participar del debate, congregarse, contestar a los poderes e incluso instalar agendas propias en el ámbito político y cultural.


Internet puede permitir instalar una sociedad más transparente, disminuyendo el riesgo de las verdades absolutas, de que solo lo visible en pantalla existe, multiplicando el número de las voces en las comunicaciones, controlando los órganos de poder y denunciando anomalías y abusos.

Internet puede permitir instalar una sociedad más transparente, disminuyendo el riesgo de las verdades absolutas, de que solo lo visible en pantalla existe, multiplicando el número de las voces en las comunicaciones, controlando los órganos de poder y denunciando anomalías y abusos. Su vínculo intrínseco con la globalización, con el estrechamiento del tiempo y del espacio, le permite inferir sin confines y revolucionar no solo la historia de los medios sino todos los aspectos de la vida humana.

La televisión debe asumir una nueva realidad: ya no está sola. El paso de la comunicación electrónica a la digital, entre ella de la propia televisión análoga a la televisión digital, la obliga a convivir con otros medios de poderoso alcance y más sofisticados tecnológicamente. La obliga a pasar de la monomedialidad y a pensarse a sí misma como parte de una multimedialidad. Debe superarse a sí misma integrándose con los nuevos medios siendo capaz de producir contenidos ya no solo para su pantalla sino para los multi medios, plenamente consciente, que hay concurrencia y mayor diversidad, pero, como afirma Parascandolo, que internet no suplanta a la televisión, convive con ella, y al no ser conmensurables, puede incluso, en el tiempo, reforzarla.

Ya no existe el tiempo de la fidelidad a un programa o un canal. Tampoco solo el pueblo de la televisión. Las audiencias son nómades y pasan ya no solo de un canal a otro, también en la extensa red que ofrece la TV de pago, sino de una plataforma a otra. Por tanto, hay más pluralidad y ella no corresponde solo a la pluralidad de la audiencia sino, también, a la pluralidad del auditor en sí mismo que adquiere, como en la “galaxia Gutenberg”, un alfabeto nuevo que le permite adentrarse en una multiplicidad de redes inspiradas en lo que Castells llama la comunicación de muchos a muchos.

Hoy, el aserto de Mcluhan de que “el medio es el mensaje”, debe ser leído no solo en referencia a la diferente tecnología que utilizan los medios, sino a los contenidos, a los modelos de televisión, y si esta corresponde a una televisión comercial o a una televisión pública en sus diversos tipos.

De aquí parte Parascandolo para subrayar el rol central que, en su nítida obligación de diversidad y de misión, debe jugar la televisión pública en este proceso. Rechaza sea la homologación de contenidos de la televisión pública, en la difícil batalla por el rating, con la televisión comercial cuanto la idea de una televisión pública de élite que en el refinamiento de su programación renuncia a la masividad.

Parascandolo está consciente de que la televisión pública, en Italia como en Chile y en otros lugares del mundo, ha confundido la esencia de su misión en la competición con la televisión comercial y, en muchos momentos se ha parecido en contenidos a ella. Sin embargo, subraya el hecho de que no son modelos asemejables sin que la televisión pública pierda el sentido de existencia.

De partida, dice Parascandolo, tienen fines distintos y se dirigen también a audiencias diversas: una, la pública, a los ciudadanos, la otra, la comercial, a los consumidores, a la opinión de masas. La pública debe buscar transformar la opinión de masas en opinión pública autónoma, crítica, en tanto instrumento de la pluralidad sea de las diversas expresiones sociales que de los valores éticos y políticos que se le asignan. Debe educar en el buen gusto, en la argumentación, en el contexto, no solo a través de su programación cultural e informativa sino también en aquella de entretenimiento y de gran audiencia.

La cultura en televisión debe expresarse no solo en una mayor cantidad y calidad de la programación cultural sino, también, en más cultura en toda la programación, es decir más inteligencia y creatividad. La cultura debe ser mucho más que un género para la televisión pública, ella debe permear el espacio televisivo y conducir al telespectador a interesarse, también, a través de otros medios, en profundizar lo que la televisión, en sus tiempos, le entrega.

Siendo la información el género más congenial con la opinión pública, Parascandolo establece criterios que deben ser respetados para marcar una diferencia: que las noticias sean atendibles, tengan fuentes transparentes, una correcta contextualización de los hechos, alto nivel de dominio de los temas en los comentarios, plausibilidad en las interpretaciones.

En efecto, uno de los límites de los noticieros de la TV abierta chilena es la falta de contexto con que se presentan las noticias lo cual descontextualiza el mensaje televisivo, lo hace comprensible solo a quien ya tiene una información sobre el tema tratado y produce frecuentes incomunicaciones con la gran audiencia hacia el cual va dirigido. La TV compite por el rating en los noticieros con las tragedias, con los hechos policiales que crean expectación en la opinión pública, con las noticias fuertemente centralizadas en Santiago e incorpora reportajes de diversa naturaleza que extiende a desmesura los noticieros sin entender que la dimensión del tiempo para la audiencia ha cambiado. Es decir, los noticieros dependen más de las necesidades del tren programático del canal y de sus teleseries que de la calidad de la información entregada en tiempos de comunicación digital. Por ello los jóvenes, especialmente, no ven los noticieros y se informan a través de las redes sociales.

Eso transforma a la televisión en autoreferencial e impide que se cumpla el objetivo de informar/formando, educando, a las grandes audiencias. Además, para elevar el rating, se recurre, como hemos dicho. con frecuencia a la noticia emotiva, a la truculencia, o al sensacionalismo, lo que conduce a la espectacularización de la información, al entretenimiento, extraviando el sentido del noticiero.

Por ello es necesario exaltar las características que debe tener la televisión pública para cumplir con su misión: tratar al telespectador como un ciudadano, el pluralismo, en la dimensión que este asume en el siglo XXI y por tanto más allá de cronometrar el tiempo del pluripartidismo, es una obligación, el fin es el interés general, producir programas más que público, observar el interés general, dirigirse a todos, profundizar como regla, reflejar la realidad en su complejidad, la calidad como variable que es autónoma de la cantidad. Trabajar con la cultura de la imagen pero también con la cultura de la comprensión de las audiencias. Por cierto la televisión pública no puede olvidar el ser, privilegiadamente, un medio de entretención, para muchos el único, de millones de personas.

Solo de esta manera la televisión pública puede favorecer el crecimiento cultural de la audiencia, desarrollar la facultad de juicio propio, el sentido crítico y el estímulo a la participación cívica que es propio de un medio de comunicación al servicio del interés de todos.

Esta mochila está aún lejos de ser llenada de contenidos por la televisión pública chilena que tiene el deber de producirla. Pero es con estos valores éticos y públicos como se deben abordar los dos desafíos que se vienen por delante.

El primero, la Televisión digital terrestre, que permitirá no solo mejor calidad de imagen y sonido, sino , también, una mayor extensión en el territorio, espacios televisivos regionales y locales, una ampliación de la oferta de contenidos, el acceso de nuevos actores, de mayor pluralidad y diversidad, la creación de nuevas señales temáticas y segmentadas.

Como bien señala Valerio Fuenzalida, la Televisión digital permite a la TV pública pasar de generalista en contenidos a una empresa multi operadora de varias señales digitales, con emisiones segmentadas en contenidos temáticos y por edades, más calidad y mayor diversidad de contenidos, ampliando además los géneros de información para que la deliberación no sea solo entre actores políticos sino que incorpore también a la ciudadanía y sus demandas, lo cual enriquece la agenda pública y la credibilidad de los medios.

Detrás de ello está el objetivo, ya aprobado en la nueva ley, de que en la realidad digital TVN tenga una señal cultural/educativa/infantil y mantenga una señal permanente de noticias y debates que no debieran, como la señal principal, estar sometidas al efecto del rating y de la publicidad.

El segundo, la creación de un espacio multimedial, que TVN ya está operacionalizando, que integre televisión, internet y otros medios y ofrezca mayores oportunidades a una audiencia cada vez más amplia y diversa. Esto permitirá a la televisión, además de incorporarse en un formato tecnológico más amplio, volver a conectarse con un público juvenil que gradualmente ha ido abandonando la pantalla para trasladarse a otros formatos, como también a los niños que se han trasladado a la Televisión de pago dado que la Televisión abierta los ignora y llegar, especialmente, a ese tercio de niños que no tienen cable y , por tanto, no tienen acceso a ninguna programación infantil.

Son tiempos complejos para la TV, en especial para una TV pública como la chilena que se financia como los canales privados, compitiendo por la publicidad. Pero también son tiempos de oportunidades para generar, especialmente en la TV pública, un nuevo modelo de negocios en su gestión, que, sin embargo, no olvide que esta es una industria creativa y que es allí, en la calidad de su creación en diversos ámbitos, donde se juega su destino de conexión con las audiencias.

Como dice Parascandolo, la TV pública es esencial porque su pluralismo debe ser el estándar del pluralismo de los canales comerciales, porque la orientación de su programación hacia las problemáticas sociales, ambientales, culturales, de ciudadanía en definitiva, debe impregnar el espacio televisivo en su conjunto y extenderse a las redes y múltiples plataformas en las cuales la imagen acompaña hoy nuestras vidas.

TAGS: #MediosDeComunicación #TelevisiónPública Televisión TVN

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