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Universidad de Chile, educación superior y ranking: elitismo como ninguno

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No le creo al twitter de la Universidad de Chile, ni a ninguna universidad estatal acogida al sistema único de admisión, que son públicas y pluralistas. Ni si quiera que accedan a ellas personas con vocación.

En estas épocas de selección universitaria, postulaciones y matrículas, la cuenta de twitter de admisión de la Universidad de Chile, y muchos de sus docentes y directivos, han alardeado a los cuatro vientos sobre el carácter republicano y público de la institución. La universidad más prestigiosa del país goza supuestamente de un pluralismo sin par y su único objetivo parece ser la formación de docentes con vocación de servicio en todas las áreas en donde imparte clases.

Cómo se puede llamar pública a una universidad que es dueña del DEMRE, la institución que más ha defendido y perfeccionado los mecanismos de segregación y elitización de la educación superior, rivalizando sólo con el Consejo de Rectores.

Hablemos de algunas cifras: existen 271.000 inscritos que potencialmente rindieron la Prueba de selección universitaria. Cada prueba le cuesta, al alumno o al Estado, $26.000. Ello significa que sólo por concepto de inscripciones la Universidad de Chile ingresó este año $7.046.000.000, o, alrededor de 14 millones de dólares. No quiero inferir que la Universidad de Chile lucra con este mecanismo de selección, pero con esa cantidad de recursos moviéndose en torno a una sola prueba, más de alguien debe ser el beneficiario de ese dinero, y eso significa que existen intereses creados en mantener a la PSU como sistema de selección.

La brecha existente entre puntajes PSU de colegios ricos y colegios pobres es evidente, y no necesito explayarme más sobre cómo la medición de contenidos memorizados que significa la PSU es una forma de excluir a aquellos estudiantes de colegios de menores ingresos, que en nuestro sistema son los de peor calidad. Lo que sí me parece importante resaltar, es que además de que el sistema Ranking ha mantenido una cierta segregación entre establecimientos educacionales, éste tampoco elimina por completo la segregación social, puesto que no considera las condiciones socioeconómicas internas de los colegios. Ya lo dijo Pierre Bordeau hace años: no importa si todas las escuelas son iguales, el acervo sociocultural de cada familia (que está ligado a su estatus socioeconómico) generará inevitables diferencias en el rendimiento de los estudiantes dentro del aula. En pocas palabras, Ranking está favoreciendo a los estudiantes más ricos de cada colegio, y no necesariamente a quienes hayan probado más “esfuerzo” o “capacidad”.

Además de seguir siendo segregador, el ranking esconde otras perversiones. La competencia por obtener los mejores lugares dentro del colegio empuja a los estudiantes a competir entre ellos, haciendo que en vez de cooperar y desarrollar habilidades sociales como trabajo en equipo o resolución de conflictos, el flamante nuevo integrante de nuestro proceso de selección los obliga a necesitar que sus pares fracasen para poder triunfar. El individualismo llevado al extremo. El otro gran problema con el ranking (además de su apresurada implementación que tomó por mala sorpresa a más de alguno, cerrando muchas puertas en último minuto) es que les exige madurez a estudiantes desde 1° medio. Requiere que desde 1° medio un estudiante pondere qué quiere estudiar, o si quiere estudiar, o si los estudios son lo más importante en su vida. Ya que desde los 14 años tenemos responsabilidad penal y empezamos a  calcular nuestro futuro, bien nos haría incorporarnos también al padrón electoral, o mejor, cumplir la mayoría de edad a los 14 años.

No le creo al twitter de la Universidad de Chile, ni a ninguna universidad estatal acogida al sistema único de admisión, que son públicas y pluralistas. Ni siquiera que accedan a ellas personas con vocación. Muchas, la mayoría diría yo, de las personas con vocación se pierden de sus carreras gracias a este modelo y terminan estudiando “lo que pudieron”. En tanto siga existiendo este sistema nefasto de selección arbitraria ninguna universidad será jamás pública, jamás pluralista y jamás de calidad, porque teniendo a los más memoriones expuestos a condiciones de evaluación desquiciantes durante toda la carrera, no se necesita un esfuerzo pedagógico muy grande para enseñarles a repetir y memorizar un poco más.

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Foto: h1chang / Licencia CC

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