#Educación

¿Qué liderazgo para la nueva escuela?

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Si el mundo está cambiando producto de esta pandemia, es también una oportunidad para la escuela, ésta no puede permanecer estática. ¿Qué ha de cambiar en la escuela? Lo más relevante es la redefinición del tipo de liderazgo que se desarrollará y aunque parezca de perogrullo, no dará lo mismo quien dirija una escuela. Hay efectos significativos directos -demostrados por la investigación nacional e internacional-, que un fuerte liderazgo pedagógico puede contribuir a crear estructuras que faciliten el trabajo de los profesores y que éste, a su vez, incida en la mejora de los aprendizajes y desarrollo emocional de sus estudiantes.


Si queremos una buena escuela, inclusiva y justa luego de esta crisis, los directivos deben contribuir a que los profesores enseñen mejor

Esta creencia es fundamental, si nuestros directivos saben que su liderazgo tiene consecuencias en el grado de colaboración y trabajo conjunto de los docentes, entonces debemos realizar esfuerzos formativos por promover e instalar en el sistema escolar modalidades diferentes a las tradicionales de conducir los procesos de gestión en ellas. El tipo o estilo de liderazgo que se practica en la escuela define las modalidades del trabajo profesional docente, es decir, de la enseñanza que se practica, y con ello las transmisiones simbólicas hacia los estudiantes, como las actitudes y valores que de ello se desprenden. Un liderazgo impositivo, impersonal, desconectado de la cotidianeidad, genera desconfianza en las relaciones interpersonales, indiferencia con el destino de los demás y de la comunidad, provoca apatía cívica, promueve el individualismo y la competencia anuladora de las virtudes y talentos de los otros.

En cambio, un liderazgo que se involucra en los desafíos personales y comunes, que practica la cercanía y el contacto personal con todos los miembros de la comunidad escolar, que está atento a sus necesidades y forma parte de la búsqueda de soluciones a las dificultades, provoca compromiso, solidaridad y colaboración. El estilo de liderazgo que se promueve y practica en nuestras escuelas no puede ser indiferente a los valores que se quieren inculcar en nuestras próximas generaciones.

Si bien la contribución del liderazgo pedagógico de la dirección escolar, en un contexto distribuido, centrado en el aprendizaje, es siempre indirecto, puesto que no reemplaza la labor del profesor, si puede contribuir a establecer las condiciones para que se trabaje bien en ellas. Sin duda la efectividad de un profesor está en relación con sus capacidades y motivaciones, con su compromiso y con las características del contexto, pero la creación de un ambiente y de unas condiciones que favorezcan a su vez un buen trabajo en las aulas, es algo que depende de los directivos y mientras más desfavorecido es el contexto social o menores los logros escolares de sus estudiantes, más significativa y necesaria es la calidad de los directivos. La escuela y los estudiantes más vulnerables son más sensibles a los efectos del liderazgo directivo, por lo que su calidad y efectividad importa más en estas escuelas.

En definitiva, si queremos una buena escuela, inclusiva y justa luego de esta crisis, los directivos deben contribuir a que los profesores enseñen mejor, pues la estrategia más prometedora para mantener un mejoramiento sostenido y sustantivo es el desarrollo de la capacidad de todo el personal de la escuela para funcionar como comunidad profesional de aprendizaje, donde lo predominante sea la responsabilidad colectiva con la mejora de la enseñanza, con el mejoramiento de los aprendizajes y el desarrollo emocional de los estudiantes, con procesos de toma de decisiones compartidas, informada y sobre la base de evidencia científica, guiada por el juicio y la experiencia colectiva. Los focos del trabajo profesional docente que promueve un liderazgo efectivo en las buenas escuelas buscan asegurar que todos los estudiantes aprendan, que se despliegue una cultura de la colaboración entre los docentes y profesionales de apoyo con el que hoy cuentan, saliendo del trabajo individualista, y con un enfoque en la calidad de los procesos y en el logro de resultados compartidos

TAGS: Aprendizaje Escuela Liderazgo

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Comentarios

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Milton Luis Soto Pérez

21 de Agosto

Estimado Carlos, agradezco tu artículo pensando en que ese liderazgo cercano, que apoya, ayuda y se hace parte del trabajo fundamental de los profesores, sigue no sólo siendo trascendental para toda la educación, sino que esencialmente para aquellas más vulnerables y carentes, una vez más las escuelas y liceos municipales.
Pero, debo precisar que afortunadamente muchos directores de esos establecimientos son los que aún existen y hacen que sus escuelas y liceos sobrevivan y mejoren hasta hoy. De otra forma da por hecho que ya hubieran desaparecido o las generaciones y generaciones de alumnos que en ellos se formaron, no serían lo que hoy orgullosamente son y sostienen el aparato público de nuestro clasista país.

21 de Agosto

Gracias por su comentario Milton, especialmente por su observación final. Buen tema para seguir profundizando y fortaleciendo la línea de continuidad de la educación pública en nuestro país, bien recordarlo en estos días cuando se cumplen los 100 años de la ley de instrucción primaria obligatoria. Un abrazo

anysur

21 de Agosto

y con el mismo curriculum?….y las habilidades para la vida, habilidades blandas, cuando se incluirán? , las necesidades de aprendizaje no solo son académicas, y realmente fracasaríamos como sociedad ( post pandemia) con esta generación , si el colegio no esta a la altura y solo se dedica a adoctrinar.

21 de Agosto

Anysur, precisamente lo que señalo es que el nuevo liderazgo directivo debe hacerse cargo del mejoramiento de los aprendizajes y el desarrollo emocional de los estudiantes, lo cual implica un enriquecimiento curricular, pero sobre todo el ejercicio de la autonomía profesional de los docentes, atreverse. Gracias por tu comentario, saludos

anysur

21 de Agosto

no me entendio, no puede ser en este contexto actual, que no sean parte del curriculum , que no se evaluen , no con un nota, sino como un objetivo tangible y medible a desarrollar dentro del programa, con un tiempo acotado, con material de apoyo y formación desde el nivel ministerial, es decir, que adquieran habilidades en la escuela para enfrentar situaciones tan disimiles como las que han vivido en estos tiempos, y no solo clases de habilidades emocionales, sino tambien sociales y eticas.

Anybella Recabarren Zúñiga

26 de Agosto

Einstein decía que la locura es tratar de tener resultados distintos haciendo siempre lo mismo. Hago esta analogía considerando que la mejora siempre se produce fuera de la zona de confort, entonces podríamos decir que estamos ante el escenario ideal para gestionar diversos cambios en la escuela, sin embargo, lo poco predecible del escenario actual, hace que el campo de acción sea difícil de controlar.
Ahora bien, un buen liderazgo escolar debe funcionar desde la óptica que la escuela es una organización en constante aprendizaje, no obstante, es imperativo que sea un cambio sistémico, desde la política pública hacia la elección de los líderes educativos que ejercen directamente en las escuelas, pues lamentablemente aún existe esa nefasta visión de considerar a los directivos más como administradores, que como los líderes pedagógicos que realmente deben ser.
Comparto plenamente su visión estimado, para construir verdaderas “comunidades de aprendizaje” se necesita de capacidad colectiva y de trabajo basado en la colaboración efectiva, y eso sólo se logra con objetivos de equipo y con una visión compartida del liderazgo escolar.
Saludos!

Carlos Delgado Álvarez

05 de Septiembre

Muchas gracias Any por tu comentario, comparto íntegramente lo que señalas, especialmente respecto de la necesidad de un cambio sistémico, que por supuesto, requiere de líderes conscientes del alcance del impacto de sus acciones más allá de sus escuelas. Promover cambios sistémicos requiere de cierta osadía, lo que en estos tiempos pareciera ser un riesgo. Existe un temor profundo que se extiende más allá del sistema educacional y que en éste se expresa en el miedo a volver a clases, entonces, tal vez, tendremos que esperar estar en condición de una presencialidad segura para poder abordarlos, a pesar que la oportunidad de la virtualidad puede ser aprovechada por los liderazgos inquietos con el futuro, espacio en el que de seguro, más temprano que tarde, llegará para seguirnos desafiando. Prueba para los líderes escolares hoy es estar preparados. Cariños

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