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La propuesta económica de Landerretche y Lagos

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El diagnóstico de la economía chilena que se hace en el libro “El Chile que se viene. Ideas miradas, perspectivas y sueños para el 2030” editado por el ex – Presidente Ricardo Lagos y el economista Oscar Landerretche es ampliamente positivo y de lo que se trata es simplemente de complementar lo obrado, poniendo énfasis en el desarrollo del capital humano. En el mismo sentido, señala el coeditor “la economía, con todo y sus vaivenes, se encuentra bastante sana, culminando un período prolongado de expansión y progreso. (p. 365) Según Landerretche nuestros problemas no radican en la economía, sino en nuestro “bajo desarrollo político y social” (p. 365) Más aún, el principal problema que enfrentamos “es que el paso hacia una nueva fase parece no poder tolerar un nuevo desbalance, opuesto al anterior”.

Se echa de menos un reflexión crítica de lo realizado. Pareciera necesario indagar en la relación entre los problemas sociales que enfrenta el país y la salud económica que presuntamente disfrutamos. No parece ser necesario, según Landerretche, evaluar la forma en que se cedieron las pertenencias mineras de Codelco al capital extranjero que ha remesado utilidades equivalentes a rentabilidades en torno al 80% de sus patrimonios en los últimos años. No cabe preguntarse respecto de los problemas que presentó la modalidad específica de concesiones de obras públicas, más allá de su importante contribución al desarrollo de la infraestructura. El Transantiago, cabe señalar ¿no debería poner un signo de interrogación al respecto? No cabría preguntarse respecto de las causas de que no se haya avanzado en dirección a un modelo exportador que agregue más valor, que incorpore más conocimiento y donde hoy el cobre representa un 60% de las exportaciones y en torno al 20% del PIB. No cabe preguntarse sobre la relación entre el modelo económico y la fuerte reprimarización de la economía. No es necesario preguntarse por la relación que existe entre el modelo económico y la desigualdad. Sobre estos temas la reflexión en el Chile que viene en el 2030, es elusiva.

Para representar el problema que a su juicio enfrenta el país, Landerretche recurre “a una construcción teórica clásica de la economía del desarrollo conocida como la curva de Kutznets (1955) (constatación estadística que establece que el proceso de desarrollo tendría la forma de una U invertida). Los países de menor nivel de ingreso tendían a ser países relativamente equitativos en su distribución del ingreso; a medida que subían de nivel de ingreso estos irían empeorando en equidad, para luego retornar a niveles de distribución del ingreso equitativos cuando llegaban a ser países ricos” (p. 366) Esto se debería a que “mientras las fases tempranas del proceso de desarrollo se debían a la acumulación de capital y la inversión en activos fijos, en la segunda fase se debían principalmente a la acumulación de capital humano, talento y competencias”.

El problema básico de la curva invertida de Kuznets es que es una “constatación estadística” cuyo fundamento original son datos limitados de un pequeño grupo de países. La incorporación de otros países, en particular los asiáticos y algunos países de América Latina, deja en evidencia que la hipótesis básica no se sostiene. Asociado a la curva invertida de Kuznets, Landerretche propone otro concepto para dar cuenta de la situación que se encuentra el país: “la trampa de los ingresos medios”. Eichengreen, Park y Shin (2011) autores del estudio de referencia muestran según Landerretche, cómo países que se acercan a los $ 17.000 per cápita de ingreso suelen sufrir una severa desaceleración en sus tasas de crecimiento promedio del orden del 2%” (p. 367). No deja de llamar la atención que el propio Eichengreen, en un comentario posterior señalara que no existe una ley de hierro de dicha desaceleración.

¿Pero entonces, cuál es el hilo de la argumentación y en qué dirección apunta?

Basado en la curva invertida de Kuznets, Landerretche busca sostener que los límites que encontró la política de la Concertación correspondían a una fase ineludible y propia del camino al desarrollo. El que Chile continúe siendo un solar de la desigualdad correspondía a un derrotero inevitable. No corresponde por tanto una reflexión autocrítica de por qué tras 22 años de democracia Chile sigue siendo un país tan desigual. Al mismo tiempo, el camino económico seguido, caracterizado por “la inversión en capital con el objeto de explotar recursos naturales” (p. 369) fue básicamente correcto. Más aún, la crítica respecto de que la Concertación blindó la decisión política frente al movimiento social e incluso buscó (o al menos no fomentó) la organización y la movilización social no debe ser objeto de autocrítica pues en ese momento del desarrollo “ el valor político central es el orden” (p. 369). Desde su punto de vista, la segunda fase del desarrollo, en que se incrementa la desigualdad (países que el autor denomina “commoditistas” … requieren algún tipo de sistema político autoritario o semiautoritario … un modelo de democracia restringida… como habría sido el modelo político chileno de la transición a la democracia(p. 370).

¿Cómo continúa el análisis?

Repentinamente, en la tercera fase de desarrollo que sería en la cual se encontraría el país según Landerretche, nos encontramos con “niveles de ingresos medios y elevados niveles de desigualdad … se empieza a agotar el mecanismo de crecimiento de la productividad al que estaban acostumbrados … la sociedad empieza a percibir que necesita transitar hacia una fase en la cual se requiere desarrollar otros sectores productivos y talentos” (p. 370)

En el mundo neoclásico de Landerretche no existen actores que, operando bajo ciertas condiciones y estructurando mayorías políticas determinan el curso de la historia de los países. El decurso histórico sigue por el contrario, un sendero inmodificable que, parafraseando al Marx del Capital, tiene lugar a espaldas de los actores políticos y sociales. En este punto, Landerretche confluye con las perspectivas tecnocráticas y las visiones que consideran que la historia marcha sobre la base no de la lucha democrática sino sobre la base de los grandes acuerdos. Mientras las élites tecnocráticas definen lo que viene y lo que corresponde hacer, la política de los consensos le asegura sustento político.

En este contexto, conceptual, se explica lo inocua de la propuesta de Landerretche desde el punto de vista de las transformaciones que requiere el país. El problema principal que enfrentamos es encontrar un diseño institucional que fomente la aparición de nuevos sectores económicos (p.372). Poco dice respecto de los eventuales déficits de una política económica que no tiene como referente un proyecto país ni una estrategia de desarrollo. No es extraño en este contexto, que Landerretche considere falaz el debate entre Estado y Mercado y que en su análisis no jueguen un rol relevante ni el concepto de grupo económico ni los mecanismos que inciden en la política pública. De esa forma escapa a su análisis que el curso que ha seguido la economía chilena está muy asociada a las decisiones de inversión altamente concentradas y que la política pública dentro de cuyos marcos operan está fuertemente influida por los actores empresariales que tienen libre acceso a las autoridades mediante el financiamiento de la política y los múltiples medios informales de influencia. Para el autor los problema son el déficit de recursos humanos, el analfabetismo funcional (¿tiene algo que ver el predominio del lucro en el sistema educacional; o la baja carga tributaria que reduce la capacidad de financiamiento del Estado); generar empleos de calidad (hay poca reflexión sobre los condicionamientos del actual estilo de crecimiento sobre la calidad del empleo y es insuficiente lo que se afirma sobre la importancia para el desarrollo del surgimiento de un nuevo movimiento sindical y una expansión geométrica de la negociación colectiva).

Es valiosa la propuesta del ex Presidente hecha ya en marzo del 2011 respecto a elevar el impuesto de primera categoría a 25% y de eliminar el FUT. Son valiosas las reflexiones del ex – Presidente respecto de la necesidad de “que la política económica coloque en el centro de sus preocupaciones la construcción de (ese) capital social” (p. 36). También lo son las de Hojman en relación con la necesidad de contar con una política industrial activa y crear una red pública de innovación. No obstante, un modelo basado en el capital humano y una política industrial agresiva requiere poner en el centro de la reflexión temas tan diversos como el subsidio implícito de que gozan las actividades intensivas en el uso de recursos naturales, el uso prácticamente gratuito de los recursos naturales en el sector minero, en el sector energético, en las telecomunicaciones, en la piscicultura y la pesca por sólo nombrar algunos. Implica una reflexión seria respecto de lo que queremos de, las universidades, no sólo como centros de docencia superior sino como lugares privilegiados de investigación científica y tecnológica. Implica preguntarse respecto a cómo es posible que un país con la vocación minera que tiene carezca de un número suficiente de geólogos para abastecer la actividad en ese sector. Implica también, como ha mostrado la experiencia brasileña y de varios países asiáticos, preguntarse respecto del rol activo que el Estado e incluso las empresas públicas deben jugar en este esfuerzo. 

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Foto: Instituto Igualdad

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Comentarios

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24 de enero

Creo que Rivera, una vez más, tiene razón en su análisis crítico del pensamiento liberal concertacionista. Es un debate que ha ido madurando en el ethos de lo que fue la Concertación, pero que parece ser molesto o incómodo para su elite política. Basta ver como se tapó a Francisco Vidal de descalificaciones cuando ingénuamente asumió que había llegado el tiempo de la autocrítica.

Este debate es necesario y urgente. La sustentabilidad de un nuevo proyecto de Gobierno, liderado o no por Bachelet, no sólo depende del “orden” de los que lo apoyen, como se nos pretende advertir y casi conminar de tanto en tanto, sino que depende básicamente de ser capaces de debatir estos temas en profundidad… y sacar consecuencias políticas de este debate.

Y aquí hay una desconexión entre la base de los partidos de oposición, a mi juicio más dispuesta a debatir, desde uno u otro bando, y sus líderes y representantes que todavía entienden dicho debate como un estorbo.

A mi juicio fue esta ausencia de debate lo que llevó al fracaso de diciembre de 2009. Aunque muchos quieran todavía echarle la culpa a Frei, creo que la responsabilidad estuvo más bien en quienes, desde el Gobierno no fuimos capaces de desempatar y destrabar los agotamientos que en las políticas sectoriales expresaban nuestro quiebre interno. Agudizado esto por el amplio espacio que la Presidenta le aseguró a Expansiva y a un conjunto de liberales que se sustraían a las pautas políticas de legitimidad y se atrincheraban en Teatinos 120, frenando desde allí cualquier intento de reforma social de esas que ya se notaban urgentes.

Esta subcontratación que la Concertación hizo de su gestión económica en una “empresa externa” llevó a que de una forma u otra muchos líderes políticos sintieran que esa era un área vedada para la opinión, la discusión y el debate. El estallido de 2011 no sólo le cae en la cara a Piñera y la derecha, sino que también nos cae en la cara a nosotros (particularmente a nosotros). el punto está en como nuestros dirigentes asumen que esta vez el debate no se puede evitar ni externalizar, sino que se debe enfrentar de forma abierta y en lo múltiples espacios de discusión que se han generado en las redes de la oposición en estos meses.

En ello, la persistencia y lucidez de Rivera contribuye, por cierto. Quizás falta resucitar a Vidal para que le ponga un poco más de ají al debate… digo yo 🙂

Yasmin

17 de julio

hola nana!! no se que aconsejarte, yo estoy en una siuactif3n parecida. Af1os estudiando para terminar en un trabajo que odio, ademas se supone que debo estar agradecida ..se que no me voy a quedar ahi siempre, que esto pasare1 y por fin podre hacer lo que me gusta, para lo que realmente me titule9. Tal vez solo tengas que aguantar unos af1os para sentirte completa profesionalmente.Animo!!!!!!

24 de enero

Estimado Felipe: Gracias por tus comentarios. Coincido con tus apreciaciones respecto de la necesidad de debate. Me parece muy preciso tu concepto de “subcontratación de la gestión económica” que habría hecho la ex – presidenta Bachelet. Creo que además de que el equipo económico demostró incapacidad para desarrollar una propuesta novedosa de manejo de holguras (2006 – 2008) que igual no habría afectado las posibilidades de enfrentar la crisis del 2009 (incluso nos podría haber ayudado a enfrentarla en mejor pié) tuvo un tremendo impacto político, que considero una de las dos principales causas de la derrota (la otra la profundización del divorcio con la sociedad civil organizada)

Nikola

16 de julio

La verdad es que es imnoasirnepte. Twitter crece y crece y se esta convirtiendo en algo cotidiano. No creo que decaiga de la misma manera que My Space, creo que Twitter se mantendre1 porque se va a convertir en algo de lo que muy dificilmente podamos despegarnos. Claro este1 que tienen que evolucionar, ya lo han hecho con las listas bfcreeis que es un buen comienzo?Saludos y buen post y buena gre1fica

24 de enero

No se si una economia en manos en un 90% del sector privado pude considerarse sana.La salud buena està ahi lo mismo todos los servicios y la educacion que forma el capital humano.La verdad es que nunca he sabido cual es la ideologia al menos porque no hay filosofia poltica en la concepcion economica de la concertacion desde su fundacion,solo pragmatismo coyountural y cosmetica del modelo de la dictadura.El problema siempre desde el 90 con el poder en la mano fuè convocar aun plebicito y modificar la Constitucion.Existìan las condiciones politicas y de apoyo,no era complejo introducir esta figura en la constitucion como un adenum al voto.Habria ganado.Hubo temores auto inducidos hacia los militares dentro de la dirigencia concertacionista.Se prefiriò el camino facil de la administracion y la cohabitacion con un regimen agotado que con una farsa de poder diò la impresion que aun lo tenia,luego se envalentonò,la derecha màs astuta dejò hacer a la Concertacion y el resto es historia.Por eso surgio lo del 2011.El tema no es economico ni nunca lo fuè.Es poltico.Por ejemplo porque se acepta sin ningun reparo que los hay sobre todo cuando han venido las crsis economicas y aun sin ellas en que dbe derogarse el concepto que el estado no puede ser empresario?Quien lo dijo que es una ley economica?Es dios es lo que decidiò?No nos pasemos peliculas.Chile ni lejos es un pais desarrollado.Finlandia tiene 50 mil dolares de ingresos per capita,>Chile 15 mil pero corregidos no son màs de 5.000.Nunca haciendo una progesion matematica con Finlanadia creciendo al 3% y Chile al 10% lograremos nunca alcanzarlo.Entonces la pregunta vuelve a lo mismo.Vivimos un economicismo esteril.crecemos en base al consumo de bienes impotados.No tenemos una industria autosustentable y competitiva ,tampoco de ultima generacion.Estamos creciendo por el Cobre que nadie recuerda hace 10 años valia un 25% de lo que vale hoy.Es un espejismo colectivo que se puede derrumbar en un año.No somos ni lejos una vrdadera democracia ni estamos en los ranking de educacion e innovacion tecnologica.
Yo creo a diferencia de los autores que el chile que se viene es uno muy distinto y toda esa utopia bellamente descrita si en chile no hay un cambio profundo,(hay revoluciones pacificas) seguirà siendo un pais mediocre en el exacto sentido del termino

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