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¿Dónde danza la realidad? Activismo en la obra de Pablo Ocqueteau

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La bandera chilena plegada como avión de papel y la frase “Haz tu Voto Volar”, constituyeron la expresión visual de un gran movimiento de chilenas y chilenos, en demanda del ejercicio del voto exterior sin condiciones. La frase y el avión, cuyo vuelo representa el voto surcando miles de kilómetros hasta ser depositado en una imaginaria urna en Chile, se transformó en el ícono gráfico de tres manifestaciones mundiales en el 2013.

Nos reunimos aquella tarde de marzo para hablar de la campaña por el voto chileno en el exterior. Se trataba de transformar una demanda irrelevante en el debate político chileno, en una voz legítima, en un clamor visible acerca de una realidad injusta. Pablo se acercó a la impresora situada sobre mi escritorio, un precario mueble ensamblado con planchas negras de madera prensada, que hace las veces de escritorio de trabajo. En mi casa, casi todo el mobiliario es de segunda mano, desechado y arrojado a la calle por alguna familia o comprado en los interminables galpones suecos de IKEA instalados en Berlin. Todo circula en la capital alemana, desde una chaqueta descosida o una silla con el forro gastado, hasta un televisor desvencijado y reemplazado por un plasma de alta resolución. Muchos chilenos radicados en Berlin hemos amoblados nuestros espacios, alimentados por el flujo de una variedad infinita de artefactos, todos ellos al borde de su inutilización final.

Esas trayectorias, ese ciclo vital de los objetos en continuo desplazamiento, se ha transformado en un referente cultural de la metrópoli berlinesa. Quizás, la propia historia de la ciudad transformó con violencia el valor estético de su materialidad. Berlin tuvo que rehacerse después de la última gran guerra, rescatando cada muralla, pedazo de tabla o cualquier utensilio sobreviviente de los escombros y de la muerte. Y tengo la sensación de que la perspectiva estética de Pablo se apropió, intuitivamente, de ciertos procesos de esta atmósfera en continua regeneración vital.

Su nombre es Pablo Ocqueteau Cohen. Y he sido testigo de cómo la neurología de este artista visual, fotógrafo, videísta, activista político, cocinero y alquimista de los cuartos oscuros (el listado de sus oficios es interminable), ha incrementado su actividad bioeléctrica debido a la persistencia de sus propios sueños. Parido en la Patagonia chilena, golpeado por la brisa marina de Valparaíso, regenerado en Buenos Aires, Barcelona y, finalmente, en Berlín, ha hecho del reciclaje y de la fusión de conceptos, la actividad predilecta de su sinapsis espiritual. Su trabajo fotográfico plasma las imágenes de personajes anónimos de la ciudad, en afiches obsoletos y materiales reciclados para visibilizar la naturaleza urbana y los intersticios de su humanidad. ¿Cómo opera esta transmutación? Mediante la alquimia de la emulsión argéntica. Sus exposiciones fotográficas “Like a Rolling Stone” o “Ich bin ein Berliner” revelan cómo la mirada de Ocqueteau sensibiliza superficies, descubriendo al testigo material rescatado del tejido social. Metales oxidados, papelería deslucida y todo objeto destinatario del desprecio por su caducidad, son ungidos por su labor que ha puesto de manifiesto la voz acallada de los materiales.

En diciembre de 2013, Alejandro Jodorowsky lanzó en Berlin su último filme “La Danza de la Realidad”. ¿Dónde danza la realidad? – fue la interrogante que arrojó Pablo en medio de la concurrencia que rodeaba al anciano ícono. “Persiste” – le devolvió Jodorowsky, imperativo cuyo sentido sólo Pablo comprendió. ¿Es acaso posible hablar de una geografía de la realidad, donde la persistencia, en una perpetua danza de la voluntad, devuelva la confianza en los propios procesos creativos? Probablemente, sí. Quizás, como un acto político. En aquel encuentro con Jodorowsky, la persistencia, la voluntad que hace resistente los sueños a pesar de la realidad adversa, fue la respuesta críptica del psicomago. A veces creo que se refería a-sí-mismo. Después de toda una vida, la danza se vuelve magistral y los movimientos más sutiles, precisos y etéreos. Se trata de danzar hasta que la música, la vida, se detenga. Pero, ¿cómo se puede persistir? La ubicación geográfica en el mundo de los sueños no es fija. Transcurre como armónicos desplazamientos que disuelven la sensación de caducidad de todas la cosas. ¿Dónde danza la realidad? No en su estática, sino en la persistencia del movimiento, en los desplazamientos de la voluntad, en la táctica cotidiana de resistir frente a las fuerzas de la entropía, de la disolución y del olvido. Por eso es que la continua obra de Ocqueteau (y creo que él lo sabe) se ha vuelto un acto político. Su fotografía procura resucitar, en la circulación de artefactos, la cosmografías urbanas y las funcionalidades que transmutan en otras funcionalidades.

Sin embargo, quiero terminar de contar la anécdota. Quiero hablar de esas funcionalidades que transmutan en otras funcionalidades. Mientras Pablo gesticulaba con las manos, explicando atropelladamente su idea gráfica de la campaña por el ejercicio del voto exterior, sacó -de la papelería A4 ubicada al costado de mi impresora- una hoja en blanco. Rápidamente, garabateó una bandera chilena en toda la superficie de la hoja. Con pulcritud fue realizando dobleces y afirmando los pliegues, hasta dar a luz un avioncito de papel, similar a aquellos que surcaban los cielos durante nuestra lúdica niñez. “De esto se trata” – me señaló. Y, acto seguido, lanzó la nave por la habitación, la que planeando con suavidad, aterrizó junto al sofá en que estaba sentado. “Haz tu voto volar” – fue la imperativa frase con la que concluyó su explicación.

Meses más tarde, la bandera chilena plegada como avión de papel y la frase “Haz tu Voto Volar”, constituyeron la expresión visual de un gran movimiento de chilenas y chilenos, en demanda del ejercicio del voto exterior sin condiciones. La frase y el avión, cuyo vuelo representa el voto surcando miles de kilómetros hasta ser depositado en una imaginaria urna en Chile, se transformó en el ícono gráfico de tres manifestaciones mundiales en el 2013. No pasaron desapercibidos estos hechos en los medios de prensa, pero sí la raíz artística del acto político. Aquella tarde de marzo, Pablo Ocqueteau pudo reciclar una bandera deslucida de tanto ostracismo político, ligando sus ajadas fibras con la potencia lúdica de la niñez. Así son las vueltas de la vida. Esta vez la alquimia del artista lanzó por los cielos el poder creador del activista. Por esta vez el objetivo político transmutó en una deliciosa danza, al ritmo de las utopías. Qué bueno que la realidad sea posible, mientras dure la danza. ¿Escuchaste, Pablo? Te hicieron psicomagia: “Persiste, Pablo, persiste”.

(*) La obra de Pablo Ocqueteau Cohen puede ser visitada, en el siguiente link: http://www.ocq.cl

(**) Publicado en Bufé Magazin de Cultura y en el blog del autor Estados Fronterizos http://estadosfronterizos.blogspot.de

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