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¿Cuántos pasajeros caben dentro de una micro rural?

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¿Cuántos pasajeros caben dentro de una micro rural? Es una pregunta que no intentaremos responder en esta columna, pero que más de algún usuario habrá intentado contestar cada mañana al viajar apretado de manera indigna desde Talagante hasta Santiago para trabajar o estudiar.

Tiempo para estas cavilaciones hay de sobra. Cada día, a eso de las 7 am, la cuenta de Twitter de la Autopista del Sol anuncia que en algún lugar de la ruta hay “tránsito lento”, por lo cual si hace algunos años el tiempo dedicado a ese tramo de 40 kilómetros era de unos 50 minutos, hoy fácilmente se puede prolongar 1 hora y media.


En total, muchos talagantinos destinan hasta 4 horas diarias arriba de la locomoción colectiva. Intolerable.

Por la tarde, la situación es peor aún. Un colapsado Terminal San Borja, en Estación Central, es el encargado de recibir a miles de pasajeros que –luego de haber viajado en Metro- esperan hasta media hora en las filas que se forman para poder subir a la micro y volver a sus casas (muchos de pie nuevamente). En total, muchos talagantinos destinan hasta 4 horas diarias arriba de la locomoción colectiva. Intolerable.

Los resultados del Índice de Calidad de Vida Urbana (ICVU) conocidos la semana pasada no hacen más que dar cuenta de esta desoladora realidad. El estudio, realizado en conjunto por el Instituto de Estudios Urbanos de la Universidad Católica y la Cámara Chilena de la Construcción, no tuvo piedad con las comunas de Talagante, Peñaflor, Paine y Melipilla, enviándolas directamente a los últimos lugares del ránking.

El lugar común de que somos el “patio trasero” de Santiago cobró más fuerza que nunca. De hecho, en una columna de El Mercurio, el arquitecto Iván Poduje acaba de calificarnos como parte del Santiago de Quinta Categoría.

Podríamos intentar “matar al mensajero” defendiendo nuestras bellezas naturales, nuestras fiestas costumbristas y que aún nos saludamos por la calle o tal vez criticando la volatilidad de la encuesta (por ejemplo, hace un par de años, Talagante se ubicaba en el lugar 17 a nivel nacional y hoy se nos relega a la penúltima posición). Otros han buscado respuestas en las teorías conspirativas culpando a las inmobiliarias que buscan hacer bajar el precio del suelo. Sin embargo, no es necesario hacer una encuesta a los usuarios del terminal San Borja para saber que responderán algo parecido al estudio.

Una década de atraso

Los resultados del informe CChC-UC son una manifestación clara de no haber hecho a tiempo las obras de conectividad necesarias, la principal de ellas el Metrotrén entre Estación Central y Melipilla. Si bien no faltará quien culpe la “excesiva burocracia” o la institucionalidad ambiental por la demora de estos proyectos, estamos más bien frente a una falla de Estado explicable porque las obras necesarias son de gran magnitud y largo aliento, superando un gobierno, y los cortes de cinta probablemente serán para otros.

Desde la década de 1990, se viene hablando de la necesidad del mentado Melitrén. Es más, fue una promesa de campaña del primer gobierno de Sebastián Piñera. Sin embargo, en reiteradas ocasiones se ha decidido postergar el puntapié inicial de una obra de esta magnitud, que cuesta unos US$1.500 millones.

Hace unas semanas, la Empresa de Ferrocarriles del Estado volvió a dilatar –esta vez para octubre- la entrega de sus respuestas a las observaciones técnicas y ciudadanas al proyecto de Melitrén. O sea, este año no habría grandes avances al respecto. En reunión sostenida hace unas semanas con el subsecretario de Transportes, José Luis Domínguez, se nos dijo que era la primera prioridad de este gobierno en materia de trenes.

El temor es que, estando en la puerta del horno, el pan se queme una vez más. Como agravante, aún no hay respuesta de si se mantendrá el actual Estudio de Impacto Ambiental, que comenzó en 2015, o se ingresará un nuevo proyecto. Si esto último sucede, vayamos olvidándonos del inicio de las obras durante este gobierno porque habría que partir otra vez de cero.

Es cierto que hay otros proyectos que son necesarios como la ampliación de la tercera pista de la Autopista del Sol, que permitan hacer sostenible la espera del Melitrén durante su materialización. Sin embargo, la conectividad y necesidad de transporte es insostenible sobre la base únicamente de autopistas. Las calles de Talagante, Peñaflor y Melipilla ya se quedaron chicas.

Habiéndose realizado todos los reclamos institucionales posibles, protestas e intentonas de tomas de la autopista y del Tren del Recuerdo, pidiendo mejoras al sistema de transporte público, muchos pasajeros ya han abandonado las preguntas escolásticas y divagaciones en sus eternos viajes. Ahora la cuestión es mucho más pragmática: ¿cuanto tiempo hay que trabajar para comprarse un auto o un departamento en Santiago? ¿Es ese el Chile que queremos?

TAGS: #Talagante #TransportePúblico #TransporteUrbano

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Jose

21 de mayo

Que bueno que estén tocando estas temáticas, pero no es el único sitio en dónde sucede esto. La zona norte de Santiago también es así (Batuco, Lampa, Colina y Til til).

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