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Las ciencias chilenas bajo un régimen de Procrustes

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Ya va más de un mes del estallido social, hemos activado una cadena de reacciones como comunidad que nunca antes había sido vista en nuestro país. Una respuesta de la población que busca a pasos desesperados y sin dar su brazo a torcer, el cambio de la estructura económica extractiva que ha creado una sociedad con empleos precarios, sueldos bajos y una enorme desigualdad.

Ha quedado claro que una de las principales necesidades es el urgente cambio de nuestra Constitución, debido a que la actual está lejos de representar las necesidades del Chile de hoy y, aún más lejos, de las necesidades del Chile de mañana. Como científico me remitiré en esta columna a la ciencia, pero con algún aderezo social; cito inmediatamente al colega Izaurieta cuando indica: “Debemos crear una Constitución en donde la ciencia sea una herramienta crucial para la toma de decisiones gubernamentales informadas”, lamentablemente, se debe considerar que, actualmente, un/a científico/a en este país corre a diario una carrera con obstáculos para lograr hacer realmente ciencia y no tener que cruzar la cancha por el medio.

Quiero dejar en claro que estas palabras son mi comentario personal, madurado en este mes respecto a lo que estamos viviendo,  que denominaré de aquí en adelante como “el régimen de Procrustes”.

En mitología Griega, Procrustes, hijo de Poseidón, al ser expulsado de los océanos construye una casa en las montañas de Ática, donde ofrece amablemente alojamiento a viajeros solitarios en una cama en su cuarto de invitados. La cama, a desconocimiento del viajero, es especial, ya que modifica su tamaño y forma: si el cuerpo del viajero sobresalía de la cama, Procrustes procedía a cortar las partes del cuerpo que sobresalían; si el cuerpo del viajero era más pequeño que la cama, Procrustes lo estiraba.  Ambas acciones terminaban con la vida del viajero, pero Procrustes las realizaba para que el viajero tuviera la “forma perfecta a su visión de la cama”. Esta historia mitológica, algo cruel, finaliza cuando Teseo le pide a Procrustes acostarse en su propia cama, siendo que ni él era el de la forma perfecta, por lo que recibe el mismo trato que el dio a sus invitados.

Nassim Taleb en su libro, “La cama de Procrustes”, hace alusión a esta como una expresión proverbial que se refiere a quienes pretenden acomodar siempre la realidad a sus intereses o su visión de las cosas. Cuando se les hacen objeciones a sus rígidos planteamientos, se molestan, y siguen adelante sin inmutarse, convencidos de siempre tener razón. Incluso cuando sus ideas puedan ser alguna vez acertadas, varían enseguida su posición para así censurar todo lo que hacen los demás. No toleran que alguien sobresalga de su propia mediocridad. Todo lo juzgan. Lo quieren cortar todo a su medida, aunque ello implique pérdidas sociales importantes.


Vivimos en un país que no aprecia la ciencia, ya que el gobierno la ajusta y le corta las aristas necesarias para que esta funcionen en su realidad ficticia, lo que convierte a Chile en un país que no crea riqueza, sino que extrae y vende sus recursos al mejor postor

Nuestro gobierno y sus directrices en ciencia enraízan sus cimientos bajo una economía capitalista que utiliza la producción como medio o sistema para generar utilidades individuales o de negocio. La inversión privada ve incentivado su esfuerzo en el ánimo de lucro. La supuesta libre competencia en su juego de oferta y demanda ha pretendido ser un éxito en la economía global, mostrando a Chile como el “oasis de Sudamérica”. Nos hace pensar rápidamente qué la ciencia en Chile se encuentra en un régimen de Procrustes. Quienes nos gobiernan, desde la presidencia hacia abajo, ajustan la realidad al ficticio que sus necesidades buscan imperativamente, generando camas de Procrustes en políticas sociales y económicas, por tanto viven un mundo que se construye, adecua y forma perfectamente a sus necesidades, en un universo paralelo que los y las lleva a desconectarse de la realidad; no es extraño escuchar a nuestra clase política, a menudo, hacer juicios irracionales basados únicamente en sus ideas de la realidad.

La realidad es que vivimos en un país que no aprecia la ciencia, ya que el gobierno la ajusta y le corta las aristas necesarias para que esta funcionen en su realidad ficticia, lo que convierte a Chile en un país que no crea riqueza, sino que extrae y vende sus recursos al mejor postor. Sin embargo, las aristas cortadas, aquellas que no lograron entrar en la cama de Procrustes, aquellas sin la forma “geométricamente perfecta”, ahí nos encontramos los científicos de hoy luchando día a día.

Hace unos días un grupo de alumnos se me acercó y preguntó: profesor, ¿por qué usted sigue trabajando y no apoya la causa?, muchas personas ignoran que el/la científico/a parte de este sistema no puede parar, porque si para, puede perjudicar a todo un equipo, a años de trabajo y a posibles contribuciones al avance de la ciencia. He recibido comentarios de que uno es egoísta y solo se preocupa de producir, pero no es así. La realidad para los/las que participan en ciencia sigue siendo perversa, los problemas asociados a los/las científicos/as que trabajan a lo largo del país con laboratorios a cargo se tornan complejos, debido a que los fondos concursables para financiar los proyectos son bajos, centralistas y aún cuando el proyecto, para el cual se presentó con detalle las actividades que se requieren y el costo que esto conlleva para lograr los objetivos, es adjudicado con reajustes de presupuesto, lo cual implica que el/la científico/a debe cumplir con los mismos objetivos comprometidos, pero con un presupuesto inferior.

Nuevamente nos encontramos con una entidad gubernamental que coloca a la ciencia en la cama de Procustes y corta los recursos a su criterio, obligando, posteriormente, a el/la científico/a a redistribuir los fondos, a realizar nuevamente el análisis de presupuesto, y a hacer malabares para lograr las metas propuestas. Un jefe/a de laboratorio debe asegurar, con los recursos disponibles, un sueldo digno para su equipo, contar con los materiales para ofrecer tesis de calidad a sus estudiantes de pregrado o postgrado y, porque no, incluso apoyarlos/as para que puedan participar de un congreso nacional o internacional, financiar terrenos, si los hubiera, cubrir los gastos operacionales, entre tantas otras actividades propias de cada disciplina. La comunidad científica chilena hace maravillas con poco y debo admitir que sin duda es lejos lo más admirable de nuestros y nuestras científicos/as, profesionales, doctores/as, técnicos/as, estudiantes y tesistas.

Sumado a lo anterior, nos encontramos con la lucha constante de entidades como Ciencia con Contrato o la Asociación Nacional de Investigadores de Postgrado (ANIP) para brindarles estabilidad laboral a nuestros/as científicos/as. La fuga de cerebros es un hecho en Chile, pero incluso más triste es la desazón de cientos de profesionales científicos/as que han dejado su pasión de lado, ya que no pudieron dedicarse a ella debido a que no encontraron trabajo en su área. El poder político explota a sus científicos/as de forma desmedida, y nosotros, sin mucha opción, continuamos trabajando para poder ser considerados/as “científicos/as competitivos”, ya que de otra manera nuestra opinión no es considerada, y definitivamente disminuyen drásticamente las posibilidades de adjudicarse financiamiento para los proyectos, ya que pertenecemos a un Chile parte de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) lo que nos deja fuera de los planes de financiamiento de la Unión Europea u otras entidades financiadoras internacionales, ya que somos considerados un país con una economía privilegiada, nuevamente el oasis de Sudamérica en la mente de unos pocos.

Ya que quienes nos gobiernan viven en un mundo paralelo, existe una constante distorsión de la realidad, lo que se transforma directamente a consientes faltas a la ética y baja empatía, es por esto que considero necesario que como comunidad científica creemos mecanismos que nos permitan impregnarnos de las necesidades socio-culturales, las que con el esfuerzo transversal de las ciencias se pueden solucionar.

Por lo tanto, ahora es cuando el uso de la razón es fundamental, es momento de emplear el arte de la argumentación correcta y verdadera (logos), basta de mundos paralelos y discursos ficticios, es hoy cuando los/las científicos/as debemos actuar como Teseo y ayudar a construir los cimientos para un país que valore, comprenda la importancia y potencie las contribuciones de la ciencia y sus científicos/as.

TAGS: #Ciencias #EstoPasaEnChile Investigación científica

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Comentarios

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Alejandro Roa Avila

02 de Diciembre

A propósito del “el régimen de Procrustes”, y su interesante analogía. Ciertamente Chile ha vivido en estos últimos días una situación de estallido social importante, donde se mezclan las legítimas necesidades sociales, envueltas con grados de violencia (vengan de donde vengan), desordenes, saqueos, incendios, más grave aún, con pérdida de vidas humanas; en este escenario, el Estado de Chile no ha sabido responder los últimos treinta años. Los distintos gobiernos a partir de la vuelta a la democracia no han dado el ancho. Tan importante como una Nueva Constitución es un cambio en la conducta social. Una nueva Carta Magna, por sí, no asegura cambios importantes en mejorar nuestra calidad de vida. Es en este contexto, donde los científicos de este país deben continuar con sus trabajos de desarrollo, aún sin contar con todos los recursos, que por cierto, siempre son limitados. El tiempo encontrará las respuestas de sus actuales trabajos. Recordemos que Copérnico y Galileo, en su tiempo, fueron científicos que sufrieron este síndrome de precustes. La religión cristiana, basado en la Biblia (como sistema), se encargó durante siglos de mantener una venda a todo aquel que dijera que la tierra era redonda, incluso bajo pena de muerte.
Entonces, mi estimado Hugo, podrás notar que los científicos deben siempre luchar hasta lo inalcanzable para que la ciencia sea valorada como tal y al servicio de los hombres.

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