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Tratando al neoliberalismo como adicción

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Creo que un camino para superar nuestra adicción (es decir superar el neoliberalismo, en caso de que hasta ahora no hubiesen entendido la metáfora) es la “reducción de daños”.

Ya no se habla mucho de capitalismo. Claro, los capitalistas no lo tematizan por estar demasiado involucrados en su reproducción, pero ni si quiera desde la vereda crítica se oyen buenas articulaciones. Hablamos más de “neoliberalismo”, como doctrina político-económica, o como período dominado por una idea tal, o incluso como espacio geográfico dominado por esa ideología. Pero en estas formas de hablar se ha perdido mucho de la especificidad con la que se hablaba de capitalismo.

Qué se pierde cuando hablamos de neoliberalismo y no de capitalismo. Por un lado, la noción de neoliberalismo parece carecer de esa connotación intrínsecamente negativa que asociamos al “capitalismo”. Tal vez porque en la caricatura del capitalismo lo que tenemos es a un “capitalista” que explota y subyuga al pueblo. ¿Qué tenemos en el neoliberalismo?, no queda muy claro, podrían ser ideólogos, partidos políticos, diferentes portavoces, todo muy opaco, muy distribuido.

En última instancia en el “capitalismo” había un “ellos” y un “nosotros”, pero en el neoliberalismo no podemos dejar de sentirnos, de alguna forma, implicados. Y esta sensación de implicación nos deja sin una idea clara de lo que deberíamos hacer. Es decir, si “detrás” del neoliberalismo estamos nosotros, entonces la comprensión del neoliberalismo es una auto-comprensión, y la acción contra el neoliberalismo es una auto-agresión. La aparición de esta paradoja parece eclipsar nuestra producción analítica y política.

Quiero pensar en una alternativa a la paradoja, una alternativa que permita describir al neoliberalismo como mal (pese a que nace de nuestras acciones) y que permita imaginar formas de tratarlo y reducirlo. Y creo que una posibilidad es concebirlo y tratarlo como una “adicción”, es decir como algo que todos hacemos porque nos gusta, que pese a ese nos daña, pero cuyo daño podemos, ante todo, reducir.

Entonces, si el neoliberalismo es la adicción que compartimos como sociedad completa, ¿qué hacer? Veamos algunas opciones:

– Abstinencia: Escapar al neoliberalismo, fundar una colonia lejos, irnos al campo y vivir de lo que produzcan nuestras manos. En esta línea tenemos una historia de experimentos sociales fallidos.

– Penalización: Castigar al adicto, meterlo a la cárcel, forzarlo a no consumir más, el camino de Pol pot. O por otro lado eliminar al proveedor, pero sabemos que cuando hay clientes el mercado se las arregla para entregar el servicio.

Creo que un camino para superar nuestra adicción (es decir superar el neoliberalismo, en caso de que hasta ahora no hubiesen entendido la metáfora) es la “reducción de daños”. No lo vamos a eliminar de raíz porque nosotros somos parte de esa raíz, y tampoco lo vamos a dejar crecer hasta acabar con todo, pero vamos a tomar decisiones pequeñas que lentamente lo dejen (al neoliberalismo), sin terreno, o que simplemente le den un terreno, un lugar, para que no se apodere de todo lo demás. Actos cotidianos de confianza, no poner esa defensa en la ventana, comprar en la esquina y no en el Líder, usar la bici y no el auto, confiar en lo público, no tenerle un uso específico a cada peso que ganas, dar tu tiempo, reciclar, que se yo. Hacer un inventario que indique a quien (aparte de tí) le conviene tu estilo de vida y reajustar ese estilo para que le convenga a más gente, a esa gente que nunca gana nada con las acciones de nadie. En ninguna de esas acciones podríamos encontrar la seguridad de estar “acabando” con el neoliberalismo. Pero si la satisfacción de tomar una medida sostenible en el tiempo que reduzca su rango de acción.

En este modelo anti-épico de resistencia ya no hablaríamos de la “transformación estructural” sino de la gradual auto-recuperación de la sociedad, que sería la rutinaria y poco espectacular consecuencia del manejo cotidiano de las decisiones, el producto artesanal e iterativo de nuestras prácticas más vulgares. No habría un “antes” o un “después”, no sería un mundo “nuevo”, sino un mundo creado al ritmo de nuestras acciones.

TAGS: Capitalismo Neoliberalismo

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