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Oda a una generación desanclada

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No contamos con la experiencia de la diferencia entre un pasado politizado, radical y productor de “alternativas” y un presente políticamente clausurado. No tenemos un punto de apoyo en el pasado desde donde enjuiciar nuestro presente.

Nacimos después de la constitución del 80 y si sabemos inglés es porque nuestra conciencia nació en medio de la colonización neoliberal de la economía y la cultura. Nacimos en el “fin de la historia”.

No fuimos parte ni víctimas de la dictadura o de su resistencia. Al menos no directamente.

No contamos con una biografía marcada por la huella de las transformaciones sociopolíticas traídas por el régimen militar, y no hay marcas en nuestra piel o en nuestra psique, al menos directamente.

No contamos con la experiencia de la diferencia entre un pasado politizado, radical y productor de “alternativas” y un presente políticamente clausurado. No tenemos un punto de apoyo en el pasado desde donde enjuiciar nuestro presente.

No somos árboles sino maleza porfiada, creciendo en el cemento. No hubo sol en nuestra fotosíntesis sino rayos catódicos, primero en blanco y negro, luego en color.

El neoliberalismo es nuestra autenticidad. El neoliberalismo ubicuo, como la esfera de Pascal, cuya circunferencia no existe y cuyo centro está en todas partes, incluyendo nuestras mentes y nuestros sueños.

Y ante esto es inevitable un grado de culpa, de sentirnos esencialmente inauténticos, producidos desde fuera, alienados y privados incluso de entender lo que nos aliena.

Es esta culpa la que bloquea nuestro horizonte. Es esta sensación de no tener historia, esa es nuestra debilidad política.

Sin embargo… ya no necesitamos mirar hacia atrás, como el ángel de la historia de Benjamin. No necesitamos obsesionarnos con el pasado, porque no tenemos pasado. No necesitamos un punto de apoyo, un ancla que nos encadene en la nostalgia.

Los vientos del progreso no bloquean nuestras alas, porque nacimos sin alas, somos el producto de la selección natural, podemos desplegarnos ante vientos que soplan en cualquier dirección y si no hay viento, tenemos motor.

Y aunque la culpa nos tiene, no tenemos culpa. Miremos donde miremos vemos sistemas que nosotros no construimos. Y pese a eso (o más bien, gracias a eso) somos libres de esos sistemas.

Y ésta es nuestra fortaleza política: podemos darnos vuelta y mirar hacia el frente, podemos mirar al futuro y abrazar un proyecto, podemos darnos un horizonte al margen de la historia, de esa historia como progreso inevitable. Darnos un proyecto a nosotros mismos, sin culpa, sin nostalgia.


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Comentarios

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Milton Zúñiga

09 de Abril

otro más que habla, sin saber nada de pobreza, sin saber lo que es un campamento, y ni siquiera sabe donde quedan las poblaciones en santiago.

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