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¿Nunca más?

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¿Nunca más? ¿Nunca más qué? Llevamos más de 100 años oyendo el “nunca más” pero las pruebas están a la vista: cada vez que se intenta en este país luchar por los derechos, aparece la represión brutal y asesina. Cada vez que se quiere cambiar el orden establecido de unos pocos abusando de muchos, aparece la represión brutal y asesina.

Si hubiéramos sabido. Estos días todos los que han hablado del mundo político dicen para referirse al 11 de septiembre de 1973 “si hubiéramos sabido”. También dicen que no podían imaginarse lo que iba a pasar, que la culpa la tuvo el presidente Salvador Allende, que fue terrible vivir bajo la UP…

“Es muy sensible que haya sido preciso recurrir a la fuerza para evitar la perturbación del orden público y restablecer la normalidad, y mucho más todavía que el empleo de esa fuerza haya costado la vida a numerosos individuos… el Ejecutivo no ha podido hacer otra cosa, dentro de sus obligaciones más elementales, que dar instrucciones para que el orden público fuera mantenido a cualquiera costa, a fin de que las vidas y propiedades de los habitantes****, nacionales y extranjeros, estuvieran perfectamente garantidas. Esto es tan elemental que apenas se comprende que haya gentes que discutan el punto…”

¿Puede decir a qué se refiere este párrafo? Sí, pareciera que hablara sobre las acciones de carabineros ante una manifestación, ya sea estudiantil o de derechos humanos. Es un párrafo que hemos visto muchas veces, que se repite casi sin variantes todas las veces que se justifica la represión ante cualquier marcha ciudadana. Pero este párrafo no se refiere a algo ocurrido ni este año ni en este siglo. Es el editorial de El Mercurio del  28 de diciembre 1907, y se refiere a la peor matanza que hubo en Chile antes del 11 de septiembre de 1973: la matanza ocurrida el 21 de diciembre de 1907 en Escuela Santa María de Iquique.

A 40 años del Golpe militar de 1973, cuando se revisa la historia de Santa María de Iquique el déjà vu molesta. Al igual que los muertos de la dictadura pinochetista, durante más de 100 años se ha buscado minimizar lo ocurrido en Iquique. Siempre se habla de los 140 muertos, la cifra oficial aunque la verdad sea que en Iquique murieron más de 2000 personas. Tómese en cuenta que la cifra de 140 no la dio cualquier persona, la dio Roberto Silva Renard, el general que ordenó la matanza. Se ha logrado que lo ocurrido en Iquique no sea masivamente debatido ni conocido (aun cuando las demandas están plenamente vigentes), y se logró, con rotundo éxito, que las víctimas no tuvieran justicia. Al contrario, varias de las víctimas que se salvaron de las balas no se salvaron de la cárcel.

¿No pasa lo mismo ahora? Cada vez que se habla de los muertos y desaparecidos desde 1973 la atención se concentra en los cerca de 3.000 del Informe Rettig. Y nada más. Todos los no reconocidos en dicho informe es como si jamás hubieran existido (exactamente lo que se quería al matarlos). Cada vez que escuchamos las justificaciones de quienes apoyaron el Golpe y apoyaron los 17 años de dictadura (que no son los mismos, solo están emparentados), y leemos cómo se hablaba de lo ocurrido en 1907, comprobamos que nuestra clase política de derecha no ha evolucionado desde el Big Bang. Carlos Larraín señaló en el programa “Protagonistas” de Canal 13, del 8 de septiembre de 2013,  “ocurrió un Golpe militar, fue sangriento, hubo abusos, pero estamos juzgando una situación que conocemos. Los del otro lado tenemos que sostener  el juicio sobre algo que no ocurrió. Qué temíamos. Que se instalara en Chile una dictadura socialista al estilo de Cuba. Entonces se juzga una situación conocida, frente a una situación hipotética”. ¿Hay mucha diferencia con respecto a lo que dijo el entonces Ministro del Interior Rafael Sotomayor en el Congreso para justificar lo que pasó en Iquique en 1907? “¿A qué conducen, pues, las expresiones ofensivas contra las autoridades que libertaron al pueblo de Iquique de los desmanes de turbas inconscientes contra la propiedad y la vida de los ciudadanos?… Ellos, impidiendo ese movimiento subversivo, han salvado al país de una vergüenza y de futuras complicaciones internacionales…el instinto de conservación social (de los diputados críticos) debería inducirlos y elogiar y aplaudir su conducta, como un estímulo y un ejemplo digno de imitarse por parte de aquellos a quienes la sociedad ha confiado la defensa de su vida e intereses”.

Sin embargo, más allá de las demasiadas similitudes entre lo ocurrido en Iquique y el 11 de septiembre, lo que realmente preocupa es que ninguno de los dos hechos sean aislados. Antes de 1907, el siglo XX se inaugura con la matanza obrera de 1903 en Lota y Valparaíso. No era la primera, de hecho a finales del siglo XIX las huelgas se sucedieron una tras otra, siendo reprimidas con mucha dureza. La de 1903 no fue la excepción: murieron más de 100 personas, a los que hay que sumar a los muertos en la huelga de ese mismo año en las minas de Puchoco-Rojas y Boca Maule en Schwager, asesinados por el pelotón del Regimiento Chacabuco de Concepción. Luego tenemos la famosa (al menos para los historiadores) huelga de la carne de 1905, la búsqueda de abolir un impuesto que impedía que la gente común pudiera comer carne. Murieron entre 200 y 250 personas.

Llevamos 3 matanzas  solo en el siglo XX, ¿qué lección se aprendió de ellas? Ah, sí, la de que cada vez que hay manifestaciones sociales, había que acuartelar a las fuerzas armadas, como se hizo en 1906 en Antofagasta, cuando los trabajadores del ferrocarril hacia Bolivia se fueron a huelga, que termino con más de 60 muertos.

Luego de la matanza de la Escuela Santa María, ¿se aprendió la lección de que los trabajadores merecen respeto y condiciones dignas para trabajar? No. Así que en 1919 tenemos otra huelga, la de Puerto Natales (la rebelión de los tirapiedras), que es preludio de las matanzas que ocurrirán en el lado argentino, y de la de Punta Arenas de 1920.

La “amenaza comunista” comienza a jugar un rol en otra matanza especialmente cruel, la de La Coruña de 1925, relacionada con otra matanza, la de la Oficina San Gregorio de 1925 en que murieron 65 obreros. Pero la de La Coruña tiene ese déjà vu molesto con el 11 de septiembre de 1973, porque aquí tenemos influencia extranjera directa para masacrar a los huelguistas (en este caso británica), demandas sociales que para los oligarcas eran inaceptables (aumento de salarios conforme al alza del costo de la vida; mejoramiento de las condiciones de trabajo; nacionalización de las oficinas salitreras; cambio de algunas autoridades con un comportamiento antiobrero; reconocimiento de los derechos sindicales; término de las brutalidades contra los obreros; etc); el culpar a los comunistas y tratarlos de “agitadores” (sinónimo de los “extremistas” de la época de Pinochet); una conspiración contra la gente… y el peor déjà vu: dos mil obreros y sus familiares muertos.

¿Lecciones aprendidas? Ninguna, solo se aprendió a reprimir con más eficacia. Así queda claro en la “Pascua trágica” de Copiapó y Vallenar en 1931, la matanza de campesinos en Ranquil y Lonquimay de 1934, la famosa matanza del Seguro Obrero de 1938… hasta que llegamos al Ariostazo de 1939, otro antecedente directo de lo ocurrido el 11 de septiembre de 1973. Y ese déjà vu vuelve a surgir, porque tenemos a un militar (Ariosto Herrera) que decide dar un golpe militar contra el “régimen comunistoide del Negro Aguirre”, conspiración fraguada por Carlos Ibáñez del Campo (como la de 1973 tuvo como cabecilla a José Toribio Merino) y (sorpresa) gente vinculada a la derecha, todos encarcelados o relegados.

La masacre de la Plaza Bulnes de 1946, responsabilidad del entonces vicepresidente Alfredo Duhalde (el presidente Juan Antonio Ríos agonizaba) fue un “error”, porque al producirse nuevas protestas en las pulperías salitreras (debido a que en 50 años no se habían tomado en cuenta las demandas de los trabajadores), su solución fue anular la personalidad jurídica de los sindicatos de los mineros. Estos llaman a un mitin en la Plaza Bulnes, que termina con el asesinato de 6 personas y cientos de heridos.

Llegamos a cuatro matanzas especialmente importantes que anulan cualquier credibilidad del “no sabíamos lo que podía pasar”: la primera es la Batalla de Santiago, las protestas celebradas entre el 2 y 3 de abril de 1957 y que terminaron en enfrentamientos con la policía que dejaron un veintenar de muertos, y (que curioso) con Chile en Estado de Sitio y el ejército en la calle. Cada vez que se habla de lo malvado que fueron los socialistas durante la UP se olvida contar que la radicalización comenzó después de esta masacre, que fue seguida de la masacre de la Población José María Caro de 1962 (de la que se cumplen 51 años en noviembre), en que el ejército disparó contra personas desarmadas que participaban en el Paro Nacional de la CUT para evitar el paso de vehículos y del tren. Murieron 6 personas.

Llegamos a la masacre de la minera El Salvador de 1966. La Democracia Cristiana, que estos días ha estado tan activa para negar cualquier relación con el Golpe de 1973, tiene a su haber dos masacres. Esta es la primera: se dio orden de atacar a trabajadores y sus familias en huelga que se encontraban en el interior del local del sindicato obrero por tropas militares. La orden la dio Juan de Dios Carmona, que entonces era Ministro de Defensa… el mismo Carmona que en junio de 1976 renunció al partido  tras su decidido apoyo al Gobierno de facto del general Augusto Pinochet… y que luego sería fundador de Renovación Nacional y cabeza de la Comisión por la Recuperación de la Verdad Histórica formada para defender a Pinochet.

La segunda es la matanza de Puerto Montt de 1969. “¡Ay, que ser más infeliz el que mandó disparar,  sabiendo cómo evitar una matanza tan vil!” canto Víctor Jara. No sabía que sería una de las víctimas de una matanza peor, la larga matanza de 17 años que comenzó el 11 de septiembre de 1973.

¿Nunca más? ¿Nunca más qué? Llevamos más de 100 años oyendo el “nunca más” pero las pruebas están a la vista: cada vez que se intenta en este país luchar por los derechos, aparece la represión brutal y asesina. Cada vez que se quiere cambiar el orden establecido de unos pocos abusando de muchos, aparece la represión brutal y asesina. Y llevamos 100 años oyendo y leyendo que la culpa de esa represión siempre la tienen los que se fueron a la huelga o se manifestaron “luchando por el derecho de un suelo para vivir” como dijo Victor Jara. Nunca la tienen quienes se han dedicado a abusar de los trabajadores, campesinos, obreros por unos cuantos dolares.

Cada matanza ocurrida en Chile, incluso las de Pinochet, fueron evitables. Todas. Excepto para quienes las perpetraron y para quienes conspiraron. Y mientras persistan en el poder quienes creen que este orden socio-economico no debe cambiar, volveremos a tener otra matanza, porque la gente no dejara de luchar y no dejaran de reprimirla. No existe el “nunca más” que no implique un cambio real.

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Foto: Memoria Chilena

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Comentarios

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11 de septiembre

Marcela Castro
Le agradezco la clase magistral que nos ha ofrecido.
Como administrativo, trabaje varios años en un centro avanzado de estudios de las ciencias sociales. En el gobierno pasado escuché que habría incentivo para estas áreas del conocimiento, al parecer el asunto quedó en nada.
Hoy día, tal vez por la coyuntura, más que nunca valoro la intensión…al parecer y lamentar que dicha promesa halla quedado hasta ahí no más.
Para este país de tan corta memoria. Su columna me hizo estremecer, a mi juicio ridiculiza aquello de “nunca más” se repitan esta cosas.
Modestamente pienso que su extracto debería ser el inicio de un estudio que tienda a una profunda transformación democrática de nuestras instituciones especialmente las fuerzas armadas.

12 de septiembre

Pues yo le agradezco Alberto que la haya leido porque no es precisamente muy positiva que digamos 🙂

Mucha gente, afortunadamente, no tiene mala memoria, y han impedido que estos hechos queden totalmente en el olvido. Mi columna tiene implicito un homenaje a esas personas (historiadores, periodistas, estudiantes, personas que cuentan su experiencia), porque sin ellas, sin su empeño a no olvidar, estas situaciones serian ignoradas y nos creeriamos el tan manoseado “nunca mas”.

En lo que discrepo es en la transformacion de las instituciones. Las fuerzas armadas no son las que tienen que transformarse (personalmente creo que deberian desaparecer), son nuestras instituciones politico-economicas. Cuando se ordena desde un sillon ministerial disparar contra gente que se manifiesta por una jornada laboral de 8 horas, ¿como alguien puede dar esa orden? Hay episodios en que las fuerzas armadas se niegan a obedecer esa orden y se busca un batallon o cuerpo de marinos o de carabineros que cumpla esa orden. ¿Y por que? ¿Para proteger los intereses de unos empresarios explotadores?

Me gustaria trabajar en este tema, pero se necesita a mucha mas gente que lo haga, que reconstruya esa parte de la historia que se quiere que la olvidemos. Gente que no tenga ningun drama en poner las cosas como son y llamarlas como son, porque este lado de la historia no deja bien parados a varios politicos que creiamos que eran mejores 🙂

Francisco Retamales

12 de septiembre

Excelente columna, ayer la leí en internet en el sitio de la Fundación Democracia Activa. Mis felicitaciones.

12 de septiembre

Gracias 🙂

13 de septiembre

Marcela
Lo que expreso en estas líneas es parte de una respuesta a una columna de don Ricardo Lagos.
Estoy de acuerdo, solo que para el caso de las Fuerzas armadas que le parece el camino medio, no igual pero parecido a Suiza, Costa Rica, la idea es que sea más del pueblo, como la Universidad de Santiago, je, je, todos compartiendo los mismos casinos, nadie hace cuestión por los apellidos, Sistema previsional parejito, etc.
El problema es la tecnología, no tengo duda que es singular, bien utilizada, podría ser una herramienta de poder muy efectiva, solo que habría que desplegarla en otro país..
Lamento confesar que en nuestro país cuando el ejemplar asume un mando, curiosamente se enferma de sordera, queda miope, con la vocal, esa sí que adquiere extraño dinamismo. Desde hace bastante tiempo que estoy por creer este asunto, porque de haber alternativa esta me costaría aceptarlo: corrupción, mal entendederas, falla en la unidad de lógica, grave confusión de prioridades (proyectos adormecidos mientras ellos discuten acaloradamente sobre el hilo curado)

Cuando lo medios, redes, movilizaciones alegan desaforadamente por algo y por mucho tiempo, estos ejemplares de nuestra política manipulan los petitorios transformándolos, maquillándolos hasta terminar neutralizando la pedida en lúgubre y dudosa desenvoltura.

Conforme estos genios continúen en el Congreso con su obscuro proceder, que las Redes bien conocen, demasiado tarde vamos a terminar reaccionando como el pueblo egipcio, ni que decir Siria, para entonces estos genios se cruzarán de brazos y mirarán para arriba traicionándose a si mismo, afirmarán no entender nada. Años del levantamiento pingüino, todavía hay políticos de larga trayectoria que reniegan mascullando ¿que quieren estos jóvenes?
Algunos ejemplos de temas abordados en las redes por años:
Distribución del poder y los ingresos, educación gratuita con reforma tributaria, nueva Constitución. desprendimiento de nuestros bienes naturales, algunos a PERPETUIDAD, al parecer solo nos queda el aire.
Cada cierto tiempo “requetecontra” los pobres…¡No se nos ha perdido ninguno!
La constante fluctuación del valor de los combustibles, es utilizada por los genios como censor de la resistencia psíquica del pueblo. Los genios tratando de evadir responsabilidades afirman que los precios no los pone Chile, vienen del exterior. ¡Nadie que yo sepa ha dicho lo contrario!. Se inmolan antes que reconocer su estoicismo.
Un ejemplo clarificador, EL ALERCE
La historia cuenta: Antes de la Independencia de Chile, (cuando existían los “Cachupines) un gobernador en territorios extremos, fue denunciado por robo de alerce. Al no existir las redes de hoy día, la respuesta del rey de España, 4 años, lo eximió de pena. Desde aquel siglo seguimos denunciando el robo del alerce.
Un abrazo

13 de septiembre

De acuerdo totalmente 🙂

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