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De zombies, élites y relojes: La presencia del mito en la actualidad

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El mito es en esencia megarrelato, el guión detrás del gran filme interactivo que nos toca representar todos los días. Se nutre de opuestos, contiendas y tensiones que sostienen el andamiaje de todos nuestros valores. Intenta señalarnos un camino, darnos una respuesta, proponernos un panorama.

¿Qué se nos viene a la cabeza cuando pensamos en “mitos”? ¿Dragones, gigantes o héroes del deporte? ¿Sirven para algo que vaya más allá del soñar despierto y embotar el cerebro en desmedro de la producción esperada? ¿Qué podemos sacar en limpio de sus enseñanzas en nuestro diario quehacer?

Joseph Cambpell – el famoso mitológo norteamericano que inspiró a George Lucas a compartir sus galácticos personajes a través del cine – afirmaba que “el mito es a los pueblos lo que el sueño es al individuo”. Los personajes mitológicos no son sino proyecciones colectivas de quienes habitan nuestro inconsciente. Y de la misma forma como el diván del psicoanalista procura orientar la pregunta de cada uno hacia un objetivo de vida, el mito intenta mostrar un camino al hombre en cuanto colectivo.

Sin embargo, tras la muerte de las ideologías y la agonía espiritual en el Occidente contemporáneo, parece a simple vista que el megarrelato mítico perdió todo rumbo. El zapping de canales se impone sobre el filme completo, saturado de comerciales y spam. Queda preguntarse con justicia si aún existe en pleno siglo XXI un común denominador tras el relato oral de cada individuo, capaz de dar cuenta de su entorno, anhelos y temores.

Sin pretender dar respuestas absolutas frente a tan insondable problemática, creemos que ciertos símbolos y arquetipos parecen explicar la actual situación de desamparo en que nos encontramos hoy.

1. La pérfida élite tras las sombras de la “Realidad”
Uno de los recursos favoritos de quienes ponen en entredicho la versión oficial de la Realidad que se nos presenta es la teoría de conspiración. El individuo común y corriente se encuentra desamparado y desnudo frente al Sistema, argumentan varios. O se le combate o se le defiende. Pocos quieren sucumbir derrotados ante sus enormes pies.

Y es que combatir o defender al Sistema pasa primeramente por reconocer un adversario, el tapón entre el Cielo y el Infierno. El opresor invisible que representa todo lo que el individuo no es: la cara tras el parabrisas del bulldozer, las sombras que se mueven tras los vidrios polarizados de la sala de interrogatorios o de la entrevista de trabajo, según la suerte de cada uno.

El sospechoso Otro que nos vigila no parece tener corporalidad definida, pero se presume compuesto de una racionalidad múltiple, que se nutre de consensos y opera en equipo, colectivamente. Se intuye de él cierto grado de omnipresencia, pudiendo estar en lo más alto de la sociedad, o bien espiando en las esquinas más oscuras de nuestro barrio.

Lo creemos todopoderoso, invisible y lejano a las aspiraciones del ciudadano común, a pesar de estar representados por impecables sonrisas o afiladas navajas, que en todo momento se pasean frente a nuestras narices, sin que podamos dar cuenta de sus reales intenciones.

Puede adoptar las formas más diversas, según el disfraz que quiera darle cada persona: puede tratarse de un pérfido club de magnates que juegan Monopoly con nuestros ahorros; una vanguardia consciente de resentidos frente al capital que preparan una cruel venganza contra el burgués obediente; o una especie de pícaros extraterrestres que se disfrazan de nosotros para engañarnos, dividirnos y esclavizarnos.

Más allá de la burda caricatura, una profunda confusión nos abruma de cara al Sistema. Mientras más nos desinformamos, más acabamos culpando a otros de nuestras desdichas. Esos “otros” no son sino el grupo de “cucos” de nuestros armarios infantiles, listos para abalanzarse sobre nosotros tras el más mínimo descuido.

2. El ocaso de los Héroes tras la muerte de Dios
Con un Dios estéril puesto en cuidadosa criogenización, nos restan héroes capaces de afrontar al Sistema. El héroe-semidiós también se encuentra ausente, y casi no lo reconocemos más allá de sus estatuas manchadas de estiércol aéreo, caricaturas en billetes o posters de revista quinceañera.

Peor aún, ni los anti-héroes son capaces de representarnos más. Al romántico y trágico detective privado de los filmes negros de los 50´s se le impide hoy fumar a destajo y fisgonear demasiado en asuntos que no le competen.

Hoy sólo nos queda una imitación barata de heroísmo como figura de cierta admiración: los medios nos ahogan diariamente con una pléyade de ídolos prefabricados, que no hacen otra cosa que seguir generando más ganancias al impersonal Sistema, alienando millones tras la promesa del placer fácil, el triunfo pasajero y la fama superficial.

Ya no hay tiempo para buscar la gloria: nos parece lejana, arcaica y poco rentable. Es mucho más deseable en el corto plazo la fama, y en el largo una jubilación decente y dar a nuestros chicos más y más cosas materiales. Ya nadie piensa en el Cielo y el Infierno, y sin embargo, los vivimos diariamente sin darnos cuenta.

3. La voracidad de Cronos se ha acelerado
Como nunca estamos sintiendo que el tiempo, más que pasar volando, nos está haciendo daño. Nos hiere y nos muerde ferozmente a un ritmo inusitado. El individuo occidental, en su cotidiano relacionamiento con sus pares, lo hace notar frecuentemente, y no quiere darle mayor importancia – pese a que lo angustia – para no ser tildado de “loco”.

Es justamente esa impotencia del individuo por tomar conciencia e intentar detener el reloj por unos instantes lo que está debilitando su cordura. El ocio genera censura social inmediata, por considerarse dañino y potencialmente contagioso.

Nuestra supuesta libertad frente a la incesante obligación de producir sólo la tenemos un par de semanas, cuando se nos conceden vacaciones o feriados. Para el desempleado que sufre buscando suplir las necesidades básicas de su familia, todo lo contrario.

No logramos emanciparnos del pasado ni pretendemos ser señores de nuestro porvenir. El presente, para colmo, se nos hace insufrible y rebelde: ensillarlo y tenerlo bajo control es de por sí una proeza digna de mérito, un acto verdaderamente heroico.

4. La “zombificación” de las masas
Haití es en nuestros días la nueva Transilvania. Donde antaño nos sedujeron y espantaron por igual vampiros sedientos de sangre y sexo – que se abalanzaban sobre sus víctimas llenas de vida para nutrirse de su impulso vital – hoy nos persiguen en sueños, películas, series de televisión y videojuegos los famosos zombies, que bastante poco tienen que ver con sus ancestros originales venidos del folklore vudú de la parte más pobre y exótica de la Isla de La Española.

Hemos asistido en los últimos años noticias aterradoras y surreales que nos hablan de canibalismo aleatorio en grandes urbes de Occidente. Las “sales de baño” en EE.UU. y el “krokodil” en Rusia, más que drogas terribles que afectan a individuos alienados en busca de nuevas emociones, refieren directamente al acto de la mordida de un zombie sobre la nuca de la sociedad espectadora.

A diferencia de su pariente centroeuropeo, el zombie es en esencia un mendigo de alma, un andrajoso carroñero que se abalanza sobre los vivos para convertirlos en muertos malolientes de espíritu como él. Atrás quedó el glamour y la peligrosa seducción del Drácula de Bram Stoker. Hoy la premisa es consumir carne fresca indiscriminadamente, con predilección sobre los cerebros más que los cuellos.

El depredador zombie no tiene identidad, y puede ser cualquier hijo de vecino que fagocitado por el sistema, se torna masa acrítica, descerebrada y rutinaria. Ya sea trabajando codo a codo en cubículos corporativos o ensuciando con su pestilente falta de seso manifestaciones sociales legítimas en calles y redes sociales, el zombie representa lo más bajo de la escala evolutiva humana: parasita, se reproduce y se descompone. No busca vivir, sino alimentarse del halo vital de los pocos individuos “sanos” condenados hoy a correr y esconderse para salvar el pellejo.

5. ¿Una incómoda esperanza?
La esperanza siempre será lo último que se pierde. Este es un hecho innegable de la existencia humana. Siempre esperaremos. Está en nuestra naturaleza proyectarnos hacia el futuro y tratar de llevar las cosas a mejor puerto.

No precisamos de un complejo aparato de creencias para depositar nuestras fichas a un porvenir más auspicioso. Pero es claramente la ansiedad y falta de paciencia lo que nos imposibilita dar cuenta de nuestros anhelos.

Desear lo mejor para el Mundo es de la boca para afuera en la mayoría de los casos, pues todos queremos siempre salvar la vida antes que salvar al Mundo, incluyendo a los billones de prójimos en tan dispar situación. Esa desesperada sumatoria de mezquinos anhelos personales no nos satisface del todo: esperamos recibir antes que dar el tiempo todo, y eso es justamente lo que convierte nuestro entorno en un ring de boxeo.

¿Es demasiado pesimista este panorama de cara al siempre cambiante entorno psicosocial, dominado por el consumo masivo de productos desechables y liviandad pasmosa frente las necesidades más sublimes de la Humanidad? En el mito ciertamente podemos encontrar respuestas que nos lleven a reflexionar sobre nuestro Presente, y está en cada individuo como Recreador del Mundo traer estas imágenes a su vigilia consciente, para no sucumbir justamente a la creciente falta de sentido de la vida contemporánea.

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31 de mayo

A propósito de zombies, invito a leer la interesante columna de Marcela Castro, titulada “The Working Dead” http://www.elmostrador.cl/opinion/2013/05/31/the-working-dead/

hectot

31 de mayo

interesante scanner de nuestra realidad, el paradigma de hoy nos atormenta y parece que solo refugiarnos en los mitos. nos ayudara a escapar de esta adngustiosa reaslidad. respecto de los zombies ¿hay ajgo mas decadente y chanta que el tema de los zombies?porque los. traemos a colacion?o estamos tocando fondo como sociedada?ojo el vaso esta medio lleno…

01 de junio

Estimado “HECTOT” (supongo que quisiste digitar “HECTOR”, pero a lo mejor unos zombies golpeando tu ventana te apresuraron a digitar bien el nombre):

Efectivamente, este articulillo busca escanear la realidad de cara al mito. Siempre me pregunté respecto a los griegos, que cómo era posible que un pueblo que desarrolló las ciencias exactas y la filosofía de forma tan profunda y prolífica en la Antigüedad, fuese capaz a su vez de constantemente visitar oráculos de la suerte y creer que existían centauros, sirenas y cíclopes.

Fue cuando me enteré que los griegos tenían bien equilibrado su consciente con su inconsciente colectivos cuando llegué a entender un poco más de esto. Tanto el “logos” como el “mythos” para los antiguos griegos explicaban la Realidad en su totalidad, y ninguno de los dos se imponía con su verdad sobre el otro. La tenían bien clara en vigilia y cuando dormían, algo que lamentablemente tenemos divorciado en nuestros días, a saber, nuestros sueños y anhelos versus nuestras acciones que buscan de forma práctica llevarnos el sustento a la mesa.

Respecto a la supuesta decadencia y “chantericia” – ¿cuál sería la forma etimológica más acertada de la cualidad de ser “chanta”? – de los zombies hoy, creo que detrás de tanta insistencia en su imagen subyace un importante mensaje de crítica a nuestra sociedad actual, ya desarrolladas en el punto 4 de nuestro artículo.

De que estamos tocando fondo como sociedad, ciertamente ello es correcto. Pero es desde el fondo podrido de la mezcla donde se extraer la cura, el elíxir de la inmortalidad (recordando a los alquimistas).

El vaso está medio lleno o medio vacío, según del punto de vista que se le mire: pero no podemos negar que el vaso existe, y todos queramos o no tenemos que beber de él.

Saludos

03 de junio

Gracias por leer mi columna. 🙂

Ya habia leido la tuya antes que lo sugirieras, Alberto, lo que pasa es que me abruma el pesimismo. No es que en sí sea pesimista la columna, sino que esta esa idea subyacente que estamos inmersos en un circulo vicioso que por mas que sabemos que es negativo no lo podemos romper, y eso es agobiante.

No es que mientras mas nos desinformamos más acabamos culpando a otros de nuestras desdichas. Creo que la apatia por informarse nace precisamente de que mientras mas sabemos mas concientes somos de que estamos muy embarrados. Y llega un momento que es un “ya basta, no quiero saber mas” porque te das cuenta que para cambiar las cosas ya no bastas tu, necesitas que los demas tambien colaboren. Es lo peor del capitalismo: nos creo el mito de que somos independientes, que somos libres para hacer lo que queramos si nos lo proponemos… y no es cierto, siempre estaremos limitados en nuestras posibilidades por los demas, porque necesitamos a los demas.

Si no somos la mayoria lo que queremos romper con este circulo vicioso, al final uno termina fagocitado por el. La apatia de quienes lucharon contra la situacion y luego se aburrieron de luchar es peor de la de los resentidos habituales, porque esa apatia nace de la decepcion de darse cuenta que hay una masa a la que el circulo vicioso le acomoda.

Y no se si es conspiracion, pero es un hecho que al grupo de elite y poder esa masa no solo la conoce bien, sino que la alimenta bien. Eso lo veo en la television: la chilena es un calco de la italiana o de la gringa o de la española. Los supuestos noticieros son iguales: las mismas noticias, las mismas palabras. Este mundo no es tan chico para que en canales de paises que estan a diferente distancia den las mismas noticias internacionales en el mismo orden, con las mismas imagenes y con las mismas palabras. Claro, luego uno entiende por que cuando se entera que ya no hay periodismo, lo que hay son agencias de noticias, que seleccionan lo que queremos que sepamos, agencias que no son independientes (salvo Inter Press Service) porque o son de holdings empresariales o son de corporaciones empresariales que no quieren dar cobertura a aquello que los pueda perjudica. En todos esos canales, por ejemplo, ya no hay analisis internacional, no porque la situacion internacional no merezca ser analizada, sino porque las noticias internacionales son para mostrar desastres: lo mal que estan en China, lo mal que estan en Afganistan, lo mal que estan en Brasil o en Argentina, para luego poner “en nuestro pais se inagura una nueva avenida”. Es la misma estrategia en Chile que en España y en Francia y en Gran Bretaña.

La cuestion es tratar de no sentirse agobiado ni permitir que la masa ya acomodada en este circulo lo atrape a uno. Pero jope, a veces la tentacion es fuerte, porque ese circulo a veces lo presentan tan bonito :), solo el entender y decirle al resto que esa comodidad tiene un precio demasiado alto es lo que tal vez nos mantenga fuera de el

Pablo Fernandez

17 de agosto

Hola Alberto, muy bueno, completo y fundamentado tu articulo. Por mi parte no soy un profesional de la escritura, sin embargo escribí algo al respecto, en mayo de este año para darle una opinión a mi hijo sobre el tema Zombis. Me resulto significativo que haya otros que piensen sobre el tema, sin animo de ofender lo incluyo más abajo como intercambio de miradas…
Un cordial saludo.

Sobre zombis, caminantes o muertos vivos

Hace unos días compartí con mi hijo Leonardo, el primer capítulo de una serie de TV sobre “muertos vivos”.

De algún modo mi interés era compartir algún momento con él y secundariamente ponderar si era una temática digna para su esparcimiento.

La historia sobre estos “caminantes”, no fue elegida al azar, él la propuso, pareciera estar de moda entre niños y adolescentes, hay películas, juegos, obviamente series y el mercadeo que todo esto genera.

La “tira” en cuestión, más bien el primer episodio, consiste en la historia de un policía que luego de ser malherido haciendo su trabajo, queda un tiempo indeterminado en estado de coma.

Cuando de repente se “despierta” y sin saberse cómo, las ciudades han sido abandonadas y estos zombis andan deambulando y queriendo comerse a los pocos humanos que se ven. La eventual mordida de unos de estos seres te pasa para su lado, similar al argumento del “lobizón” u hombre lobo…

Seguramente a lo largo de los distintos capítulos se arrojará alguna explicación de qué fue lo que sucedió y tal vez ronde las distintas teorías apocalípticas del momento (nuclear, virus, desastres naturales por contaminación, etc., etc.).

Tiene el ingrediente, como en general poseen las historias que continúan, de dejarte “enganchado” en una escena que se resolverá únicamente si ves el capitulo siguiente. Además del ordenamiento al que llaman “temporadas”, es decir algún tipo de medición cronológica dentro del año que explica cuánto hace que se están emitiendo.

No puedo agregar mucho más sobre la estética y la calidad de las escenas que no sobresalen, pero tampoco son pésimas.

A grosso modo éste es un poco el contexto…

Qué conclusión saco de esta temática en general y de la serie en particular, la escribiré sin ninguna otra pretensión que ordenar lo que pienso…

No puedo abandonar mi punto de vista en las conclusiones, que es básicamente Humanista y como tal no violento. No creo necesario que por tratarse simplemente de una serie de TV o de la postura de un padre ante su hijo, deba abandonar la “mirada” que cultivamos en el siloismo. Aunque lo que surja aquí será mí interpretación individual y no necesariamente compartida por otros.

Debo reconocer que mientras mirábamos las imágenes fui observando atmosferas conocidas, es decir venían a mi presencia temores, alertas, en definitiva distintos tipos de tensiones conocidas. Del mismo modo cuando cada escena desembocaba en la provisoria distensión, parejamente algo así llegaba a mi interior.

Si bien se tiende a exagerar todo en estas series, con las imágenes, la música, etc. se favorece que uno se “conecte” con lo que se ve y de algún modo lo “viva”. Sin embargo no soy de los que creen que las imágenes de tv, cine, etc. inducen comportamientos o estados de ánimo, dado que los espectadores no somos receptáculos vacios. Aunque no subestimo su influencia, aclaro por cierto que no pretendo agotar aquí todo este tema.

Es sabido que a los productores les interesa mucho, saber si sus realizaciones van a funcionar, además admiten no saber porque algunas obras funcionan y son éxito y otras no. De algún modo reconocen que tienen que producir algo en el “publico” y éste secreto no es fácil de develar.

Creo más bien que todo esto trabaja sobre emociones, expectativas, deseos, etc. que son parte de uno y en general de todo el mundo y que actúan como “cajas de resonancia”, de factores que ya se está sintiendo en las poblaciones, incluso las salidas o resoluciones que tienden a fortalecer también provienen del mismo lugar…

En el caso de la temática que nos ocupa hay que destacar que por lo menos desde los años 70 que se vienen intentando instalar estos argumentos de zombis y que recién en los últimos años han pasado de las categorías más bajas del cine a un lugar de mayor destaque.

Quién se imagina y escribe o produce estos “contenidos” no vive en otro planeta. Se nutre del mismo lugar, del mismo “paisaje humano” (1) que van construyendo “las miradas” (1.1) de los bien pensantes y especialistas, ellos hacen y propagan descripciones del mundo y del momento actual en los distintos campos.

Muchos de estos argumentos, luego son aceptados por las poblaciones…
Por alguna misteriosa “resonancia” sucederá esto no?

Se podrá decir sobre el asunto, que son modas y se creerá así estar en paz con el universo. Pero si es tan corta la reflexión, quizás así también será la paz que se alcanzará con esa postura.

Por ejemplo, me pregunto:

Con qué función están cumpliendo todas esas imágenes violentas y su búsqueda de alivio o distensión?

Esa atmosfera de ciudades que los humanos pierden a manos de los muertos vivos acechantes, y donde el pánico irrumpe como espesa neblina, se parece en algo a lo qué pasa en algunas ciudades en algunos momentos?

No será que sirven de catarsis (2) de la atmosfera de temor a la que somos empujados cotidianamente y que los medios masivos amplifican?

En todo caso, para mí, lo más destacado a considerar es la manera en que se alivian las situaciones, pues muestran una sola vía. El único modo de distensión posible en medio de un clima de ciudades hostiles, es dándole un tiro en la cabeza a esos sub humanos, con los que no se puede ya hablar ni razonar. No hay ya posibilidades de dialogo y estos seres quieren algo de nosotros, quitarnos algo que nos pondrá en su mismo lugar en pocas horas…

Sabemos que en algunos lugares de USA por una coyuntura histórica hoy se generan “productos culturales” algunos de estos resuenan con algo que se vive y está en las calles, quiero decir que es reconocible por la gente. Pero lamentablemente fortalecen e imponen también lo que imaginan como solución…
En “el país del rifle”, muchos no están viendo otro modo de arreglar lo que pasa que a los tiros. Semanalmente nos llegan noticias que ya dejan de ser anécdota para convertirse en tendencia de este proceder…

Creo que es importante hacer el vacio a estas soluciones e imaginar y proponer salidas evolutivas a los conflictos que hoy se abaten en la mayoría de las ciudades. Gente viviendo en las calles sin abrigo, comiendo de la basura, robos de infinidad de modalidades, drogas blandas, duras y legales, alcoholismo, insomnio, suicidio, guerras absurdas, mucha muerte, mentira institucionalizada, etc., etc.

Todo esto lo podemos considerar como una gran crisis, hoy de alcance mundial y como tal tiene implícita, una mundial posibilidad de cambio!

Es mi convencimiento y creo el de muchos que si la dirección del mundo cambiara, tendría su manifestación en cada barrio y en cada individuo y por supuesto en sus producciones en el mundo.

Es la “mirada” de los poderosos a veces compartida por mayorías la que le otorga un significado y una solución a este estado del mundo.
Es claro que se están equivocando, es necesario un cambio. Seguramente será avanzar hacia una mejora nunca vista en las condiciones de vida de los pueblos, estos avances deben ser de todos y para todos. Pero esto será posible si sobre todo hay un cambio en la “mirada”.

Exijamos lo que es para todos!!!

Pero sobre todo pidamos por un cambio en la Mirada!!!

Pablo Fernández
Mayo 2013

(1)(1.1) Mirada, Paisaje Humano: conceptos desarrollados magistralmente por Silo, en el libro “El Paisaje Interno”. http://www.silo.net

(2) Catarsis: Descarga o alivio de tensiones internas.

Catherine

14 de septiembre

Excelente artículo. Hice una platica de biopolitica y hbale de walking death y la zomvificacion y búsqueda dr la institución adecuada. Tambien otra con el referente de Jacques Attalli respecto al tiempo y la música como reformadora y creadora. Yo resumo que nuestro mayor problema es el miedo a despertar y crear. Vivimos en un pasado porque faltan herramientas formativas para hacer frente a nuestro presente. La ignorancia nos va a jalar hacia abajo cada vez más porque ni sufrimos guerras dislocadoras ni una calidad de vida es solo un permanente mal.estado.

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