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Las siete vidas de la Concertación

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Lo que conocimos como Concertación hace veinte años ha dejado de existir. La Concertación que fue derrota electoral y políticamente hace un poco más de dos años también ha dejado de existir. Cuando lo tiempos y las coyunturas cambian, es evidente y necesario que también lo hagan las fuerzas políticas. Las demandas de ayer, no son las de hoy. Y por tanto, las coaliciones políticas tampoco pueden ser las mismas.

La Concertación ha transitado en el último tiempo en la delgada línea que separa la vida y de la muerte; el ser del no ser, la victoria de la derrota, el pasado del futuro y los viejos de los nuevos liderazgos. Un caminar complejo y lleno de dudas y temores.

Sin embargo, lo único evidente es que se aproxima otro proceso electoral –las municipales de octubre- y la Concertación es nuevamente una de las listas en competencia y sus partidos –miembros del duopolio- siguen hegemonizando –junto a otros actores- el proceso político chileno. Este es un hecho concreto y contundente. Todavía tenemos Concertación.

Agotada, moribunda, llena de tensiones internas y desorden, sin liderazgo y más cerca del abismo que de la certeza sigue marcando pauta en el escenario nacional. Lo relevante es que –a pesar de todas sus crisis- sigue vigente, con buen nivel de competitividad y serias posibilidades de volver a La Moneda. El día a día ha echado por tierra la tesis “repetida” y “deseada” de que se trata de una coalición que “ya no existe”. La dan por muerta, la quieren muerta y anuncian su muerte una y otra vez. Sin embargo, sigue viva; y lista para la competencia –y para volver a La Moneda-.

Hay un elemento fundamental que explica porqué todavía hay Concertación a pesar de los desencuentros –políticos y legislativos-, de las peleas, de las desilusiones, de las traiciones, de las agendas particulares, de las crisis y de la derrota. La razón es que la Concertación de Partidos por la Democracia es, ante todo, un pacto político-electoral que agrupa a las fuerzas políticas del centro y de la izquierda del país. Eso es lo sustancial y lo definitivo. Mientras exista esa alianza habrá Concertación. En rigor, da lo mismo como se llame. Insisto, lo relevante es el encuentro político de la centro-izquierda.

En este hecho encontramos la identidad fundacional de la coalición. Sin embargo, hay siete razones que fortalecen hoy esta alianza histórica.

1.

La posibilidad cada vez más concreta de volver a La Moneda. Para muchos este es el principal factor que mantiene la unidad de la coalición. Partidos con vocación de mayoría y de poder no van a perder esta nueva oportunidad. En este escenario, la lógica del largo plazo se impone a la de corto plazo.

2.

La amistad, entre muchos de sus dirigentes -construida en muchos años de trabajo en común- es un elemento que también contribuye a la unidad. Sin duda, hay deferencias entre sus miembros; pero, también hay relaciones de amistad que generan condiciones para la unidad política.

3.

La convergencia para operar como oposición en el parlamento –a la hora de votar los proyectos y a pesar de los bochornos-, es otro elemento que contribuye a la unidad. Más aún, esto se debería ver fortalecido con la vuelta al gobierno y la necesidad de impulsar el “relato de la igualdad” desde el parlamento; y en el contexto, el ajuste en proceso entre coalición y sociedad civil.

4.

La historia común por recuperar la democracia y los veinte años de gobierno son elementos que también ayudan a mantener la unidad de la coalición. Es cierto, los tiempos son otros; pero esta gesta no es de fácil olvido. Es más, el clivaje del Sí y del No sigue vigente en Chile. No es casualidad, por tanto, que el tema de los derechos humanos siga siendo un elemento de unidad concertacionista y opositora.

5.

La vocación de hacer un Chile más “inclusivo”. La Concertación tiene entre sus proyectos de sociedad la construcción de una orden más inclusivo e igualitario. Si bien, esta es una tarea en la que no se puedo avanzar durante sus cuatro gobiernos –por las razones que sea-, es uno de los objetivos para los nuevos tiempos. Si la Concertación 1.0 tenía la misión de democratizar; hoy, la Concertación 2.0 tiene la misión de la inclusión. Además, ha sido una bandera de lucha histórica del centro político y de la izquierda.

6.

El binominal obliga a todas las fuerzas políticas a buscar pactos de mayoría para lograr representación. Mientras exista la actual forma de estructurar las alianzas políticas, no variara. Por ello, frente a la necesidad de la amplia unidad opositora se hace cada vez más urgente la modificación del binominal. De ahí, las fuertes presiones de los últimos meses.

7.

La posibilidad de ser gobierno es otro elemento de unidad. La Derecha por si misma puede gobernar porque tiene los votos. Al contrario, ni la izquierda ni el centro político pueden gobernar –como mayoría- por si solos. A ninguno le alcanzan los votos. Se necesitan; y lo saben.

No obstante, no podemos dejar de identificar que se trata de una coalición que ha entrado en una fase de agotamiento que avanza a pasos raudos hacia una reformulación de sus integrantes, de su proyecto y de su programa.

Lo que conocimos como Concertación hace veinte años ha dejado de existir. La Concertación que fue derrota electoral y políticamente hace un poco más de dos años también ha dejado de existir. Cuando lo tiempos y las coyunturas cambian, es evidente y necesario que también lo hagan las fuerzas políticas. Las demandas de ayer, no son las de hoy. Y por tanto, las coaliciones políticas tampoco pueden ser las mismas.

Este ajuste es lo que ha hecho la Concertación en el último tiempo. Ha debido ajustar sus proyectos y sus promesas a los nuevos tiempos. Y la única manera de hacerlo era desde la oposición. Este proceso no ha sido fácil; no es fácil ni tampoco será fácil. La política y las luchas de poder nunca son cosas fáciles de resolver ni de consensuar.

Concertación es, por tanto, alianza del centro y la izquierda. Da lo mismo como se llame. Los tiempos cambian y los ajustes se hacen necesarios y urgentes. En este contexto, la unidad opositora de la que se viene hablando desde Marzo del 2010 –y la que no se va a materializar- no es más que la ampliación hacia la izquierda de la coalición. Y esto, es distinto que “giro a la izquierda”. Obvio; ¿hacia dónde puede crecer?

La Concertación para el nuevo Chile no hará un giro a la izquierda. El giro será avanzar en las tareas políticas pendientes –profundización democrática- y en las urgencias sociales que exige un Chile inclusivo. Nuevas realidades, nuevas Concertación, nuevo relato y nuevo gobierno.

—–

Foto: Stéfan / Licencia CC

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