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Financiamiento electoral: democratizar la democracia

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Vivimos un momento clave. Nunca ha sido muy popular ni masivo discutir el financiamiento a la política. Mucho menos pensar en financiamiento público. Pero la crisis que generó el caso Penta, nos puede abrir paso a pensar en un nuevo sistema, que supere los vicios del actual que atenta contra principios elementales de la democracia.

Antes de comenzar la reflexión, es necesario reconocer que anterior a la moción que volvió a poner el tema en discusión, presentada por los diputados Vlado Mirosevic y Giorgio Jackson, algunos parlamentarios habían hecho esfuerzos por regular este tema en Mayo del 2013, antes de que se comenzaran a recibir los aportes reservados que hoy están en polémica. El Senador Navarro y el Diputado Gutierrez le pidieron (sin éxito) a Piñera que le diera urgencia a una moción que los eliminaba, y años antes, el 2004, cuando se regularon estos aportes, 92 diputados votaron a favor, ninguno en contra, y el único en abstenerse fue el actual Senador Carlos Montes.

Considerando que hoy en día las elecciones parecen contiendas en donde el marketing prima por sobre las ideas, no se identifican candidatos con ideologías, sino que con estrategias en donde se “venden candidatos como quien vende detergente, y quien puede pagar mejores agencias tendrá más facilidades para vender el “producto”.

Volver a regular la vinculación entre el dinero y la política es esencial para el sistema democrático, principalmente por dos motivos:

En primer lugar, en una democracia, lo ideal sería que cada ciudadano, ejerciendo su derecho de sufragio pasivo al presentarse como candidato o candidata a una elección, tenga la misma posibilidad de ser electo que el resto. Claramente no es así cuando un candidato compite teniendo 900 millones a su disposición para hacer campaña, con otros que puedan tener 300, 100, o 10 millones. ¿Qué tan democrática es esta elección con financiamientos tan disímiles? Considerando que hoy en día las elecciones parecen contiendas en donde el marketing prima por sobre las ideas, no se identifican candidatos con ideologías, sino que con estrategias en donde se “venden candidatos como quien vende detergente, y quien puede pagar mejores agencias tendrá más facilidades para vender el “producto”.

El segundo punto, es que los aportes reservados sólo reservan la información para los ciudadanos de a pie. Es ingenuo pensar que las empresas que hacen estos aportes no informan a los candidatos sobre éstos, y es perfectamente legítimo preguntarnos qué tanto influencian dichos aportes a las votaciones de nuestros representantes. Reiteradamente se contraponen los intereses de la ciudadanía con las de las grandes empresas, y muchas veces las decisiones de quienes más reciben aportes secretos, representan más los intereses de las empresas que las del cuerpo electoral. Además, cuando el directorio de una empresa decide hacer una donación a una candidatura en particular, no veo más que la defensa de un interés corporativo. Como se ha dicho durante esta discusión, en democracia votan las personas, no las empresas. ¿No tenemos derecho los ciudadanos a saber quiénes están financiando las campañas políticas?

Ahora, pasando a un tema diferente, pero muy vinculado al anterior, creo que es pertinente preguntarse: ¿Se justifica el gasto que hacen los candidatos durante las campañas? Sería bueno ponerle un componente ético el período electoral. Es grotesco ver, casi siempre en las zonas más excluidas y pobres de las ciudades, miles de rayados, gigantografías y otros materiales electorales que dan vergüenza ajena, como muñecos inflables con la cara de candidatos u otras técnicas de campaña que rayan en el cohecho, como regalar canastas familiares, ollas o lentes ópticos, tratando de comprar la voluntad del pueblo. Es urgente cambiar esto, y creo que puede ser más fácil de lo que parece.

Sí es posible regular la relación entre el dinero y la política. Para ello es esencial funcionar con una lógica de gasto electoral mínimo, así no será necesario el aporte de empresas y la cancha será pareja para una democracia más igualitaria. Para esto es necesario:

  • Que al momento de inscribir las candidaturas a Presidente, Senador y Diputado, sea un requisito presentar un programa de gobierno, en el caso presidencial, y algunas orientaciones de cómo sería su labor en el Congreso, en el caso parlamentario, y que estos programas sean puestos en una plataforma virtual por el Servel mientras dure la campaña electoral.
  • Establecer lugares determinados en cada comuna para poner propaganda. Tomando en cuenta el tamaño y número de habitantes de la comuna, variaría la cantidad de espacios destinados a esto, en donde debería existir distribución igualitaria para candidatos, a la vez, y como contrapartida, prohibir la propaganda en lugares distintos a los establecidos, pero si pudiendo cada ciudadano poner algún tipo de propaganda en sus casas.
  • Prohibir rayados en lugares públicos y privados.
  • Hacer el cálculo en cada distrito y circunscripción, para que en cada lugar el gasto permitido no sea superior a una cifra razonable (en la lógica del gasto mínimo) considerando las condiciones del territorio.
  • Seguir utilizando la franja electoral, pero que el criterio igualitario que se le da a la presidencial, se extienda a la parlamentaria, considerando obviamente el número de candidatos que presente cada pacto.
  • Dar un tiempo de ventaja a los candidatos que no van a la reelección, para así evitar los gastos excesivos que se justifican como “instalación del candidato”.
  • Que una vez durante todo el período electoral, lleguen a cada casa los programas presentados por cada candidato, o un resumen de ellos.

Estas ideas han surgido luego de discusiones con varias personas sobre el tema, y pretendo que sean un insumo para la discusión que viene. Limitando más el gasto (y fiscalizando que no se exceda), haremos más “democrática la democracia”, y dando esta preponderancia a lo programático, la racionalizaremos.

TAGS: Financiamiento de Campañas

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Comentarios

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14 de octubre

Excelente articulo, creo que la mayoría de los chilenos estaríamos de acuerdo en esto, “solo falta” que apoyen los parlamentarios elegidos con plata de los aportes reservados. Difícil tarea

Manu

15 de octubre

Siempre “falta”, siempre es “la otra parte” el problema… pero nunca miran lo que hacen constantemente, apoyando sus campañas, promoviendo la basura propagandística desde sus casas. Miro constantemente como en otros países ni un solo papel en las calles, solo debate… La actual presidenta presenta un proyecto de Gobierno 2 semanas antes de la elección… ganó su candidatura entre otros precandidatos sin nada concreto… Eso solo te dice que lo importante es tener una cara cercana y la plata de los privados… ojalá se compruebe quién pagó la campaña de Bachelet

Pablo

15 de octubre

Ese tipo de relativismo moral es el que hace que nada cambie, si leíste lo que escribí, creo que es legítimo y correcto que la gente haga campaña desde sus casas, ya sea con bandera o afiche en una ventana, es sano en democracia, salvo para los individualistas que no quieren comprometerse con nada y practican la anti-política,en fin, claramente es la otra parte, cuando los aportes reservados van eun casi un 80% a la derecha, no hay mucha “otra parte”, a menos que se quiera relativizar todo y creer que la derecha y concertación son lo mismo, es legítimo, es legítimo no comprometerse y que los cambios pasen por el lado.

15 de octubre

La propuesta es, muy a la moda, estatizar la política.
Lo que, en particular, no me parece malo; excepto por el hecho de que tampoco hubiera una privatización o corporativización de otros elementos electorales, que finalmente decidan las elecciones.
Efectivamente, el gasto electoral se usa ahora en medios propagandísticos, los cuales pueden ser, además de abundantes, mas o menos efectivos. Y eso también habría que controlarlo. Es decir, si se le pasan X millones a un candidato, y los mismos X a otro, pero uno hace carteles mas bonitos, tiene una ventaja sobre el que no lo hizo. Entonces, también se produce una diferenciación. Asimismo, si alguien tiene el apoyo de un partido, grupo, etc, que entrega su trabajo voluntariamente, versus otro que tiene que contratar gente, el primero tiene mayor presencia que el segundo.
Entonces, finalmente ¿hasta donde llegamos con la democratización? ¿hasta el billete?

Lo que hace mas sentido, es que la democracia NO tuviera que usar candidatos. La democracia de Atenas hacía que los representantes eran SORTEADOS, no habían elecciones. Las elecciones, de por sí, son un proceso de elitización (para elegir un candidato, este debe ir pasando filtros caros y trabajosos, que solo algunos pueden enfrentar), que podrían ser cambiadas por el mencionado sorteo, o por democracias directas (vía internet).

María Zepeda

07 de diciembre

Como se va a financiar las campañas.
Después de que quedará en evidencia las facturas ideológicamente falsas, que caminos van a tomar.
Serán financiados por los créditos gota a gota? .

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