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¿Qué textos escolares necesitamos para Chile?

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Ocho de cada diez docentes en Chile usan textos escolares en su trabajo pedagógico y seis de cada diez señalan que lo utilizan en todas o casi todas las clases. En general, las secciones de contenidos son utilizadas con mayor frecuencia que otras secciones (actividades y evaluaciones). Estas cifras, informadas en un estudio realizado por el Centro Microdatos de la Universidad de Chile , dan cuenta del valor que tiene para las políticas públicas la selección, adquisición, distribución y uso de los textos escolares.

¿Qué impacto educativo tiene los textos escolares? Loreto Fontaine y Bárbara Eyzaguirre, señalan que “en los países en desarrollo la presencia de textos de estudio es uno de los factores que más consistentemente han demostrado tener una influencia positiva sobre el rendimiento escolar. ” Muy pocos recursos para el aprendizaje pueden afirmar lo mismo.

¿Están los actuales textos escolares respondiendo a los desafíos de nuestro sistema escolar? Sí y no.

El Ministerio de Educación ha realizado notable esfuerzos por alinear la oferta de contenidos y actividades, con los marcos y bases curriculares vigentes. Al mismo tiempo, ha incorporado activamente a las comunidades educativas en los procesos de selección de los textos que se ocupan año a año. El resultado es más y mejores textos escolares y un incremento en su uso.

Sin embargo, en nuestro sistema escolar se han generado nuevas demandas que la actual oferta de textos escolares, no está logrando responder eficientemente.

Los libros de estudio disponibles no son instrumentos que respondan a la diversidad de nuestra realidad educativa. Mientras a algunos les llama la atención que existan versiones diferentes para el sector público y el sector privado, a otros nos llama la atención que no tengamos mayor diversidad de oferta para diversos proyectos educativos, diversos estilos de aprendizaje, diversos estilos pedagógicos, diversos contextos geográficos y culturales, etc. No todos los estudiantes aprenden de la misma forma y al mismo ritmo y no todos los docentes enseñan o facilitan ambientes de aprendizaje de la misma forma. ¿Es factible esperar que un texto escolar tradicional, pueda cubrir diferentes formas y estilos pedagógicos?

El formato impreso obliga a los autores de textos escolares a seleccionar contenidos y actividades que cubran el año lectivo completo en un número acotado de hojas. Pero hoy el contenido es abundante, cambia y se actualiza constantemente junto con distribuirse en diversos formatos enriquecidos, que generan en los usuarios experiencias de interacción mucho más intensas y significativas que las que ofrece el papel.

El texto escolar es un objeto diseñado para que el alumno interactúe directamente con el contenido, las actividades y los ejercicios de evaluación con la mediación de su profesor y en muchas ocasiones en forma individual y autónoma. Sin embargo, la cooperación y capacidad de trabajo en equipo caracteriza, cada vez más, a las metodologías más eficientes para aprovechar las capacidades y diversidades de los estudiantes en el aula. El actual formato y soporte en que se entregan los textos escolares, limita las posibilidades de diseño didáctico de proyectos escolares cooperativos o que faciliten la interacción y colaboración.

El uso del actual texto escolar por parte de los estudiantes no genera información que retroalimente oportunamente las decisiones que los educadores deben tomar, para enfrentar eficientemente las demandas y necesidades educativas de cada estudiante. Si bien contienen ejercicios de evaluación, desde el soporte impreso es muy ineficiente capturar información relevante que permita reaccionar en el momento adecuado.

A estos factores críticos hay que agregar los temas asociados a los costos y precios, mayor participación de docentes y padres en la selección, incremento en la diversidad de oferentes, evaluaciones que permitan precisar con mayor rigurosidad el aporte e impacto del uso de diversos textos escolares, etcétera.

Puestas así las cosas, parece evidente que los textos escolares en Chile (y en particular todos los involucrados en su creación, selección y uso) están frente a un gran desafío. Hay que dar un salto importante en la creación de una nueva generación de recursos y contenidos que amplíen las posibilidades del actual texto escolar y que se acerquen eficazmente a las demandas de las nuevas formas de aprender y enseñar.

Hay que ser cuidadosos de no simplificar este desafío. No se trata solo de perfeccionar el modelo de negocios e incorporar nuevas regulaciones comerciales a este mercado. Se trata de enfrentar con audacia y decisión un cambio de fondo, en la manera como los textos escolares se ponen al día con las demandas de la escuela del siglo veintiuno.

¿Cómo va a ser el nuevo texto de estudios?

No cabe duda que el nuevo escenario será digital, pero no único ni exclusivo. En el nuevo escenario las tecnologías digitales deberán converger en el aula con los recursos impresos, para posibilitar una experiencia de acceso, creación e interacción con los contenidos que ofrezca nuevas oportunidades a estudiantes y docentes.

En el nuevo escenario, el texto de estudio será parte de un servicio que considere recursos para la planificación, seguimiento y evaluación del plan de trabajo pedagógico de cada año o ciclo escolar. La presentación de actividades para cada estudiante será dinámica, considerando estilos y ritmos de aprendizaje e intereses particulares.

La nueva etapa del texto escolar considerará accesos ilimitados a bancos de contenidos, experiencias de aprendizaje (como las clases demostrativas de Khan Academy), objetos de aprendizaje, enciclopedias colaborativas, herramientas específicas para la creación o presentación de investigaciones escolares, laboratorios virtuales para la experimentación, videotecas educativas vinculadas a redes de producción audiovisual, etc. La disponibilidad de contenidos no tendrá límites y el desafío será entregar articulaciones que den valor pedagógico a esta ilimitada oferta.

Para que esto ocurra, debemos iniciar a la brevedad una revisión de estos y otros desafíos y planificar los cambios de corto y mediano plazo. Un desafío de este tamaño se hace en colaboración y en consenso.

Chile puede transformarse en el primer país en sostener una política de modernización de textos escolares, vinculada a los desafíos de la educación del siglo veintiuno. Están dadas las condiciones y los recursos, es cosa de tomar la decisión.

* Hugo Martínez es profesor, se desempeñó como Director de la Red Enlaces en el Ministerio de Educación y actualmente es el Director de Desarrollos Digitales de Santillana Chile.

** Sobre este mismo tema, recomendamos leer también la entrada de Eugenio Severín "Textos escolares digitales para Chile".

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Foto: Prensa Libre

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11 de marzo

Al diversificar la oferta de materiales para el aprendizaje, y específicamente textos para el aprendizaje, es necesario situarnos en los diferentes escenarios sociales, económicos y culturales a los cuales nos enfrentamos quienes trabajamos educando. ¿Qué tipos de textos y qué tipos de estímulos son adecuados para los diferentes tipos de estudiantes a los cuales educamos? ¿Qué familias hay detrás de ellos y cuál es su realidad? Sin duda, al hacernos esta pregunta, pienso que no podemos estandarizar. Un tipo de texto, independientemente de lo atractivo que puede resultar, podría ser más o menos efectivo dependiendo de la “mochila” que carga cada uno de nuestros educandos. Idealmente, debiese existir una oferta diversa para satisfacer diferentes formas de aprender, diferentes formas de vivir y de percibir el mundo. Los educadores, a nivel de gestión institucional y gestión de aula, deberían manejar las herramientas que les permitan discriminar aquellos instrumentos que sean más efectivos en los contextos en los cuales educan. Además de todo esto… ¿Cómo volvemos a otorgar el valor que tiene un libro? y a su vez: ¿Cómo integramos medios para satisfacer a la nueva generación de estudiantes que ya no sólo realizan lecturas, sino hiperlecturas? Sin duda este tema da para mucho, y espero sigan comentando en relación a éste, para así quizás poder llegar a un consenso que quizás nos brinde la oportunidad de generar una buena idea. Saludos.

11 de enero

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