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¿Estudiantes + Movilización = Movimiento Estudiantil?

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Movimiento, oscilación, meneo, sacudida y vaivén son curiosos sinónimos. En Chile fueron los medios de comunicación quienes bautizaron a los secundarios del 2006 como “movimiento”. Hasta lo adjetivaron de “pingüino”.  De ahí en adelante, se llama indiscriminadamente “movimiento estudiantil” a cualquier actividad pública organizada por estudiantes. En los hechos, los pingüinos del 2006 partieron como un meneo o una sacudida y terminaron como un movimiento. Les costó tener una estructura organizativa y alcanzar la comunidad de intereses, pero lo lograron. En Chile, desde tiempos de dictadura no se lograba conformar un verdadero movimiento estudiantil. El 2006 se logró. Los pingüinos lo lograron. Todo lo que ha venido después es sólo involución. Al menos para quienes creemos que recibir una educación de calidad es un derecho de todos los seres humanos y no sólo de quienes tienen recursos.

Previo a los festejos que conmemoraron el bicentenario del juramento de lealtad  al Rey Fernando VII de España, hubo algunos meneos y sacudidas estudiantiles, principalmente en Santiago. Estando las condiciones políticas y sociales bastante dadas para una rearticulación del movimiento social era una buena señal que el movimiento estudiantil diera los primeros pasos.Lamentablemente, sólo se alcanzó a gatear.

Durante los últimos veinte años, a excepción de lo obrado por los pingüinos, no existió  movimiento estudiantil gracias a la exitosa política concertacionista de la cooptación.  Así como cooptaron al movimiento sindical -la desaparición social y política de la CUT es la mejor muestra de ello- no era extraño ver a presidentes de federaciones estudiantiles que saltaban inmediatamente después de cesar en su cargo estudiantil a algún puesto en el Ministerio de Educación o el INJUV. Si no me creen vayan a preguntarle al nuevo presidente de la JS.

Desde que asumió  Piñera se viene anunciando el renacer de un gran movimiento estudiantil. Ha pasado más de medio año y esta promesa se diluye. Seguimos esperando ese “movimiento”.

Se han efectuado algunas marchas, que en Santiago avanzan diligentemente por los céspedes del Parque Forestal. Pero nada más. No es que estemos esperando un nuevo “Cordobazo” u otro “Mayo del 68”, pero sí al menos una contención al completamiento de la privatización de nuestro sistema educativo, pues hoy en día hablar de defensa de la educación pública es una aberración, sobre todo considerando que el Estado sólo aporta con, a lo más, el 18% de los ingresos de las Universidades “Estatales”.

Nada de eso y muy por el contrario, las actuales demandas estudiantiles de la CONFECH se enmarcan en el actual engranaje institucional.

Renuncian a la pelea histórica por recuperar la educación pública, laica y gratuita. Poco y nada se habla de la autonomía de los campus, del acceso universal a la educación superior, y mucho menos, del cogobierno universitario. El barniz no tapa el cholguan. Aunque le pese a la actual administración de la CONFECH, la renuncia a demandas estructurales y de fondo sólo permite que avance la agenda privatizadora de este sexto gobierno consecutivo de derecha. Las demandas de la CONFECH son puro barniz.

Dos cosas están claras para el mundo de la educación. Primero. Sin un movimiento estudiantil, organizado nacionalmente y con demandas máximas y mínimas comunes, no se conseguirá ningún cambio positivo en educación. Los cambios no vendrán del gobierno o de los partidos políticos, ¿O alguien con un mínimo de sensatez piensa que sí?

Segundo. Con la actual política de la CONFECH sólo gana la agenda privatizadora de los últimos seis gobiernos. Nunca es recomendable pelear desde el campo contrario, menos si quedan otras alternativas. Pero claro, hay que creer en otras alternativas y conocerlas. No creo que sea mucho pedir, ¿O sí?

Chile requiere un movimiento estudiantil vigoroso. Los estudiantes lo requerimos, la sociedad lo demanda, y los niños lo esperan. Las estructuras políticas institucionales no van a cambiar el sistema educativo. Usufructúan del actual negocio, público y privado. Sólo lo podemos hacer nosotros y nosotras, los actores del mundo educativo, y en ese camino estamos muchos.

Lo que ha quedado del mundo estudiantil desde el 2006 no es un “movimiento estudiantil”. La verdad es que no da ni para meneo, por eso quizás no calienta a nadie, pues la suma de estudiantes y movilización no significa siempre movimiento estudiantil.

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05 de octubre

Si bien el movimiento del 2006 es uno de los más notorios y visibles de nuestra ‘vuelta a la democracia’ y también el que más ha influenciado la discusión educativa del último tiempo, el autor de esta columna parece olvidar u obviar tres instancias que son importantes de recordar como movimiento por su carácter fundacional respecto a las demandas y “ganadas” de los estudiantes frente al poderío del empresariado en la educación chilena. La primera es la gran movilización de mediados de los 90 en contra de las políticas privatizadoras en la educación superior por parte del gobierno de Eduardo Frei Ruiz-Tagle. Aunque se perdió en gran medida por problemas políticos, de coordinación y desgaste de la movilización, es importante recalcar que a partir de esa movilización se dio inicio a las discusiones que abrieron la participación de los estudiantes y comunidades universitarias en la definición de proyectos institucionales, siendo el caso emblemático la creación del Senado Universitario y el cambio de estatutos en la Universidad de Chile.
La segunda instancia es el gran “mochilazo” de principios de este siglo, en el que los estudiantes secundarios organizados autónomamente lograron por fin evidenciar al empresariado micrero que se burlaba de los derechos al pase escolar. ¿Se acordará el autor de los “raspepases” y las protestas de los estudiantes en ese entonces? No sólo se le arrebató la administración del pase escolar al gremio micrero, también en ese tiempo los estudiantes secundarios conformaron la organización que sería central en la movilización del 2006, y que es la que finalmente optó por el asambleismo y le dio vida y sentido, disminuyendo de sobremanera la influencia de los partidos políticos en la organización estudiantil.
La tercera, es la movilización del CONFECH contra el crédito privado con aval del Estado el año 2005; que evidenció la burda maniobra del gobierno de Ricardo Lagos por financiar la especulación financiera con dineros estatales a partir de la deuda generada en las familias cuyos hijos comenzaban a acceder a la educación superior. La iniciativa logró ser detenida en su aplicación para las universidades del consejo de rectores, y fue la primera movilización que instaló el lucro y el endeudamiento como problemas que permean el sistema educativo chileno.
En ningún caso hay que desmerecer la movilización pingüina del 2006, pero creo que atacar al CONFECH es un gasto de energía innecesario. El gobierno de Piñera hoy pone un desafío enorme para las organizaciones estudiantiles, especialmente si se busca hacer visible el lucro como problemática del sistema completo, el endeudamiento como problemática individual, y la calidad e igualdad como objetivos centrales. Vivir de retrospecciones testimoniales no ayuda a construir el diálogo y la alternativa a la educación mercantil que el Estado chileno promueve por todos lados, y creo que irse de crítica gratuita al CONFECH va en esa línea de testimonio. El CONFECH es una organización sin institucionalidad pero con capacidad política, construida por estudiantes organizados en las universidades del consejo de rectores mediante sus federaciones de estudiantes. Decir que no hay movimiento es desconocer todo el debate y diálogo que existe en una organización que no tiene par en Chile y cuyos miembros todos los días se reconocen en una lucha que se parece mucho a la de los pingüinos del 2006, solo que con otras formas y otras experiencias. Saludos.

07 de octubre

Interesante artículo el de Luis, como también los comentaros de Iván. A mi modo de ver plantean dos posiciones dentro de lo que podríamos llamar el sector progresista. Por una parte la disilusión o falta de alcance de los movimientos estudiantiles (dejo el beneficio de la duda a Luis), en este sentido la falta de articulación de la “protesta” con otros actores educativos, especialmente en lo que cabe al rol de los universitarios, además de la ausencia de agenda de discusión respecto a leyes, estructuras de representación, democratización, acesso, rol público de las universidades, y privatización, dejan decepcionado a cualquiera, ya que las marchas parecen terminar con algún tipo de logro o promesa de orden económica. Sin embargo, como bien señala Iván, la movilización estudiantil ha sido un actor en el espacio social, es innegable. Gracias a los estudiantes secundarios se alcanzó un mayor nivel de conciencia en el problema educativo, aunque las soluciones de nuestro Estado favorecieron claramente al empresariado de la educación. A mi juicio deberíamos pensar entonces en ¿qué es lo estructural?, el financiamiento de la educación es un elemento importante de la estructura, pero se agota en sí mismo, porque al despegarlo de la visión política, se nos disuelve. Creo que deberíamos ir apuntando en este debate a ir reconociendo cuáles son los elementos que debemos trabajar en el debate social respecto a nuestra educación, atacando sus problemas centrales: elitismo (disfrazado de mérito), segmentación (la imposibilidad de mezclarnos socialmente en las escuelas), educación pobre para los pobres, selección educativa (léase injusticia), la desorientación universitaria (escisión de la misión de las universidades respecto a las necesidades sociales), y tantos otros…

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