Cuando la base del modelo es egoísta

La Teoría de Juegos, enunciada por John von Neumann, presenta un desarrollo posterior importante por John Nash y los Juegos No Cooperativos.

 Un ejemplo clásico es el “dilema del prisionero”: dos individuos son detenidos porque cometieron un delito; (i) si se ponen de acuerdo y ninguno confiesa, estarán presos 2 años, (ii) si, habiendo acuerdo, uno traiciona al otro, uno queda libre y el otro preso 10 años, (iii) si los dos confiesan, estarán presos 6 años.

¿Cooperarán o se traicionarán? A esta pregunta, responde Nash diciendo que las personas son individuos egoístas, no cooperativos, por lo que la solución es la (iii), es decir, el punto de equilibrio se logra cuando ambos confiesan. Competitivamente es la mejor. La alternativa (i) que podría ser la mejor para ambos (estarían presos sólo 2 años), no es posible, pues se impone el interés individual y sin duda uno traicionará al otro.

 La conclusión es que la competencia egoísta nos lleva a un punto de equilibrio denominado “equilibrio de Nash” en que los dos estén presos 6 años, punto de máximo beneficio personal. La teoría de juegos se ha convertido en un modelo dominante en la economía y en la política, pues siempre se trata de individuos egoístas que toman decisiones en conveniencia propia.

 Existe, además, una segunda etapa en el desarrollo de la teoría de juegos y es la de los juegos cooperativos o coalicionales. En esta etapa los grupos de individuos todavía son egoístas pero si ven que formando coaliciones aumentarán su beneficio, no dudarán en hacerlo.

 En la práctica explica también, la tendencia a formar 2 grandes grupos, coaliciones o holdings. Pues los pequeños grupos dominando el mercado (político o económico) maximizan su beneficio de esta manera, dejando grupos marginales, sin representatividad, fuera de estas coaliciones o holding en pos de convenientes acuerdos.

 En uno de los discursos del primero de mayo, uno de los oradores manifestó su preocupación porque su organización sindical era últimamente muy criticada a través de Internet y “no había que ponerla en riesgo” pues con todas su falencias era lo que habían logrado y que tenían que defenderla, aun cuando represente al 9% de los trabajadores que logran sindicalizarse. Este es un punto de equilibrio alcanzado hace ya algunos años con ligeras variaciones, en el contexto de un sindicalismo económico, con un código del trabajo que ofrece flexibilidad laboral, empleadores que dificultan la creación de sindicatos y las dos coaliciones políticas en equilibrio, dando sustento a este modelo económico y utilizando las mismas excusas.

 La semana pasada, comprando en un supermercado, al momento de pagar era posible anotar en una hoja los productos que no hubiera encontrado, retroalimentando la información de una de las dos cadenas que hoy existen, para evitar la deserción de sus clientes o para anular la posible presencia de pequeños negocios. De paso, estos dos grandes holding, creados a partir de “alianzas estratégicas” anulan en muchos casos la capacidad emprendedora y desarrollo profesional de individuos que sólo pueden optar a trabajar con ellos. Muchos empiezan desde antes, como jóvenes estudiantes universitarios que trabajan como empaquetadores en espera de una propina, duopolio al que tendrán que someterse a lo largo de su vida para sobrevivir.

La teoría de juegos no cooperativos explica también la desaparición del bien común. Por ejemplo al usar un automóvil, los competidores siempre utilizan una estrategia egoísta, provocando problemas de congestión, contaminación y abusos en la utilización de beneficios viales y de estacionamientos. Las industrias contaminan sin restricción, destruyen y depredan la naturaleza, pues si se preocupan del medio ambiente no están siendo competitivas (deben ser egoístas), lo que las pone en desventaja respecto del resto de los competidores. El único equilibrio de Nash posible es la “ruina común” y esto se intenta modificar con sanciones, multas, contratos, beneficios tributarios.

 John Nash descubre y desarrolla la teoría de juegos no cooperativos en su tesis doctoral al definir el concepto de “equilibrio de Nash” en el año1950. A través del tiempo se va transformando en un hombre solitario y egoísta, con el único fin de ser más competitivo, lo que fue unido a la imposibilidad de desarrollar rápidos descubrimientos en matemáticas y lograr reconocimiento de sus pares. En medio de su soledad y egoísmo desarrolla una esquizofrenia que lo hace huir hacia Europa perseguido por imaginarios criptocomunistas. Hoy ignora las alucinaciones y está preocupado de desarrollar modelos cooperativos como complemento de los juegos competitivos.

Por lo crudo y salvaje que es el neoliberalismo, es imposible que una persona normal descubriera los fundamentos matemáticos que lo explican, donde la gente y el bien común no tienen importancia, sino sólo la capacidad individual de competir de manera lo más egoísta posible lo que garantizará siempre el máximo beneficio con todas sus implicancias. El concepto de “equilibrio de Nash” no es trivial de entender ni menos de descubrir y, desgraciadamente, revela un modelo económico y político asociado basado en el egoísmo y la ausencia de solidaridad, en muchos casos a todo nivel.

 Si existiera la posibilidad de replantearse el modelo económico y de desarrollo que tenemos, un modelo económico sustentable, que considere la utilización racional de los recursos naturales sin contaminar ni destruir el medio ambiente y con respeto a las personas, sería la opción.

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Foto: HikingArtist / Licencia CC

Elías Bravo