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Carlos Peña y una muy mañosa actitud hacia el movimiento estudiantil

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¿Realmente Peña cree que el movimiento estudiantil comulga con esas ruedas de carreta? ¿Cree que semejante discurso tiene suficiente potencia épica, que puede inspirar a alguien a marchar por las calles y a exponer su integridad física a la brutalidad de las policías?

El pasado domingo 15 de Abril, Carlos Peña tituló así su habitual columna de opinión dominical en El Mercurio: La subversión de los Jóvenes”. Dos citas dan a entender el sentido general del texto:

* “El capitalismo se legitima a símismo, en efecto, mediante la ideología meritocrática […] cualquiera puedeprosperar y ascender a la medida de su esfuerzo”.

* “El combustible principal de losjóvenes es […] que cada vida humana dependa ante todo de sí misma […] y que lamedida del bienestar que cada uno alcance sea fruto del esfuerzo personal envez de ser la simple sombra de la cuna. […] los jóvenes han enarbolado una yotra vez, es que se trata del mismo que subyace a la modernización capitalista”

Quiero comentar críticamente la posición de Peña en varios puntos. Posteriormente quiero proponer una lectura alternativa respecto del sentido movimiento estudiantil.

Primero, el capitalismo se ha mostrado polimorfo respecto de sus posibilidades de legitimación mediante imaginarios sociales, narrativas y argumentos fragmentarios: bien podría también esgrimirse que el capitalismo promueve la libertad o que aumenta en el bienestar material general. Ciertamente, ninguna de esas legitimaciones puede pretender apelar a criterios absolutos. El mayor bienestar material o la libertad son factores que adquieren sentido preciso y fuerza como promesa sólo ya operando el capitalismo como forma de vida palpable. Antes de eso, hay violencia no más.

En segundo lugar, más allá de la compleja cuestión empírica y hermenéutica sobre el sentido de los movimientos estudiantiles, Peña trasunta la opinión de que la ‘meritocracia’ es un principio fundamental que, al menos por defecto, debiera arbitrar en las cuestiones de distribución. Al menos, sugiere que es un ideal moralmente inspirador. Si es así, ¿conoce la sencilla y demoledora argumentación de John Rawls? Este filósofo considera que la ‘meritocracia’ no es más que una forma más refinada de barbarie neoliberal. En resumen, Rawls sostiene que el “talento” está desigualmente distribuido entre los individuos en virtud de una ‘lotería natural’. Si, por ejemplo, el alimento fuera distribuido según el talento, entonces sería perfectamente justo que muriera de hambre un individuo hipotéticamente desprovisto de todo talento. Pero los azares se multiplican. Distintas situaciones sociales pueden premiar diferentes talentos de diferentes maneras, de modo que usted puede tener la suerte de nacer con gran potencial para la natación en una sociedad que vive en una dramática sequía. En situaciones más cercanas a nuestras sociedades, sabemos que el despliegue social de los talentos requiere de condiciones afectivas que dependen, en buena medida, de otra lotería: la de las familias. En suma, para Rawls, la ‘meritocracia’, en lo sustantivo, consiste, al igual que lo que propone el discurso neoliberal, en transponer el mecanismo azaroso de la naturaleza en un principio político general de distribución.

Por supuesto, hay hermosos relatos sobre el esfuerzo que se sobrepone a la adversidad (incluyendo a una familia negligente o aplastante): pero el uso social de esos relatos —que, en versiones burdas circulan abundantemente en los medios masivos para aumentar la miseria subjetiva de la población—, es justamente un excremento ideológico cruel y barato que no se aleja mucho de los cuentos medievales del escudero que se casa con la princesa. ¿Realmente Peña cree que el movimiento estudiantil comulga con esas ruedas de carreta? ¿Cree que semejante discurso tiene suficiente potencia épica,que puede inspirar a alguien a marchar por las calles y a exponer su integridad física a la brutalidad de las policías?

Del argumento de Rawls se deriva una cuestión política que también Peña tendría que responder: Si es meritorio aquel que satisface los criterios sociales del mérito en cada caso, ¿qué pasa en una sociedad que incentiva el comportamiento competitivo, jugar al límite de la ley para alcanzar los objetivos, faltar a la ética si corresponde, como criterio para asignar mayores ventajas? ¿Qué capacidad tiene una sociedad ‘meritocrática’ para transformarse a sí misma? ¿No es la ‘meritocracia’ entonces un régimen conservador? 

Finalmente, la ‘meritocracia’ apunta a un régimen elitista donde la clase social de los “meritorios” acumula el poder social sin ningún contrapeso.Claro, suponiendo una versión pura y estricta, platónica, los ocupantes estarían impedido reproducir su poder de una generación a otra. Esa sería la gran diferenciacon el modelo capitalista chileno que estaría siendo criticado por los estudiantes, según Peña. Se mantienen intactas las relaciones de poder, sólo cambian los actores, su color de piel, sus apellidos, sus inclinaciones sexuales, etc. Reconozcamos que la ‘meritocracia’, al ofrecer garantías de recompensas y ciertas políticas de nivelación del punto de partida, incentiva el esfuerzo individual frente a un orden aristocrático o de ‘igualdad liberal’ más simplón. Elimina ‘la cuna’ en el acceso a las posiciones de dominación social. La‘meritocracia’ es un avance… ¿en qué dirección? He ahí el punto… en dirección de un principio distinto.

El principio que articula lo que hay verdaderamente interesante en el ideal ‘meritocrático’, es, por lo mismo, un candidato más serio como descripción del sentido que inspira al movimiento estudiantil: la igualdad. Esto nos lleva a un relato muy distinto: nadie vale más que otro, luego todos deben tener garantizada una misma porción de bienes sociales que permita desarrollar un proyecto de vida satisfactorio en los márgenes que permite las condiciones generales de la sociedad. Los bienes, al menos hasta cierto nivel, no son una función del desempeño y se asume que el despliegue de los talentos que más aportan socialmente no tiene por qué estar condicionado por la obtención de un mayor poder social: la realización es su propia recompensa. En estricto rigor, como observa Ernst Tugendhat, los oficios socialmente considerados como desagradables y con techo de perfección más bajo (barrer la acera, por ejemplo), deberían ser mejor remunerados que oficios más placenteros y cuya perfección es tendencialmente infinita (gerente).

Respecto del igualitarismo, no sólo la ‘meritocracia’ se queda corta sino que la mayor productividad, el mejor nivel de vida, no puede justificar el orden social. (Rawls, por si acaso, no es un exponente puro del principio igualitario, pues concede razones utilitaristas para limitarlo). Es tan patente el sentido igualitario de las demandas sociales en educación que la sordera de Peña ejemplifica a cabalidad la actitud del poder. La premisa básica de esa sordera es que las demandas son producto de los avances, luego, los gestores de los avances (o quienes adhieren a la lógica del poder implícita) están mejor calificados para evaluar el sentido de los cambios necesarios ahora. ¿No será que lo que se está diciendo desde la calle es que la sociedad chilena es injusta desde el punto de vista de la igualdad? ¿Puede el sentido de justicia de los estudiantes y de la población que los apoya incluirse entre los logros de los ingenieros y ejecutores de la transición? Claro, en su columna Peña introduce un léxico vagamente psicoanalítico de deseos y fantasías (¡el nombre de Lacan sale a la palestra!) para sustentar la equivalencia “demanda = deseo”: se trata de líbidos, puras fuerzas, y no  sujetos críticos con intuiciones morales.

Por este mismo sentido igualitario que el movimiento por la educación eleva demandas que, como la gratuidad universal, aparecen irracionales y regresivas, lo que permite caricaturizar la subjetividad que lo sustenta, según un viejo tópico que ve en la envidia el origen del igualitarismo. Ese mismo domingo en El Mercurio, J. J. Brunner, desde hace muchos años un des-calificador profesional de sus oponentes políticos de izquierda en materia de educación, sostuvo que tras la demanda por gratuidad universal había un “apenas oculto designio de abaratar la acumulación de capital humano de la clase aventajada por la cuna”. Por otra parte, tras el triunfo de la acusación constitucional contra Beyer en la Cámara se dejan ver “primitivos residuos anti tecnocráticos, de resentimiento frente a los expertos y de revancha por agravios comparativos”. En este último caso, se trata de un análisis limitado. Respecto de lo primero, delata una alarmante falta de caridad hermenéutica. Y si es por irracionalidades, el modelo actual ha dado pábulo a varias.

Con todo, es difícil estar en desacuerdo con Peña respecto del punto general: “No hay nada más subversivo quetomarse en serio una ideología”. Pero se equivoca en el ‘ideologema’ que quieren canjear los estudiantes: es todo lo contrario que la exaltación idiota del individuo que propone Peña (cómo si, reproduciendo un chiste de mi amigo Martín Figueroa, las masivas concentraciones fueran paradójicas “marchas por el individualismo”). Es Chile: es la ficción de un proyecto histórico común e inclusivo cuya base es la acción conjunta de un pueblo que defienden un conjunto de leyes e instituciones que protegen a los débiles frente a los poderosos. ‘Chile’ es ciertamente una ficción que el capitalismo pone a trabar para su molino, pero como todo imaginario legitimador, lo ve bien Peña, es un arma de doble filo.

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Comentarios

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Marcelo Choque

15 de abril

Yo estoy con Peña, no porque comparta sus argumentos, sino porque representa la capacidad de deliberación que es consustancial a toda democracia madura.
Cierto es que los estudiantes han hecho importantes aportes para comenzar a dar un nuevo rumbo a la sociedad chilena en el siglo XXI revalorizando ni más ni menos que la actividad política. Mas, ello no implica que estas nuevas generaciones sean inmunes al escrutinio público..
¿Hablamos de tolerancia? Pues, póngala en práctica Pablo Solari.

15 de abril

¿Y que tiene que ver la tolerancia con lo que criticar lo que ha expuesto alguien en un medio publico?

La tolerancia no es aceptar cualquier opinion porque lo sea. Y tal como hace Peña criticando al movimiento estudiantil, todos los demas tenemos derecho a criticar a Peña… mas cuando es un hecho que Peña no sabe lo que es la meritocracia y confunde que alguien tenga dinero con que esa persona “merezca” algo.

Juan Ormeño Karzulovic

17 de abril

No veo cómo la crítica argumentativa podría ser contraria a la tolerancia.

servallas

15 de abril

Estoy con Peña también, creo que su enfoque es correcto, sin meritocrácia le damos al incompetente la tribuna, la cola y las orejas sin más. Este artículo es una mezcolanza de las más pura filosofía barata e ideología del más de lo mismo. Se habla de hermenéutica con cierta ligereza, al parecer se quiere decir los hilos ocultos del movimiento, y claro que los tiene, nunca nada es lo que aparenta, es es un primer principio para aprender a leer estos procesos.

16 de abril

¿Ha leido a Max Weber y su “La ética protestante y el espíritu de capitalismo”? Asociar la meritocracia al dinero es lo mismo que planteaba Weber en ese libro: el enriquecimiento como señal de predestinación a la salvación eterna.

“cualquiera puede prosperar y ascender a la medida de su esfuerzo”… ¿Cree de verdad eso? ¿Cree que este capitalismo que tenemos en Chile permite eso? ¿Ve el “esfuerzo” que han hecho algunos de nuestros parlamentarios para ocupar sus cargos, cuando el “merito” que tienen es ser hijos de, amantes de, esposos de? ¿Cual es el “merito” de alguien que es corrupto, que acepta sobornos, que lucra con su cargo publico? ¿Cual es el “merito” de un empresario que paga miseria a sus trabajadores? ¿O el de un banquero que cobra intereses usureros?

¿Cree de verdad que Peña sabe lo que es el “merito”? ¿Cree que puede defenderse que ingrese a medicina o que ingrese a leyes o que ingrese a arquitectura alguien que no sabe sumar ni escribir porque nunca le intereso aprender, simplemente porque tiene dinero o acceso a un credito?

“Los estudiantes reclaman una sociedad donde sea el esfuerzo de cada uno, y no la cuna, lo que pese: es el mismo ideal que subyace al capitalismo. ¡solo que los jóvenes se lo toman en serio!…” ¿El capitalismo tiene un ideal tan loable? Jope, yo creia que el unico ideal del capitalismo es la destruccion del Estado… cosa que la actual crisis economica demostro que era un error, como demostro que el capitalismo no tiene ideales, ni se autorregula y que es una violación constante de los derechos humanos.

Creo que antes de apoyar a Peña deberia sentarse a pensar qué es lo que esta diciendo, porque Peña esta muy equivocado, ya que parte de una premisa totalmente errada.

15 de abril

muy meritorio su domingo, mi estimado señor

16 de abril

Creo haber leído otra columna. La critica de Peña es paradojal, no reivindicativa respecto a la ideología de la meritocracia, y creo que e eso, lo que no se entiende an el artículo.
Lo que señala Peña, es que la paradoja de un movimiento con autoimagen de radical o antisistémico, solo esta cobrándole la palabra a un ideal de yo del capitalismo. Y esta bien que sea así, porque la contradicción del capitalismo es no poder resolver sus contradicciones, es parte de su idealismo en sentido filosófico y valores abstractos.
El mismo Allende lo comprendía así, cuando decía que la revolución no pasa por los estudiantes.Peña solo dice que cuando los jóvenes colocan en el centro de sus demandas a la educación, de alguna forma, asumen que el progreso social tiene que ver con la educación. No es esta consigna, abstracta y vacía por cierto, del ideal neoliberal.?
No está en el centro de las demandas, una nueva relación capital y trabajo. Ni tampoco está en el centro, aunque esta, la democratización de las instituciones.
Por cierto, esto no le quita valor a esta lucha.En lo que quizás C.Peña no repara, queriendo ser más radical, que esta demanda es también lucha cultural, donde un nuevo sentido común, que incorpore mayores dosis de solidaridad e igualdad, pueda expandirse y tornarse, genuinamente, subversiva

16 de abril

Me parece que el discurso de “educación = promoción social” es justamente lo que la “voluntad general” del movimiento estudiantil está cuestionando. Por eso, desde el poder viene de vuelta una defensa en bloque de esa equivalencia, que es uno de los núcleos del modelo. La estrategia de Peña es ejemplar de la operación ideológica que pretende moderar el potencial político del movimiento suturando su fuerza al sentido del modelo imperante.

Pablo Aguayo

16 de abril

Igual Peña escribió su tesis doctoral sobre Rawls, hay que leer entre líneas lo que está diciendo. No creo que apoye la meritocracia, como dice Pablo, Rawls es claro al respecto (más aún Miller, Cohen o Barry y todos los rawlsianos igualitaristas). El punto es ver un posible germen de la autodestrucción del capitalismo, como dijo el viejo feo….”No es la Idea general la que se entrega a la lucha y oposición y se expone al peligro; ella se mantiene en la retaguardia, puesta a salvo e incólume. Debe llamarse astucia de la razón al hecho de que ella haga actuar en lugar suyo a las pasiones”. Por otra parte el discurso de la meritocracia no es el discurso neoliberal, al menos Rawls lo situa “entre” el discurso de la aristocracia natural y su justice as fairness. Creo que para Rawls el principio de la meritocracia podría funcionar en una sociedad bien ordena donde los sujetos morales hubiesen desarrollado el sentido de la justicia y donde los bienes primarios se encuentren justamente distribuidos. En este sentido, el ideal meritocrático es parte también de los teóricos iigualitaristas, la diferencia es el punto de partida….

16 de abril

No creo que Peña pueda ser “ralwsiano” o cualquier otra cosa: a estas alturas, al menos en el campo de la educación, es un ‘intelectual orgánico’.

Milton Zúñiga

16 de abril

peña hizo un análisis de la realidad actual, creo que esto es un panfleto y malo.
El individualismo, es lo que prima hoy, es cosa de ver a nuestros jovenes, y el que tiene la verdad, no es del que más grita, recuerden eso.

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