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Plandemia

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No seré yo quien discuta la necesidad de interpelar las verdades que bajan desde el Olimpo de las elites o los medios de comunicación.  Uno de los caminos para construir pueblo/ciudadanía es generar capacidad crítica y autónoma, y así sortear con mayores posibilidades los intentos manipuladores de todo tipo.  Por ello, bienvenidas las teorías que dan un giro a la realidad que otros (y otras) han construido.


Si uno revisa los sectores que en su mayoría dudan de la veracidad de la crisis se da cuenta que están alineados con el movimiento antiglobalista. (…) quienes no quieren que se metan en su vida privada

Así ha sido en diversos movimientos o causas que han logrado dar una vuelta de tuerca a las verdades hegemónicas. Un ejemplo concreto es aquella que nos susurra los éxitos del modelo de desarrollo chileno, en circunstancias que crecemos simplemente porque nos estamos engullendo los muebles de la casa: minería, forestales y salmoneras, más la agricultura a gran escala, contaminan y destruyen la plataforma de vida, alejadas de la regeneración, que es lo que se requiere en estos cambios climáticos días.

También está ahí la articulación entre empresas eléctricas para mantener un sistema acorde a sus utilidades y no al bien común, años atrás entorpeciendo la generación distribuida, el ingreso de las renovables no convencionales a mayor escala o bregando por mantener un esquema con presencia de carbón.  Es cosa de leer las columnas de sus representantes y ver cómo inciden en el Congreso en las leyes alusivas para entender un entramado invisible para la ciudadanía en general.

Para muchos, estas visiones son producto de una perspectiva conspirativa. Una que ve enemigos por doquier, en circunstancias que el gran empresariado no se colude, no se articula, no complota.

La realidad, lamentablemente, no es así. Y se puede llegar a tal conclusión sobre la base de los antecedentes que demuestran aquello, no solo de la sola sospecha, la intuición o la tincada. Y si hay duda, es preciso confirmarla o desestimarla.

Hoy por hoy, las acusaciones al voleo son habituales. En redes sociales y medios se ha instalado la frase no tengo certezas pero tampoco tengo dudas, con el fin dar cuenta de afirmaciones que se hacen sin tener mayores antecedentes. Esto, que podría ser solo un detalle, se torna complejo cuando avanza a otros ámbitos, como el de las acusaciones a mansalva. Pero bueno, sobre eso ya he escrito en más de una ocasión.

Las ofensivas públicas basadas en la mera especulación presentan múltiples problemas.

Uno de ellos es que, en el fondo, queman los temas que pretenden presentar. Puede ser que el corazón de una denuncia sea legítima e incluso cierta en muchos aspectos, sin embargo al colmarla de inexactitudes, tergiversaciones, falsedades o, incluso, teorías delirantes, pierde credibilidad y efectividad. Si para demostrar que Donald Trump es un irresponsable difundo que es parte de una secta internacional que come niños, pero no doy más dato que lo que mi galopante creatividad genera, al final, pocazo lograré.

Es ahí cuando llegamos a la plandemia, concepto que alude a que la crisis sanitaria ocasionada por el Covid sería un invento tendiente al control ciudadano generalizado.

Las formas en que esta conspiración actuaría son múltiples.

Están quienes creen que de plano el coronavirus no existe, junto a quienes consideran que ha existido siempre y que no es muy distinto de una gripe cualquiera. Y, también, están quienes afirman que fue inventado en un laboratorio chino. O estadounidense. O ruso. Chileno por cierto que no, ya que poca fe le tienen a la posible efectividad de un plan nacional de dominación mundial.

¿Y cuál sería el objetivo de tan macabro proyecto? Acá, las posibilidades son muchas también.

Parar las revueltas populares en contra del orden mundial capitalista estarían en primera línea. Estas irían de la mano de instalar el miedo entre los ciudadanos y ciudadanas de a pie, para que acepten el control mediante una mezcla de artilugios médicos y tecnológicos. Y qué decir de los intereses de las grandes farmacéuticas, que a través del invento de una vacuna tendrán un nuevo lucrativo negocio entre manos.

El listado anterior es uno acotado, no exhaustivo, de las ideas que nacen bajo la figura de la plandemia.

Como dije en los primeros párrafos de este texto, no seré yo quien discuta la necesidad de leer con ojos críticos lo que nos intentan inocular cada cierto tiempo. Lo que sí pido es que al menos intenten convencer de aquello, con relatos coherentes o elementos que demuestren de alguna forma lo afirmado.

Si uno revisa los sectores que en su mayoría dudan de la veracidad de la crisis se da cuenta que están alineados con el movimiento antiglobalista. No particularmente con el que cuestiona las trasnacionales, los tratados de libre comercio o el modelo industrial a gran escala, sino quienes no quieren que se metan en su vida privada. Libertarios muchos de ellos, abogan por la menor restricción a su voluntad individual (para comerciar, desplazarse, andar sin mascarilla) o por qué acuerdos universales como lo relacionados al respeto de los derechos humanos son un invento progre.  Así como la ONU, la OMS o la Convención Americana de Derechos Humano de la OEA, conocida como el Pacto de San José de Costa Rica. Muchos de ellos también cuestionan el cambio climático, porque, reitero, no quieren que se metan con ellos.

Personalmente sí creo que existen poderes por todos lados abogando por sus propios intereses. Es lo que ha ocurrido siempre. Y en esta ocasión cada sector, de uno y otro lado, de izquierdas y derechas, extractivistas y ecologistas, empresas y comunidades, solidarios e individualistas están intentando profundizar las visiones que creen necesarias. O aprovechando la ola para sus propias agendas.

Esa es la realidad de la desnuda humanidad.

Lo que sí, para considerar nuevas teorías son necesarios algunos elementos base, para así actuar en propiedad. Develando, activando, transformando. Pero pedir no usar las mascarillas, que no se respeten las cuarentenas, es irresponsable. Más aún cuando en esa sensación de que todo está podrido, todo está manipulado, que hagamos lo que hagamos perderemos, se inmoviliza a la ciudadanía. ¿Para qué voy a preocuparme por los cambios necesarios si al final todo sigue igual, digitado por seres que están más allá de lo que yo anhele?

Disponible estoy a que me convenzan de lo contrario. Pero a que me convenzan, no a que me digan que la plandemia es cierta sólo porque sí.

TAGS: #Conspiración #Coronavirus

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