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Y va a caer…

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¿Qué pasa en Chile, que a pesar de haber retornado la democracia hace ya muchos años, los estudiantes cantan consignas anti-dictatoriales y la derecha emplea el mismo discurso de la dictadura para afirmar sus puntos de vista? ¿Será que quedó algo pendiente que nos hace volver como sociedad a los debates generados durante el régimen de facto?

Me ha llamado mucho la atención que en las marchas de los estudiantes, la consigna que más alegre y colectivamente se cante es: “y va a caer y va a caer la educación de Pinochet”. Es interesante que los jóvenes hayan acuñado esta frase, de claro tinte ochentero, para vocear su demanda y que también esta consigna haya logrado un nivel tal alto de aceptación e identificación por parte de los estudiantes. Su uso es más interesante aún, si tenemos presente que el movimiento estudiantil se ha caracterizado, entre otras cosas, por una gran creatividad para utilizar nuevas formas de comunicar y de convocar.

El domingo viendo en Tolerancia Cero, la entrevista a Pablo Longueira, el ahora candidato presidencial de la UDI, tuve la clara sensación de estar volviendo a los ochenta, cuando el discurso dictatorial culpaba de todos los problemas del país a los comunistas (que éramos todos los que nos oponíamos a él), señalándolos como los grandes generadores del caos y la mayor amenaza a toda la civilización occidental. Es claro que a pesar de lo que suelen decir las personas de la UDI y de la derecha en general, ellos siguen anclados a ese pasado que quisieran que nosotros olvidáramos.

¿Qué pasa en Chile, que a pesar de haber retornado la democracia hace ya muchos años, los estudiantes cantan consignas anti-dictatoriales y la derecha emplea el mismo discurso de la dictadura para afirmar sus puntos de vista? ¿Será que quedó algo pendiente que nos hace volver como sociedad a los debates generados durante el régimen de facto?

Pertenezco a la generación cuyos hijos son los jóvenes estudiantes que marchan hoy día por una educación pública, gratuita y de calidad. Aquellos que demandan, no para sí, sino para sus hermanos más pequeños y para las futuras generaciones, el fin de la educación de Pinochet.

Si bien es cierto, nosotros marchamos con ellos, respaldando y haciendo nuestras sus demandas; también lo hacemos por otra razón igualmente válida. Durante mucho tiempo escuchamos el discurso, y quisimos creerlo, que habíamos terminado con la dictadura. Si hasta gritamos después deltriunfo del No, “y ya cayó, y ya cayó”.

Qué equivocados estábamos. Confundimos la salida de Pinochet del gobierno con el fin de la dictadura. Para ser justos, no todos lo hicimos; una parte de nuestra generación se dió cuenta inmediatamente del error que estábamos cometiendo. Lamentablemente escogieron una forma, a mi parecer errada, de denunciarlo, y varios de ellos pagaron con sus vidas esa elección.

Los otros, la mayoría, estábamos cansados de tanto luchar y solo queríamos vivir la libertad que comenzaba a surgir por todas partes. Por eso poco a poco fuimos dejando de lado lo colectivo para vivir la individualidad que el nuevo orden nos entregaba.

A pesar de ello, cual más cual menos, sabíamos en nuestro fuero interno que habíamos dejado una tarea inconclusa y cuando lográbamos olvidar esa verdad bastaba que apareciera algún dirigente de la dictadura convertido en “demócrata” o alguna noticia sobre un caso de violación a los derechos humanos todavía sin sanción, para hacernos regresar a esa realidad que nos negábamos a aceptar en público. El orden dictatorial no había caído, solo el dictador había muerto.

Pero como no hay mal que dure 100 años, llegó el 2011 y aparecieron nuestros hijos, para decirle al país, con una voz tan potente que era imposible no escuchar, que la dictadura estaba viva, que la educación que estaban recibiendo seguía fundada en los mismos principios que habían inspirado a ese régimen.

Y consecuentemente con ello, cantaban en la calle una consigna, acuñada hacía muchos años por nosotros, pero que seguía estando vigente.

En estos últimos tres años hemos tenido que padecer un gobierno de derecha, donde, desde La Moneda. Algunos de sus ministros, que fueron parte de los jóvenes escogidos de la dictadura, han calificado de violentistas a nuestros hijos. Hemos tenido también que asistir impotentes a la represión inmisericorde de las fuerzas especiales contra los estudiantes. Por otra parte, en este mismo período, hemos visto grandes movilizaciones en varias regiones, apoyando causas sociales, medioambientales, regionales y económicas.Han surgido también nuevos movimientos políticos y organizaciones ciudadanas apoyando éstas y otras luchas; como el llamando a convocar una asamblea constituyente para crear una nueva constitución.

Hoy salimos a la calle nuevamente. No sabemos cuánto tiempo más deberemos marchar. Sin embargo, sabemos que sólo cuando nuestra generación, pueda cantar en las calles, junto a nuestros hijos y a todo el pueblo “y ya cayó, y ya cayó, la educación y la constitución de Pinochet”, la tarea histórica de terminar con el orden dictatorial habrá recién concluido.

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peon

08 de Mayo

Constitución y educación no basta para decirlo. Este modelo lo que ha hecho es concentrar recursos económicos y financieros en pocas manos desde la dictadura.

A mí me parece que se debieran nacionalizar las más de 700 empresas privatizadas por la dictadura de Pinochet, más todas las privatizadas durante la dictadura de la Concertación…

08 de Mayo

La reflexión propuesta invita a pensar lo potente que es el fenómeno de Pinochet aún en la sociedad. Para bien o para mal.
Y Pinochet no fue un creativo que diseñó un país distinto; fue mas bien un catalizador de las tendencias de la época. La potencia con la que se impuso una lógica socioeconómica , aceptada de muy buena gana por el mundo entero durante estos últimos 30 años, y para que decir por la Concertación, será objeto de estudio en el futuro. Y no por que haya sido mala o nefasta como algunos argumentan, sino porque no dio espacio al contraste para poder validarse. Efectivamente, durante todo este tiempo, desde 1980 al 2010, la hegemonía de las tendencias neoliberales en el mundo no tuvieron un contrapeso de parte de otra visión, lo que hace que las generaciones actuales no hayan podido observar, en la práctica, una versión distinta de la sociedad. Solo pequeñas señales, como Venezuela o Bolivia, pero, como sucede (particularmente en Venezuela) en los estados totalitarios, la verdad de las cosas queda muy oculta; y con una propaganda estatal ad-hoc, claramente cuesta ver la realidad de una sociedad distinta.
Por lo tanto, lo que pasa es que todos los problemas actuales se le achacan a Pinochet; la falta de contraste hace que nadie pueda diferenciar si algo era bueno antes, durante y después, o si algo siempre fue malo. Y, como no hubo animo de cambiar mucho las cosas, no bastó que se muriera Pinochet.
Lo realmente interesante es como, al igual que en los 60, las generaciones nuevas quieren diseñar un mundo distinto. Con muchísima candidez, también mucha falta de realismo, pero bien intencionados. El problema de como mute eso a una situación con caudillos mas violentos, mostrará como efectivamente pareciera que la historia se puede volver a repetir.

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