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¿Quién pone la música?

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¿Qué podemos hacer entonces, los que queremos contribuir a la construcción de nuevas organizaciones políticas democráticas? ¿Dejar que éstas vayan con el platillo a pedir dinero a los mismos que financian a unos y a otros, para asegurar su influencia, independientemente de quien gane las elecciones? ¿Tendremos que pedirles que desarrollen, como en la Dictadura, estrategias clandestinas para conseguir fondos?

Según el diccionario de la Real Academia de la Lengua, un refrán es un dicho agudo y sentencioso de uso común. El dicho popular, el que pone la plata pone la música, calza con esa definición.

Me acuerdo que en la época de la dictadura, las organizaciones políticas tenían que ser muy creativas para poder conseguir fondos para financiarse. Imagínense lo que era pedir plata para una organización ilegal, fuertemente reprimida. Como no se podía decir para que fin era el dinero que se estaba recolectando, salvo a los de mucha confianza, las personas a lo más podían sospechar que su dinero estaba siendo destinado para algo político; lo que no era poco, en una época en que la política era enjuiciada por el poder, como uno de los grandes males de la sociedad.

Tengo dos pequeños recuerdos de esa época sobre esta tarea de conseguir un poco de plata para una organización de izquierda a la que pertenecía. Uno es vendiendo puerta a puerta, unas botas de viejo pascuero llenas de dulces, por la Villa Frei, en la Comuna de Ñuñoa. Los productos eran una contribución al movimiento de un miembro que era dueño de una distribuidora de confites. Obviamente la gente que compraba las famosas botas no tenía la menor idea de a donde iría a parar su dinero. El otro recuerdo es yendo de casa en casa a mostrar un video sobre la lucha del pueblo nicaragüense contra Somoza, y recolectando dinero de los asistentes al finalizar la función. En este caso las personas que asistían a estas sesiones tenían más idea de a donde irían a parar sus aportes. Dimos tantas veces el famoso video que al final me sabía de memoria los diálogos.

Todo lo anterior es solo una forma de introducir un tema bastante difícil de plantear en los días de hoy, el financiamiento de las organizaciones políticas, en particular de las nuevas organizaciones que están surgiendo en nuestro país. Al igual que durante la Dictadura, esta tarea está siendo muy difícil, aunque por razones diferentes. Hoy en día todos reconocen el derecho a la existencia de los partidos y otras organizaciones políticas y quizá más de alguien contribuye a financiarlas también. Sin embargo son claramente una minoría. Para la gran mayoría de las personas financiar la política no lo consideran su problema. Incluso, para muchos de ellos  los políticos, y por ende los partidos políticos, son organizaciones corruptas que consiguen dinero o formas muy poco éticas, entiéndase chanchullos y corruptela;  o de los bolsillos de los empresarios y grupos de interés que compran a través de sus aportes,  influencia en las esferas de toma de decisión del país. Por lo tanto frente a esta percepción social, plantear la necesidad de incrementar el aporte del Estado, es decir de todos nosotros, al financiamiento de la acción política es, ampliamente rechazado.

El problema es que estamos en un círculo vicioso, porque como dice el refrán, el que pone la plata pone la música, y si quienes ponen la plata siguen siendo  los grandes empresarios o los grupos de interés, las organizaciones políticas seguirán bailando la música que éstos les ponen. De más esta decir que esa melodía, salvo excepciones obviamente, no será precisamente la que tiene como fin, mejorar la democracia, ni  aumentar la justicia, ni mucho menos la que contribuirá a hacer más igualitaria nuestra sociedad. El ritmo seguirá sonando más a concentración económica, a democracia restringida, a injusticia y desigualdad.

¿Qué podemos hacer entonces, los que queremos contribuir a la construcción de nuevas organizaciones políticas democráticas? ¿Dejar que éstas vayan con el platillo a pedir dinero a los mismos que financian a unos y a otros, para asegurar su influencia, independientemente de quien gane las elecciones? ¿Tendremos que pedirles que desarrollen, como en la Dictadura, estrategias clandestinas para conseguir fondos? En mi opinión, la respuesta a estas preguntas tiene que ser un rotundo no, grande y definitivo.

Lo que creemos y por consecuencia lo que hacemos, en nuestro actuar político, en público y en privado, es mostrar que la política se puede practicar en forma ética. Que es una actividad noble y necesaria para mejorar nuestra democracia, y que nuestros movimientos, que están formados por ciudadanos comunes y corrientes,  no solo merecen existir sino que es necesario que lo hagan, por el bien de nuestra comunidad.

Será una tarea larga, porque habrá que reconciliar a la política con los ciudadanos, para que ellos vuelvan a confiar en que los políticos, estos nuevos políticos, serán capaces de representar sus legítimas aspiraciones y que actuarán siempre anteponiendo el interés colectivo a sus particulares y legítimas aspiraciones y que si no lo hicieren, la misma organización los reemplazará por otros que sí estarán dispuestos a desempeñar ese rol.

Cuando esto ocurra, los ciudadanos entenderán que tienen que apoyar también financieramente a las organizaciones políticas democráticas, para asegurarse que éstas no dejen nunca de bailar la música de la justicia, el respeto a las personas y a la naturaleza, la democracia y la igualdad, que le ponen los ciudadanos.

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31 de mayo

Para que la ciudadanía respalde el financiamiento de los partidos, estos tendrán que dejar de ser piramidales. Deben dejar de ser entes donde grupos de poder internos se van asociando, hasta lograr mayorías internas, transando elementos, etc. En suma, la orgánica de los partidos políticos tendría que cambiar, situándose en la esfera de las ideas y no del poder por el poder.
En ese sentido, podría ser mas efectivo que el Estado procurara un sistema electrónico de convergencia, donde los adherentes se junten virtualmente a debatir; luego, los candidatos podrían ser reemplazados por maquinas virtuales que voten. Por lo que se elimina la representatividad, y llega la participatividad. Y, gente que piensa parecido, le podrían llamar “partido político” después.

31 de mayo

Excelente artículo. La participación política de los ciudadanos y ciudadanas debe hacerse y financiarse en otros términos. este país requiere tb contar con nuevas formas para adherir a causas ambientales , sociales o políticas y financiar el pensamiento independiente

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