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Repolitización: Dotando de democracia el modelo de desarrollo

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Si la frustrada realización de la 25º Conferencia de las Partes sobre Cambio Climático en Santiago (COP25) sería un verdadero diplomado express en materia ambiental, la profundización del proceso constituyente lo es en materia política. Hoy, en Chile, estamos siendo espectadores y protagonistas de la repolitización del país y la ciudadanía.

Que se entienda.

No es una repolitización partidaria, necesariamente, así como tampoco una educación cívica basada solo en la forma, en cómo funcionan las instituciones republicanas. Es el involucramiento de hombres y mujeres a través del espacio colectivo, con espíritu de incidencia en los ámbitos que a todos afectan.


Esta repolitización puede significar un quiebre profundo al modelo de desarrollo del país. Y esta fisura es incorporar democracia a la toma de decisiones sobre las inversiones.

Participación en la distribución el poder, en el fondo, que es la base de la discusión política. Lo dicho tantas veces: la discusión apunta a un dilema original no resuelto en miles de años. Desde el momento en que dos se reunieron y expresaron su voluntad de vivir en comunidad se preguntaron: ¿Cómo tomaremos las decisiones que nos involucran a ambos? Como soy más fuerte que tú, ¿las tomaré yo? O, ¿un día tú, otro día yo? ¿En cada disyuntiva, dependiendo de quién convence a quién? El cómo tomamos las decisiones colectivas. En concreto, en cómo distribuimos el poder político.

De ahí que el debate sobre la legitimidad del “Acuerdo por la Paz Social y la nueva Constitución” suscrito el 15 de noviembre, la discusión sobre los 2/3 en base a una hoja en blanco para cambiar la Constitución de Pinochet, la paridad de género de los constituyentes, la incorporación de los pueblos originarios, que voten los menores de 18 años e incluso el número óptimo de parlamentarios para una efectiva representatividad de la asamblea constituyente (aunque se le llame convención constitucional) forman todos parte de una buena noticia.

Buena porque si mira detenidamente el origen en los problemas sociales y ambientales, es precisamente una ciudadanía que dejó de reflexionar y participar en la toma de decisiones colectivas. Dejó de interesarse en el poder, no como acto de imposición como nos han acostumbrado, sino como la tarea de construir en conjunto el país, sociedad, en que queremos vivir.

Los cabildos, conversatorios, asambleas, no solo son espacios de generación de contenidos y aprendizajes. Son, a la vez, hitos donde se pone en práctica la política y eso es positivo. Existen cientos, si no miles, de hombres y mujeres que por primera vez se reúnen con otros y otras a revisar el pasado, diagnosticar el presente y proyectar el futuro. Y que pierden en dicho acto la desconfianza a los procesos colectivos.

Esta repolitización puede significar un quiebre profundo al modelo de desarrollo del país. Y esta fisura es incorporar democracia a la toma de decisiones sobre las inversiones.

Hoy por hoy, los principales aspectos que se consideran al momento del avance de proyectos productivos de toda índole es la rentabilidad esperada y el cumplimiento de la normativa ambiental, es decir, lo técnico-legal. Donde la participación ciudadana siempre es indicativa, no vinculante.

Agregar democracia al modelo de desarrollo (más allá de instrumentos indirectos como planes reguladores, ordenanzas, etc.) es resistido por una elite empresarial acostumbrada a imponer su parecer. Lo sabemos desde los tiempos de HidroAysén cuando se levantó la demanda “Aysén decide” y donde, en el marco del movimiento “Aysén, tu problema es mi problema”, pusimos como punto nuestro plebiscitar los mega proyectos. Un exigencia que se sabía casi imposible de conceder por el gobierno de Sebastián Piñera sin cambiar la lógica impositiva del modelo de desarrollo extractivo actual. Porque se pueden construir hospitales, universidades, bajar el precio de los combustibles, incluso tener un sueldo regionalizado, pero permitir que el pueblo decida (o mande, como también dicen también) es un acto subversivo. Y eso estaba claro.

Por eso cuando la candidata de derecha Evelyn Matthei planteó en 2013 sobre las represas en la Patagonia que “yo primero le preguntaría a Aysén; yo primero haría una consulta de tipo plebiscitaria para preguntarle a Aysén qué quiere y si están dispuestos a mirar alguna forma que no complique sobre todo el tema de la transmisión” fue un hito.

Tal frase, desde la lógica del neoliberalismo, fue una derrota de sentido. Bueno, y ya sabemos lo que pasó con ese proyecto en nuestro sur austral.

Tarea fundamental hoy por hoy, entonces, sigue siendo agregar democracia al modelo de desarrollo. Uno que, desde nuestra vereda, es parte del problema crucial que tenemos como país y planeta. Porque, no nos cansaremos de declarar, la crisis es social a la vez que ambiental.

TAGS: #Democracia #Participación #ProcesoConstituyente modelo

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