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Los limites de lo posible

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Entre gallos y medianoche se ha firmado un acuerdo entre los dirigentes de los principales partidos políticos del país que contempla un plebiscito resolutivo donde la ciudadanía debe apoyar o no la redacción de una nueva carta magna. En qué caso de que el apoyo sea efectivo, el tipo de órgano que debiese asumir esta tarea; o una convención constitucional mixta, o una convención constitucional compuesta “exclusivamente” de ciudadanos.


Las características del proceso favorecen un posible obstruccionismo oficialista. El sistema electoral vigente le garantiza un nivel mínimo de representatividad aunque suficiente como para vetar u obstruir deliberaciones fundamentales

Desde la perspectiva del Frente Amplio, esta sería una oportunidad histórica que permitiría por primera vez en la historia de Chile la participación “constituyente” de la ciudadanía. Plausible, qué duda cabe, sobretodo cuando tenemos en cuenta que, a lo largo de nuestra vida republicana, ha sido un sector específico de la sociedad (propietario y armado) el que ha monopolizado el aparataje estatal usurpando reiteradamente el ejercicio del poder constituyente y por extensión, la soberanía popular. Así fue en 1833 -luego del Golpe de estado y la Guerra civil planificada y financiada por Diego Portales- al redactar una nueva constitución sin ningún tipo de participación ciudadana. También lo fue en 1925, luego de que Alessandri literalmente traicionara la voluntad ciudadana e impusiera arbitrariamente un documento constitucional vigente por casi medio siglo hasta que, un acto sedicioso –el Golpe militar de 1973- seguido por un dramático cumulo de crímenes por causa o complicidad del Estado contra un sector específico de la sociedad civil, sentaron las condiciones políticas necesarias –el aniquilamiento de la oposición y el terror de mercado- para encomendar a un pequeño comité de hombres blancos, propietarios, capitalistas y devotamente católicos, la deliberación de un nuevo texto constitucional.

Volvamos al Frente Amplio. Ciertamente hay bastante razón en sus juicios. ¿Quién no podría estar de acuerdo? Luego del estallido social con los mayores niveles de masividad en casi medio siglo la derecha acorralada y desesperada decide pactar una nueva constitución e incluso, ofrece la posibilidad de que, si así lo decide la ciudadanía, sea convocada una convención constituyente compuesta exclusivamente por ciudadanos, lo cual, sería el “equivalente practico” de una Asamblea Constituyente sin más.

Sin embargo, hay elementos que nos hacen disentir. El primero de ellos, es el foco exclusivamente político con el que se está tratando esta cuestión. La excesiva confianza en la agencia de los sujetos sociales pareciera ser suficiente como para silenciar una verdad incómoda: el proceso constitucional será realizado desde la derecha hacia la ciudadanía. Es ella la que sienta las bases institucionales del proceso, es ella la que organiza y coordina, y por último, pero no menos importante, este proceso se hará efectivo bajo los mismos parámetros institucionales autoritarios que le entregan al gobierno de turno una amplia autonomía frente a la sociedad civil movilizadora.

Las cursivas no son accidentales. Ya el joven Marx nos había advertido sobre el rol disruptivo que desempeña la propiedad privada de los medios de producción y reproducción al interior de la sociedad civil. En efecto, no todos los ciudadanos son iguales. La igualdad de la sociedad civil es una quimera. Hay ciudadanos propietarios y otros que no. Existe por tanto una desigualdad endémica a la sociedad civil que determina su relación con el Estado. Para ser más precisos: Una parte de la ciudadanía cuenta con los activos suficientes como para influir en la constitución, gobernación y proyección del aparataje republicano y otra que solo cuenta con su fuerza de trabajo y protesta. De esta manera, la posesión de propiedad privada reduce al Estado y sus gobiernos de turno a la satisfacción de los intereses y necesidades de una parte de la sociedad civil. Sin ir más lejos, en Chile los enclaves institucionales autoritarios (como los 2/3 y el derecho a veto) y el financiamiento privado de la política son ejemplos concretos que respaldan las observaciones del joven Marx.

Existe, entonces, una sociedad civil inmovilizadora con altos grados de influencia y presión. La misma, que sustenta el poder económico político y cuya alianza natural será con los gestores del proceso: el gobierno actual.

En segundo lugar, si bien es cierto que el avance innegable de la sociedad civil movilizadora ha logrado que su contraparte acepte finiquitar su baluarte constitucional, está por su parte, activará todos los dispositivos institucionales o extra-institucionales para salvaguardar lo viejo en lo nuevo.

Siendo honestos, las características del proceso favorecen un posible obstruccionismo oficialista. El sistema electoral vigente le garantiza un nivel mínimo de representatividad aunque suficiente como para vetar u obstruir deliberaciones fundamentales. Junto con ello, no hay que desestimar el oportunismo del resto de los partidos políticos que respaldan este proceso, los que inevitablemente contaran con una cuota importante de representatividad. Frente a la persistencia de los enclaves autoritarios inmovilizadores y el financiamiento para la representación privada de la política, es poco probable un desenlace constitucional satisfactorio para la ciudadanía movilizadora.

Los límites de nuestro lenguaje son los límites de nuestro mundo. Al ser la palabra el signo ideológico por excelencia, no es extraño que sea escenario frecuente de las disputas entre movilizadores e inmovilizados o, para decirlo de una vez y sin más rodeos: de la lucha de clases.

Hablar de Convención Constitucional no es lo mismo que hablar de Asamblea Constituyente. La primera, es una respuesta del poder económico y político constituido a la sociedad civil movilizadora e inmovilizadora para la redacción de una nueva constitución. Es un hecho puntual y específico. Un acontecimiento constitucional. Y como tal, está circunscrito a los estrechos límites de lo posible. Por el contrario, una Asamblea Constituyente es una conquista de la sociedad civil movilizadora frente al poder constituido de lo económico y lo político, luego de un proceso dual y permanente de despliegue territorial activo y repliegue pedagógico reflexivo que, una vez que ha madurado lo suficiente, subvierte el orden de lo posible trayendo de vuelta lo imposible pero ahora como posibilidad concreta. Lo imposible a veces sucede. He aquí el verdadero arte de la política.

Convención Constitucional es una palabra llena de intencionalidad. Se trata, en definitiva, de mutilar un proceso constituyente autentico. Es decir, impedir el desarrollo formativo de un proceso de deliberación popular donde los intereses y las necesidades de la clase trabajadora fueran satisfechos de manera efectiva. En síntesis: impedir un gran acuerdo de clase para avanzar hacia la superación del actual modelo de desarrollo chileno.

TAGS: #AcuerdoNuevaConstitución #EstoPasaEnChile #NuevaConstitución #ProcesoConstituyente

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25 de Noviembre

Para satisfacer las ganas de que el poder sea redefinido por la asamblea, primero se debe destruir el poder tal y como existe. Y poder no es solo poder económico; es poder político, influencia, educacional, conocimiento, etc. De alguna forma, para que suceda lo que quiere el autor, hay que hacer RESET, es decir, borrar todo y recomenzar. El clásico sueño húmedo de la izquierda.
Pero luego viene el armar la sociedad. Ahí ¿quien gobierna el proceso? ¿y como se gobierna?…desde ese minuto se empieza a generar un poder. ¿habrá que matar a los que tengan ese poder momentáneo, para que no lo puedan ocupar de nuevo?. De alguna forma, hacer otro RESET.
Como todo, hay algo que es innegable detrás de todo lo que pasa: cada uno trata de manejar las cosas para ser beneficiario de algo. No he visto a ningún adalid de la igualdad económica hablando de poner un impuesto de , digamos, 10 lucas a todos para apoyar a la incipiente Uganda, que como es tan pobre, bien podría ser ayudada por la rica sociedad chilena. O también, tampoco veo a los genios de la nueva sociedad proponiendo vender el cobre a un precio que solo pague la mano de obra y costos de maquinaria, ya que si hay un margen sobre eso sería explotar a los pobres consumidores del mundo. Porque, finalmente, TODOS quieren llevar agua a su molino, disimulándolo a través del bien común o de reformateos en los que el personaje piensa que va a quedar mejor que antes. Mas de lo mismo, como siempre.

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