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Longueira: humano, demasiado humano

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De pronto e irónicamente, en la Alianza solo importó lo humano, aunque uno se acuerda de aquellos derechos humanos que alguna vez absurdamente negaron que se violaban, como en los tiempos en que el senador Kennedy visitó Chile. ¡Pero qué importa eso cuando solo pesa lo humano! Y de pronto, impredeciblemente, la nota de cordura la pone un presidente que no cae en ninguna de sus conocidas piñericosas y finalmente todo se vuelve humano, demasiado humano… mientras, la vida miserable del humano común (supongo que esa es “la gente” que menciona Zalaquett) que toma el Transantiago continúa sin que su humanidad le importe realmente a nadie.

Allá por el año 2003, el humorista Juan Carlos “Palta” Meléndez tenía la loca idea de hacer una obra de teatro humorística protagonizada por Salvador Allende. Todo estaba en veremos y lo que se conoció el 2007 como la rutina Allende Ghost, en Viña del Mar, fue el resultado de muchos borradores, arreglos debido a los cambios en la contingencia política y las actualizaciones que el guión necesitó.

En el principio, sin embargo, yo tenía la tarea de encontrar la excusa para la aparición de Allende a comienzos del siglo XXI. Hubo una máquina del tiempo y una sesión espiritista como alternativas, pero algo no nos convencía. Yo apenas comenzaba a trabajar con el “Palta” y a pesar de que el humor se permite ciertos absurdos, no quería yo que la aparición de Allende tuviera nada de gratuito ni de deus ex machina.

En ese predicamento estábamos cuando obtuvimos la ayuda inesperada de Pablo Longueira: a él se le apareció Jaime Guzmán en sueños y luego el mismo Longueira lo anunció a los cuatro vientos, cual profeta bíblico, cuando dijo que “en la soledad y el dolor que hemos vivido, todas las noches le he rezado a Jaime Guzmán y me dijo ‘sigue a ese cura que está metido y dice bendita imprudencia'”, refiriéndose al entonces padre Artiagoitía, quien apoyaba las declaraciones de una tal Gema Bueno en un caso de supuesta pedofilia del que ya nadie se acuerda, porque después vinieron otros casos mucho más escandalosos.

Nosotros, por nuestra parte, tuvimos nuestra propia iluminación y se nos ocurrió que Allende diría que “si a Longueira se le apareció Jaime Guzmán, entonces yo tengo derecho a penar en la puerta de Morandé 80”. El texto sufrió algunas modificaciones antes de su forma definitiva en el Festival de Viña de 2007, pero conservó la idea central. Fue Longueira quien, para nosotros, abrió la puerta al absurdo. Después de ello, ya no tendríamos que preocuparnos demasiado por una coherencia que no necesariamente existía en el objeto nuestra parodia, que no era Salvador Allende, sino los políticos vivos en aquel presente, un presente que no ha cambiado mucho con los años.

Hoy es de nuevo Longueira quien abre una vez más la puerta del absurdo, un absurdo que esta vez se manifiesta, entre otras muestras, en la sonrisa de oreja a oreja de Evelyn Matthei y sus posteriores palabras de compasión ante la periodista cuya voz le hizo notar su exceso de “emoción”. También en la crisis de pánico que supuestamente sufrió el domingo anterior a su renuncia, pero nada de ello está claro, no todavía y la verdad tal vez no lo esté nunca. Por otra parte, Pablo Zalaquett hizo una vez más gala de la incoherencia de sus ojos saltones que dicen que a “la gente” no le interesa el binominal. Oiremos más declaraciones, aclaraciones, pero jamás sabremos nada de nada. Solo sabremos que la lucha fratricida –si es que ellos tuvieran cierta hermandad– que ocurrió antes y después de las primarias nunca tuvo sentido y que Kafka y Ionescu tal vez sean los únicos que pudieran tener algo que decir.

De pronto e irónicamente, en la Alianza sólo importó lo humano, aunque uno se acuerda de aquellos derechos humanos que alguna vez absurdamente negaron que se violaban, como en los tiempos en que el senador Kennedy visitó Chile. ¡Pero qué importa eso cuando solo pesa lo humano! Y de pronto, impredeciblemente, la nota de cordura la pone un presidente que no cae en ninguna de sus conocidas piñericosas y finalmente todo se vuelve “humano, demasiado humano…” mientras, la vida miserable del humano común (supongo que esa es “la gente” que menciona Zalaquett) que toma el Transantiago continúa sin que su humanidad le importe realmente a nadie.

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Foto: UDI / Licencia CC

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Comentarios

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18 de julio

Por algún motivo no salieron las cursivas de las citas…

18 de julio

Esta es una cita textual: “en la soledad y el dolor que hemos vivido, todas las noches le he rezado a Jaime Guzmán y me dijo ‘sigue a ese cura que está metido y dice bendita imprudencia’”
Esta es otra cita: “si a Longueira se le apareció Jaime Guzmán, entonces yo tengo derecho a penar en la puerta de Morandé 80”
Y claramente esta es otra cita: “humano, demasiado humano…”

18 de julio

Arturo,
gracias por avisarnos, cambios realizados.
Las citas nos llegaron sin cursivas ni comillas, razón por la cual no hicimos ajuste alguno al revisar la entrada.
Saludos.

Dr. Halfwater

18 de julio

Longueira se cagoneó y arrancó. La teleserie de la Sulianita Longueira ahora solo le falta quedarse ciego o paralitico para que los populares del chencho chochial voten por la UDi. Es la mejor artimaña política desesperada que le quedaba, apelar a lo “humano” del fuhrer Longueira para patear el tablero de la democracia de forma irresposable. Como la Udi no podía hacer golpe de Estado hace golpe de efecto emocional. Longueira nunca quiso primarias, y este tongo-depresión es una maniobra política, no tiene nada de humano.

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