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Conversaciones públicas y privadas

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Todas las personas tenemos conversaciones privadas cuyo interlocutor somos nosotros mismos, estos sucesos se desarrollan al interior de nuestra conciencia, donde los pensamientos, ideas, críticas, recuerdos,  sueños y nuestras convicciones más arraigadas,  aparecen y se expresan sin censura, obviamente, sin pasar el límite de nuestro ámbito mental. Otro ambiente conversación es el público, aquí las palabras son afinadas por el cedazo de la racionalidad y los interlocutores son otros seres humanos que actúan de acuerdo a   reglas que articulan la  comunicación, en general,  ocurre que   estas experiencias comunicativas   no coinciden con la conversación  intima, estas son dos formas de comunicación diferentes.

El   actual ministro de educación Gerardo Varela   señaló hace algunos días y, sin riesgo a equivocarnos, podríamos afirmar que sus palabras estaban teñidas por la molestia, que el Mineduc recibía en forma constante solicitudes para  arreglar el techo de un gimnasio, una sala clases o un piso en mal estado; luego, agregó  reforzando su disgusto,  ¿Por qué no hacen un bingo? finalizando su argumento con esta sentencia: “son los riesgos del asistencialismo de la gente no se hace cargo de sus problemas”.   Obviamente, en esta oportunidad, el ministro abrió la compuerta de  su esfera privada y vertió sus ideas personales en el mundo público, expresando  sus íntimas  creencias, nacidas en su sustrato mental conservador  en una reunión abierta: la función del estado no es la caridad ni la preocupación por la calidad de vida se los ciudadanos, sino la rentabilidad.


Es verdad que nuestras conversaciones privadas son distintas a las conversaciones públicas, sin embargo, son coherentes con la identidad del sujeto que habla

Esta forma de actuación acarrea ciertas  dificultades,  por un lado, el ministro expresa las convicciones que brotan de lo profundo de su ser , esto es, el estado no es la institución que debe realizar la mantención de la infraestructura educacional, esto es una tarea de los usuarios del sistema, en consecuencia, desde su perspectiva la educación no es un derecho como lo establece el articulo 26 de la declaración de los derechos humanos, ya que, en su opinión,  la preocupación del estado es la mantención del orden económico el cual pretende optimizar, y la consecución de resultados –en Educación, por ejemplo, los puntajes de  pruebas objetivas nacionales e internacionales como Simce o Pisa.

Si las palabras del ministro hubieran considerado  la historia de la educación en Chile, su discurso formal debería haber contemplado hitos como la promulgación de la Ley de Instrucción Primaria Obligatoria  (24 de noviembre de 1860) que estableció un sistema de educación pública, donde el estado asume el rol de ser proveedor, supervisor y orientador de la enseñanza primaria, con este este instrumento legal el estado asume la responsabilidad social e histórica de educar a los niños de Chile, proporcionándoles un contexto adecuado para su desarrollo.

Es verdad que nuestras conversaciones privadas son distintas a las conversaciones públicas, sin embargo, son coherentes con la identidad del sujeto que habla; somos hinchas de un equipo futbol y no dos , somos militantes de un partido político, somos  ateo o  creyente  pero no adscribimos a ambas opciones al mismo tiempo, no somos  partidario de la violencia y la no violencia al mismo tiempo, el filósofo griego Parménides decía que el ser es no es no es, pero no puede ser o no ser al mismo tiempo, esto es  como el vino o la cerveza sin filtrar que, aunque les falta este proceso para ser consumidos, estamos hablando del mismo vino y la misma cerveza. En este caso el ministro ha ignorado el origen y la historia de la educación chilena, dejando en claro que para él la educación es un negocio más y no un derecho humano.  Estas palabras más  otras dichas en forma espontánea, nacen del inconsciente y  revela su verdadero pensamiento.

 

TAGS: #Lenguaje

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