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Net metering: Para que las eléctricas paguen a los chilenos por la energía

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Desde que partió la segunda etapa de la campaña de HidroAysén, luego de bombardearnos varias semanas con el terror a usar el secador de pelo o pedir pizza a domicilio, hay algo que no me calza.    Algo en las palabras de esa bella joven, con acento de Barrio Alto metropolitano, que no me cuadra.  La frase donde dice que “las energías alternativas, como la del sol o la del viento, son una buena opción para Chile, pero al no ser constantes por sí solas son insuficientes”.  Y remata con una, para nosotros,  tenebrosa afirmación:  “El agua tiene la energía para Chile, y Chile tiene agua en Aysén”.  Tétrica porque confirma que los dueños de Endesa y Colbún, quienes viven en Santiago, Madrid y Roma, ven a las regiones (y a su gente) sólo como una despensa a la cual meter mano a su antojo.

No me calza que se diga que la energía eólica no es una alternativa viable porque “el viento no sopla siempre”.  O que la termosolar tampoco porque “el sol no sale durante la noche o calienta menos cuando está nublado”.  Algo similar, aunque con matices, se plantea para la fotovoltáica.

Porque está claro que el viento no sopla siempre, pero esto es cierto sólo respecto de un mismo lugar.  Si uno considerara todo Chile, puede ser que en un territorio no corra pero en otro sí lo hará.  Y con el sol, puede ser que en algunas partes esté nublado (casi imposible para el desierto de Atacama), pero en otros la estrella brillará en lo alto. 

He ahí en la generación masiva de electricidad una diferencia sustancial entre sistemas fuertemente diversificados y otros concentrados en mega plantas energéticas. Estas últimas hacen a los sistemas eléctricos altamente dependientes de pocas variables.   En el fondo, vulnerables.     Al contrario, una decisión sensata es apostar no por uno sino por cientos, miles, millones de productores de energía que, utilizando diversidad de fuentes, a escalas apropiadas, inyecten electricidad al sistema para que éste se mantenga operando siempre.

Pensemos en una mesa.  Una de tres patas y otra de 100.

Si la mesa es de tres patas, el día que se le quiebre una, se desplomará automáticamente.  Así, cuando se propone que uno de los puntales de la energía del SIC sea HidroAysén con sus 2.750 megawatts instalados, y otra la termoeléctrica Castilla con sus 2.300, el día que alguna falle por cualquier motivo, la crisis será generalizada. Como ha ocurrido con centrales más pequeñas ya en ocasiones anteriores.

La planificación estratégica es diferente.  Diversificada, desconcentrada.

Donde el sistema eléctrico nacional no tenga sólo tres o cuatro patas que lo sustenten, sino cientos, miles de patas, aprovechando el viento que siempre sopla en más de algún lugar, los días de pleno sol, las caídas de agua, las energías que provienen de las entrañas de la tierra, incluso las mareas.  A esta mesa con muchas patas se le podrá caer una, dos, tres, cuatro, 10, 20, y seguirá en pie, porque ninguna será esencial en sí misma.  Tampoco serán pocas las manos que obtendrán solas las grandes utilidades del negocio eléctrico.  Y, por lo demás, no generan tanta resistencia y el país sale de la verdadera telenovela (o película de terror y de gangsters) en que se convierte ante mega proyectos energéticos.

Puede que suene a utopía, a un lindo sueño irrealizable.  Pero no es así.  Esto tiene nombre y apellido.  Se llama net metering, o en buen chileno, medición neta de la energía.

Es una forma de operar los sistemas eléctricos donde las personas –como usted y yo- no sólo bajan energía de la red eléctrica sino también le inyectan electricidad, y cuando lo hacen su medidor funciona en sentido contrario, descontando este aporte de su cuenta de luz mensual.  Y si su colaboración global es mayor a su consumo, a fin de mes no recibirá una cuenta por pagar sino un cheque por cobrar.  Así los paneles fotovoltáicos, los pequeños molinos eólicos, las minicentrales hidroeléctricas, se hacen mucho más rentables y masivos, y permiten redistribuir entre muchos más las utilidades del mercado de la energía, generar más empleos y avanzar hacia un país más sustentable.  Como dice un amigo, pensemos en esto como una internet de la energía.

Cuando somos bombardeados por campañas del terror y decretos de racionamiento, que nos ponen como únicas opciones las termoeléctricas, las nucleares y las represas en la Patagonia, uno se pregunta por qué los medios no hablan siquiera de este sistema que ya opera en países como Alemania, Italia, Estados Unidos y Dinamarca, y en está proceso de implementación en Brasil, Argentina y Costa Rica.

Y no es que sea experimental.  Hoy en el Congreso chileno hay cuatro proyectos de ley presentados, uno de ellos por el senador Antonio Horvath, que apuntan a fomentar la generación residencial de energía, instaurarla, a obligar a las compañías a permitir la conexión de medición neta, y a regular cuánto tienen que pagar ésta.

Estos proyectos fueron presentados entre los años 2008 y 2009 y hoy ninguno tiene urgencia alguna para poder ver la luz en un corto o mediano plazo.    Por el contrario, algunos siguen mirando como si fueran políticas país y de bien común mega proyectos energéticos que hacen más dependientes a Chile y a los chilenos de proyectos específicos de generación.

Avanzar en esta senda no es fácil.  Requiere recursos económicos, técnicos y de infraestructura para adaptar el actual sistema eléctrico a este desafío.  ¿Pero quién dijo que las grandes transformaciones se recorren sobre pétalos de rosas?  Nunca son sencillas, pero muchas veces son las que demuestran la verdadera visión de interés general que tienen los gobernantes y la clase dirigente.  ¿Si las represas en la Patagonia tomarían 10 años en estar operativas, no es una década tiempo suficiente para avanzar en esta tarea y evitarnos impactos irreversibles?  Y esto sin considerar toda la labor que podemos realizar en tal período en ahorro y eficiencia energética, las innovaciones tecnológicas que vendrán y la necesidad de reconvertinos como país hacia sectores menos intensivos en consumo eléctrico. 

Luchar porque los 17 millones de chilenos entremos al mercado de la energía no conviene a todos.  No conviene a los que lo controlan y que de él obtienen sus principales ganancias.  Los mismos que mediante el lobby mantienen estas buenas y muy necesarias iniciativas en el último cajón de las prioridades del país, y nos pretenden convencer que su negocio es el que necesita Chile.

 

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14 de Febrero

Lei esta informacion , hace 6 o 7 años atras en un Mecanica Popular, es genial…..

09 de Junio

A estas alturas (junio 2013) la Ley existe, lo que está pendiente es el reglamento que está preparando el gobierno. De como salga dependerá que se pueda o no se pueda utilizar con el fin que indica este artículo, es decir que la población pueda hacer un aporte con la energía que genera en su casa. Un mal reglamento puede hacerla letra muerta. Un buen reglamento puede hacer que la generación distribuida (como la llaman en España) sea un importe aporte a la matriz energética.

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03 de Abril

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27 de Julio

Muy claro e indiscutible técnicamente. Si todos nuestros techos son generadores de energía, todos ganamos, menos las grandes empresas que se apropiaron de los que fueron las empresas estatales de generación y distribución eléctrica gracias a la dictadura impuesta por ellos mismos a fines del siglo pasado.
Pero ¿qué Partidos políticos están impulsando esta idea? ¿Porqué no avanza esta legislación en el Congreso?
Parece que son muchos los parttidos que están al servicios de estas grandes empresas transnacionales que nos quieren hacer creer que, si ellas no hacen negocios, nuestra energía estará perdida.

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