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Por un Chile más justo (?)

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Que diga la derecha cuál es su definición de justicia: ¿Acaso ya no sigue a su líder ideológico? ¿Es entonces la justicia del Partido Popular de Rajoy que ha identificado la justicia con la austeridad? ¿Es acaso la del actual gobierno del Presidente Piñera, gobierno que según los más connotados ideólogos de derecha – Novoa, Büchi , Rojas-, habría abandonado los “valores” de la derecha hasta llegar a ser no mucho más que otro gobierno de la Concertación , pero un “poco más light”?

Longueira nos dice en su ya abrumadora propaganda callejera, en su sitio web, radios, entrevistas y en cuanto medio existe, que el “sacrificio” de ser el candidato presidencial de la UDI encuentra su justificación en su determinación por dirigirnos en procura de un “Chile más justo”. Además, nos pide que le ayudemos en este propósito y para este efecto nos pregunta: ¿Tú crees que es más justo darle a cada persona lo que realmente necesita o darle a todos por igual?
Antes de escuchar nuestra respuesta se precipita en ofrecer él mismo una especie de respuesta señalando que “la igualdad en sí misma también conlleva una injusticia”. Y añade, “porque uno lo que tiene que hacer es precisamente ser justo” (La Tercera, 19 de Mayo).

Este extraño raciocinio es uno de los mejores ejemplos de lo que cualquiera de nosotros podría imaginar para ilustrar lo que es conocido como una petición de principio. Busquemos entonces en otros ideólogos de su estima cuál es el significado que debemos atribuir a su slogan “Por un Chile más justo”.

Estoy seguro que el candidato concordará conmigo en que la fuente criolla más autorizada para comprender la relación entre justicia e igualdad es Jaime Guzmán. Al argumentar contra la reforma tributaria aprobada durante el gobierno de Patricio Aylwin dejó muy en claro que la reducción de la pobreza no debía confundirse con “con una propuesta a favor del igualitarismo, con una utópica búsqueda del igualitarismo que ninguna nación jamás ha alcanzado. En nombre de ese mito… no sólo conculcaron toda libertad durante décadas sino que fracasaron rotundamente en sus promesas de brindar creciente bienestar”.

O sea, para la derecha el ideal de la igualdad se opone al de la libertad y al logro del bienestar. Por esta razón debería ser rechazado. Todos los discípulos de Guzmán repiten esta falacia, ciertamente con menos elocuencia. La forma en que se conciben los ideales de libertad e igualdad y sus mutuas relaciones es el criterio más profundo y permanente para distinguir el pensamiento de derecha del pensamiento de izquierda.

Propongo considerar las principales diferencias entre nuestra idea de justicia y aquella sostenida por la derecha.
La derecha piensa que las desigualdades son naturales y cree, contra toda la evidencia histórica conocida, que sólo el libre juego de los individuos en el mercado podrá conducir a una menor desigualdad, y en sus versiones extremas, como la de Guzmán, la igualdad sólo podría obtenerse mediante la supresión de la libertad.

La izquierda postula la corrección de todas las desigualdades originadas en la familia, la clase social, ocupación, diferencias de género, etnia, lugar de residencia, edad y status migratorio y otros factores de carácter arbitrario e inmerecidos. Por ejemplo, las desigualdades procedentes del talento innato, son arbitrarias y pueden llegar a ser causas de injusticia. Por ello, cabe a la acción política adoptar las medidas necesarias para que su desarrollo redunde también en beneficio de los grupos más pobres de la sociedad.

Las correcciones políticas de las diferentes dimensiones de la desigualdad pueden requerir de una disminución de los ingresos de los grupos más aventajados en la proporción que sea suficiente para financiar aquellas políticas sociales dirigidas a satisfacer las necesidades básicas de los ciudadanos. Esto es una condición sine qua non para que los ciudadanos comprendan y ejerzan de un modo fructífero los derechos y libertades básicas. La justicia demanda impuestos progresivos para que la recaudación procedente del 1% más rico de Chile, cuyo ingreso per capita es 40 veces mayor que el ingreso per capita del 80% de la población, financie de modo gratuito y universal las necesidades de educación y salud de todos los ciudadanos (datos del SII, elaborados por R. López, E. Figueroa y P. Gutiérrez, investigadores de la Universidad de Chile).

De acuerdo a investigaciones de la Fundación Sol, la mediana de los salarios privados habría descendido en un 4,3 entre 2009 y 2011, mientras que los gerentes generales de las empresas que representan el 80% del PIB aumentaron sus compensaciones variables en un 30%.

La igualdad que la izquierda reclama no es entonces la nivelación en la pobreza, sino que en el igual acceso a aquellos bienes suficientes para el goce de una vida decente.

La díada izquierda–derecha va más allá de la oposición entre comunismo y capitalismo, porque el ideal igualitario se mantendrá vivo mientras la principal motivación de la acción política nazca de “un profundo sentido de insatisfacción y sufrimiento frente a las inequidades de las sociedades contemporáneas” (Bobbio). Ese ideal también persigue el igual reconocimiento universal de la irreductible singularidad de cada individuo y de cada pueblo

Y en virtud de estos ideales se puede otorgar al nombre de izquierda una connotación positiva, incluso ahora que está siendo cada vez más atacada, y al término derecha una connotación negativa, a pesar de estar hoy revalorizada.
La justicia se sustenta en la noción de consensos sobrepuestos que prescinden de toda fundamentación religiosa o doctrina filosófica “comprehensiva” que se auto arrogue el poder de definir lo que debemos entender por “vida buena”. El fin de la justicia es definir lo que es bueno para todos. Y lo que es bueno para todos es el goce de los bienes suficientes para realizar nuestra personal concepción de la vida buena. La concepción de la vida buena comprende el hecho irrefutable de la diversidad de valores sobre las relaciones de afecto y sexuales, formas de vida comunitaria y expresiones religiosas, filosóficas y estéticas. Estos valores que justifican el fin de la vida de cada persona, pertenecen al dominio de lo privado.

La justicia es un valor público-político afincado en el uso de la razón pública, el mérito del conocimiento acumulado por las ciencias sociales y la filosofía y los dictados del sentido común. La justicia estimula los valores de la cooperación social y se dinamiza por un sentido altruista y la disposición a dar y a recibir no sólo conforme al mérito, sino que también en virtud del valor de la solidaridad. La justicia no es igual que meritocracia y ante el reconocimiento de la tensión existente entre competencia e inclusión, está dispuesta a optar por esta última. Por esta misma razón, la solidaridad está reñida con la “racionalidad” del mercado que rechaza todo valor que no sea la incesante acumulación de capital.

El consenso del cual resulta la concepción de la justicia es el resultado de acuerdos libres de toda manipulación y engaño consciente o inconsciente y en el que participan todos y muy especialmente los más ofendidos y humillados por el sistema. Dicho consenso posee un valor moral porque no es consecuencia de una correlación de fuerzas sino que de la convicción.

Que diga la derecha cuál es su definición de justicia: ¿Acaso ya no sigue a su líder ideológico? ¿Es entonces la justicia del Partido Popular de Rajoy que ha identificado la justicia con la austeridad? ¿Es acaso la del actual gobierno del Presidente Piñera, gobierno que según los más connotados ideólogos de derecha – Novoa, Büchi , Rojas-, habría abandonado los “valores” de la derecha hasta llegar a ser no mucho más que otro gobierno de la Concertación , pero un “poco más light”?

Digan como definen la justicia. Excluimos por cierto toda concepción egoísta del bien intrínsecamente opuesto a la misma idea de justicia y suponemos, por lo tanto, que la UDI ya no se ve más representada por las políticas de la dictadura que arrasaron con todas las libertades, excepto las del mercado, empobrecieron a los chilenos y enriquecieron a los que ya lo eran, y a los que gracias a la violencia de la dictadura llegaron a serlo por primera vez.
Esas políticas no eran justas.

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