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Conferencias sobre SIDA: los desclasificados del encuentro

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Acabo de salir para no volver de la Global Village. Y no es porque quiera volver, pero es que si quisiera, hay tres austríacos (que valen por 6 en masa y volumen) que no me lo permitirían.

Y ya está bien. Suficiente. La última sesión a la que asistí hoy estaba relacionada con el uso de la fotografía como medio de información y herramienta esencial de la sociedad civil al intentar informar sobre lo que no informan los medios de comunicación tradicionales o “generalistas”, pues no es “noticiable” o no está dentro de la agenda mediática. Una hora para tan importante herramienta. Pero al menos una hora. Con esto, termino con el área social, y hago una reflexión de pocas palabras sobre “conferencias oficiales” del programa de este año: Los microbicidas, la búsqueda y prueba de medicamentos y tratamientos, la búsqueda de recursos para la investigación, la satisfacción de los derechos humanos, todo se juntó, y se intentó revolver, pero fue como intentar mezclar agua y aceite, a mi parecer.

He visto como trabajan los grandes medios. No hay novedad, sólo más recursos. Y me he dado cuenta también de que se pasaban gran parte del día en el “media center” o en las salas de conferencias oficiales, sin enterarse de lo que pasaba en los pasillos, o en sitios como el Global Village, ese pequeño gran circo que se monta conferencia tras conferencia para mantener contenta y más o menos “a raya” (espacial y discursivamente) a la sociedad civil. No digo que esté mal. Sólo que lo holístico de la mayoría de los grandes medios impide ver los pequeños grandes detalles por los que los pequeños grandes cambios se están llevando a cabo.

Ayer asistí a una conferencia donde se hablaba de los derechos sexuales de las personas trabajadoras del sexo de varios continentes, donde casualmente no había ni una de estas personas entre los panelistas. Estas personas especialistas, hablaban de que se debe reconocer el trabajo sexual como trabajo, para conseguir el primero de los muchos derechos que son negados a las personas que lo ejercen. Con esto se acabaría con la criminalización, la estigmatización y la discriminación que usualmente les rodea, aun cuando en la mayoría de países, no se penaliza el trabajo sexual.

Y como si nada, comenzaron a hablar indistintamente de “prostitución” y de “trabajo sexual”.¿En que quedamos? Si las y los especialistas no pueden dejar de utilizar las palabras que están cargadas de estigmas y discriminación como es “prostituta” en vez de “persona trabajadora del sexo” (y no trabajadora sexual), no creo que avancemos lo bastante y al unísono, ayudando y colaborando lo suficiente para promover algún tipo de cambio positivo.

Recordemos que las palabras construyen la idea del mundo, y están cargadas de emociones. De las buenas y de las no tan buenas. La defensa de uno de los panelistas (por supuesto, lo planteé), era que utilizaba indistintamente esas “palabras”, porque “habían algunas prostitutas que así se llamaban a si mismas”, y que en realidad ellos estaban ahí para mostrar los avances logrados por algunas organizaciones en la defensa de los derechos de “las prostitutas”, y no para entablar “discusiones metafísicas”. Ante eso: ¿qué es lo que podría debatir?. Dí como ejemplo que yo me decía a mi misma “sudaca”, por ser nacida en sudamérica, pero que me sonaría bastante ofensivo si me lo dijera alguien que no estuviera en mi círculo social más cercano. No me lo rebatió, pero no me dio la razón. Cambiaron de tema.

Otra cosa que también me dejó perpleja es que en la misma sesión, un optimista estadounidense señalaba que esperaba a que el 2012 en Washington DC, la situación del acceso a los Derechos Humanos de las personas trabajadoras del sexo se haya conseguido. Le pregunté cómo es que esperaba a que las personas TS tuviesen el acceso al derecho de la salud, si la mayor parte de la población en Estados Unidos no tiene acceso a este derecho esencial. Doctor House funciona sólo para las personas ricas. Las otras, no pasan la cristalera de recepción del estudio de grabación. No me respondió.

Al terminar la sesión, ofuscada, entristecida y decepcionada, no me quedó más remedio que recogerme en el “lado humano” de la XVIII Conferencia, no sin antes ir a acompañar a un colega que presentaba un póster de una de nuestras investigaciones en Guatemala. Casualmente ,la zona de pósters, estaba junto a los stands de la industria farmacéutica. Humm. Y hasta allí habían llegado activistas del Act Up Paris, quienes siguen casos de flagrantes agresiones a los DDHH por parte de la industria farmacéutica. En este caso, era la Bristol Myers, acusada de no proporcionar ARV a la población infantil en diversas zonas del mundo. Los activistas “inhabilitaron” el stand (vamos, lo rajaron) y luego organizaron un improvisado “juicio de la sociedad civil” contra uno de los representantes de la multinacional que estaba ahi.

Fue emotivo. Fue impactante. 5 minutos fueron más que todas las conferencias de microbicidas o de Clintons o Gates o de representantes de la AIDS Conference diciendo que el Tratamiento es prevención. Quedaba evidencia de que el lucro y las mentiras de la industria quedan de manifiesto y que las personas no son tan tontas como se cree: la información fluye por hendiduras, esas se les escapan a los medios de comunicación generalistas. Fluyen, pero no están tardando en llegar. Para eso estamos quienes trabajamos en el sector social. Para eso se justifica una cooperación internacional que -a pesar de los vicios que puedan haber- está otorgando ojos, oídos y voz, a quienes hasta ahora, eran seres anónimos.

Me alegra acabar con esta, mi primera AIDS conference. Quiero llegar a casa, quiero seguir trabajando.

Lo que hago, lo que hacemos, realmente sirve. Y las recetas las tiene la gente de a pie, la que se organiza. La que en definitiva está cambiando el mundo.

* Fabiola Llanos. Periodista, responsable de Comunicaciones de la Fundación catalana Sida i Societat. Miembra de la Red Internacional de Periodistas con Visión de Género

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