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Condones en el metro: predicar con el ejemplo

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Durante estas tres primeras jornadas de la XVIII Conferencia Internacional sobre el Sida – Viena 2010, el escenario de este sector de la sociedad civil ha ido variando desde la formalidad absoluta, la discreción y la puntualidad, a la conversión al más puro estilo progre del mundo ONG, a las risas, a establecer las relaciones necesarias o “networking business” con algunas excepciones, claro está, usualmente provenientes de los representantes del África subsahariana, que hacen gala de las más glamorosos trajes: hombres al estilo occidental y mujeres al más puro traditional style (vistosos vestidos que ya quisiera para mí).

 

La gente como yo, que tiene un inglés paupérrimo y un alemán que sale con fórceps desde el Área de Wernicke, ya le hemos perdido el respeto a las gramáticas y nos hacemos entender más allá de nuestras limitaciones. Hoy estuve hablando con un chino (que grande y poderosa que se me antoja China, por cierto) sobre las dificultades que tienen las mujeres trabajadoras del sexo chinas en Europa, y le expliqué la situación que conozco de sus coterráneas en las calles de Barcelona. Hemos intercambiado “business cards” y me presentó además a unos colegas de Brasil, que están gratamente sorprendidos con el trabajo que desempeñamos en Guatemala como Sida i Societat y hemos intercambiado un libro de fotografías que hemos editado (luxury edition, según ellos) y un libro compilatorio de un concurso internacional sobre el cómic y el uso del condón que tuvo repercusión internacional. Hemos quedado en la posibilidad de participar con ellos en la segunda edición del concurso.

 

¡Viva el networking! Viva la era de la información y viven los que tienen acceso a ella. Y quienes no lo tienen… ¿Que pasa?

 

Millones de personas ni siquiera saben que existe o cómo se utilizan los preservativos. Viniendo hacia el Messe Prater he podido confirmar que aún se ve con recelo el aceptar que la vida sexual es un deporte saludable que la mayoría de quienes podemos, lo practicamos. Unas personas con más precauciones que otras, pero lo practicamos, y no hay nada malo en reconocerlo. Y pensé en esto, ya que un voluntario de la organización del congreso, aprovechó su viaje de 7 paradas, para entregar condones a quienes viajaban en el tren… FOR FREE!

 

A mi alrededor nadie acepto el regalo. Era el primer vagón. Cuando volvió, al final del trayecto, me tomé la libertad de preguntarle cuántos condones había logrado entregar en los cerca de diez vagones. Me dijo que dos, y rió. Yo reí con él, pero luego me entró un sentimiento de tristeza e insatisfacción brutal: ¿cómo puede el Norte (en un tren lleno de pasajeros con mi mismo destino: Conferencia sobre el SIDA) predicar al Sur sobre la necesidad de usar este tipo de precauciones, si se averguenzan incluso de aceptar un condón de regalo? No basta con ser solidarios, y hacer donativos para cooperar para tratamiento, prevención y educación en el sur, si desde nuestras propias sociedades aun no superamos el temor cristiano a reconocer que estamos diseñados para muchas cosas, y una de ellas es para obtener placer del coito que según ordenan ciertas instituciones fundamentalistas, es un acto para reproducirse. Si vas más allá, estas fornicando. Si lo haces entre personas de tu mismo sexo, estás pecando por sodomía. Qué delirio. Con razón el sexo se mantiene dentro de lo privado, y con razón no se acepta un condón de regalo. Aunque sea Durex great sensations strawbrerry flavour.

 

* Fabiola Llanos es periodista, responsable de comunicaciones de la Fundació Sida i Societat, Catalunya, España. Miembra de la Red Internacional de Periodistas con Visión de Género.

 

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Foto: Slip it on – acon online

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13 de Junio

Y para qué condones en el Metro, si [email protected] [email protected] cogen tarde mal y nunca, y no lo disfrutan?

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