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Chile se aísla y Brasil se expande en la región

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El hecho de que Itamaraty y la Cancillería chilena hayan trabajado, codo a codo, por ejemplo, en 2008 -cuando Michelle Bachelet era la Presidenta “pro témpore” de Unasur-, para resolver la grave crisis boliviana, que amenazaba desembocar en un asonada de las provincias de la medialuna oriental contra el gobierno de Evo Morales, es otro precedente que facilita el “control de daños”, enfocado en el restablecimiento de una relación que, a no dudarlo, es de gran importancia para Chile.

En momentos en que el gobierno de Sebastián Piñera, habla de los grandes éxitos en materia de política exterior de Chile que se materializan en la pujante Alianza del Pacífico y el no menos pujante Trans Pacific Partnership (TPP), lo cierto es que cada vez asoman más señales de que Santiago está solo y crecientemente aislado en América del Sur. Lo que no es nada auspicioso en vísperas del inminente fallo del Tribunal de La Haya sobre el contencioso marítimo con Perú, al que Chile fue arrastrado por Lima.

Para muestras, un par de botones: el 11 de noviembre llegó en visita de un día a Lima la Presidenta de Brasil, Dilma Rousseff. Objetivo: “Discutir estrategias de integración de transportes entre los países, con vistas a la alimentación de la autopista Interoceánica [1], que liga Porto Velho (Rondonia) al litoral del Perú”, según explica un artículo de Folha on line, publicado ese mismo día.

Del lado peruano, informa el medio paulista, “el Presidente Ollanta Humala, en un momento delicado de su mandato, quiere llevar a cabo compromisos de aproximación firmados por ambos países en el área social”, relacionados con la experiencia de los programas brasileños Farmacia Popular y Bolsa Familia, tendientes a apoyar la inclusión social, que es la máxima bandera programática del gobierno de Humala.

Dato interesante: también se esperaba que los presidentes discutieran el apoyo común al candidato boliviano a la secretaría general de Unasur, Francisco Eguiguren, quien cuenta con el patrocinio de Humala, en su postulación.

Algo más sobre la relación bilateral Brasil-Perú: ambos países firmaron hace 10 años una “alianza estratégica”. Y la visita de Rousseff busca profundizar, sin duda alguna, dicha alianza a través de la firma de acuerdos de cooperación en infraestructura, comercio y programas sociales. Dilma llegó acompañada de tres ministros: Desarrollo, Comunicación Social e Infraestructura, y su asesor especial en política externa, Marco Aurélio García. Más una potente delegación de 60 empresarios.

“Brasil invirtió 6.000 millones de dólares en Perú, con más de 70 empresas, incluyendo las principales multinacionales brasileñas”, enfatizó Dilma, en un mensaje en Twitter, destacado en un despacho de prensa [2].

La balanza comercial entre los dos países creció en los últimos seis años por encima del 8% en promedio, de 2.300 a 3.700 millones de dólares anuales, según cifras de la Asociación Peruana de Exportaciones, citadas por el mismo medio brasileño.

Pero la estrecha relación bilateral no se limita al comercio. Se espera que en el curso de la visita, Brasil y Perú, que comparten una “tensa frontera” en territorios bañados por el Amazonas y afectados por el flagelo del narcotráfico, darán particular importancia al cuidado de temas relacionados con medio ambiente y seguridad “a través de un acuerdo relativo a monitoreo y vigilancia de la región amazónica”. Lo que implica, desde luego, trabajo en común entre Fuerzas Armadas y policías de ambos países.

Perspectivas de la relación Chile-Brasil

La llegada del poder de Michelle Bachelet en marzo de 2014, si es que se cumplen todas las expectativas anunciadas por las encuestas respecto del comportamiento electoral de los chilenos en los comicios del domingo 17 de noviembre, sin duda puede descomprimir una relación bilateral que en el gobierno de Sebastián Piñera se caracterizó por la existencia de buenos vínculos formales, pero de “baja intensidad”.

Piñera y su canciller, Alfredo Moreno, oscilaron entre una estudiada indiferencia ante el “gigante sudamericano” ―expresada a través de un “no me importa tanto tu desamor, porque he encontrado consuelo en Perú, Colombia y México, con quienes nos llevamos estupendo (y hacemos, de paso, buenos negocios)…”― con momentos de histérica ansiedad, donde todas las fichas parecían estar apostadas, en forma exclusiva, a una visita de Dilma Rousseff a Chile que nunca se concretó, en estos cuatro años [3].

Es revelador al respecto el hecho de que al ser nombrado embajador en Brasil Fernando Schmidt (ex subsecretario de Relaciones Exteriores) haya declarado públicamente que su casi única y principal meta en su misión en Brasilia era conseguir la anhelada venida de Dilma a Chile [4].

Las relaciones entre Brasil y Chile deberían mejorar con Bachelet en La Moneda, hasta por una cuestión de “química” personal entre ella y Dilma (y que también se extiende, por cierto, a Lula, quien ha dicho que observa con simpatía el regreso del bacheletismo al poder).

El hecho de que Itamaraty y la Cancillería chilena hayan trabajado, codo a codo, por ejemplo, en 2008 ―cuando Michelle Bachelet era la Presidenta “pro témpore” de Unasur―, para resolver la grave crisis boliviana, que amenazaba desembocar en un asonada de las provincias de la medialuna oriental contra el gobierno de Evo Morales, es otro precedente que facilita el “control de daños”, enfocado en el restablecimiento de una relación que, a no dudarlo, es de gran importancia para Chile.

Pero tampoco cabe esperar a priori, en mi modesta opinión, grandes y relevantes virajes en esta materia, pues existen desconfianzas, por parte de Brasil hacia Chile, que son anteriores al gobierno de Piñera y que, por lo tanto, no se extinguen con él. Es sabido que al Brasil de Fernando Enrique Cardoso no le causó ninguna gracia enterarse por boca de fuentes estadounidenses que Chile estaba negociando un Tratado de Libre Comercio, que entró en vigencia durante el gobierno de Ricardo Lagos, en 2004.

Ese solo hecho causó una herida que ha sido difícil de restañar y que sigue marcando hasta ahora la agenda de las relaciones chileno-brasileñas. Para ilustrarla basta una sola cita [5]―extraída de las declaraciones de Fernando Padovani, profesor de Relaciones Internacionales de la Escuela Superior de Propaganda y Marketing (ESPM), al diario Correio Braziliense― que da cuenta de cómo es mirada, en general, desde las esferas de la élite brasileña la postura de Chile en Latinoamérica:

“El posible retorno de Michelle Bachelet a la Presidencia debe traer una gestión más social para Chile. Su favoritismo refleja un cierto descontento de las clases urbanas en toda América Latina, que ha colocado a gobiernos de izquierda en el poder. Siguiendo el ejemplo de Dilma Rousseff y Lula, Bachelet se despega un poco de la izquierda populista. En caso de que sea electa, no debe haber cambios en el balance geopolítico de la región. Ella debe mantener la alianza estratégica con los Estados Unidos y la reticencia ante el Mercosur (la cursiva es nuestra)”.

* Columna publicada originalmente en América Economía.

Notas:

[1] En Brasil, la “Estrada do Pacífico” (o Carretera Bioceánica, como la llaman los peruanos) comienza en la BR-364 en Porto Velho (RO) y en Acre continúa por la BR-317, que pasa por Rio Branco y va hasta la triple frontera con Perú y Bolivia, atravesando la ciudad brasileña de Assis Brasil y la peruana de Iñapari. Ya en el Perú, se divide inicialmente en dos vías, una en dirección al Oeste, que sigue por la PE-030, desde Nazca, pasando por Cuzco, hasta el puerto de San Juan de Marcona. La otra ruta, en dirección al sur, se subdivide en dos en la región próxima al Lago Titicaca, y sigue por la PE-034 hasta el puerto de Matarani y por la PE-036 hasta el puerto de Ilo. La autopista es sólo una de diversas obras que hacen parte del llamado “Eje Perú-Bolivia-Brasil”, en el marco de IIRSA, la ambiciosa Iniciativa de Integración Regional Sudamericana, que se creó como tal en agosto de 2000.

[2] “Brasil e Peru consolidam aliança com visita de Dilma Rousseff”, Correio Braziliense, 11 de noviembre de 2013.

[3] Dilma Rousseff vino a Chile, pero sólo en el marco de encuentros multilaterales, el último de los cuales fue la cumbre de la CELAC (Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños), en enero de 2013.

[4] “Schmidt llega a Brasil con la misión de traer a D. Rousseff a Chile”, El Mercurio, 15 de noviembre de 2012.

[5] “Esquerda pragmática”, Correio Braziliense, 11 de noviembre de 2003.

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Foto: Wikimedia Commons

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