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Es posible una Escuela Normalista en el siglo XXI

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Una revolución tuvo lugar en 1883 con la llamada reforma pedagógica. La misma incluía una fuerte inversión pública en locales escolares y la contratación de profesores traídos desde Alemania, estrategia que fue adoptada por la influencia de José Abelardo Núñez, quien había sido comisionado para estudiar los sistemas educativos de los países desarrollados.

El 2 de noviembre de 1973, a poco tiempo del gobierno de fuerza impuesto en septiembre de 1973, el Ministro de Educación, por medio de una exposición radial y televisada, anunció la decisión de “suspender las actividades docentes en todas las Escuelas Normales del país y declararlas en reorganización hasta Marzo de 1974, mes en que se autorizará a reiniciar su actividad docente” Desde luego eso nunca ocurrió, era una mentira. Fue simplemente un decreto que eliminaba, después de más de un siglo, la experiencia normalista.

Molestaba, quizás, el profundo espíritu democrático y laico que caracterizaba a la formación del profesor primario, destinado a tratar en directo con el pobre, con el más desaventajado. Era el profesor normalista un activo agente social y ello provocaba sospechas entre quienes querían privatizar la educación, dejando para los más pobres una educación de segunda clase.

Había una necesidad de país. La consolidación de la República y su organización definitiva requería de un aparato educacional sólido, integrado y diversificado, con el apoyo activo del Estado nacional. Surgió así la fundación de la Escuela Normal de Preceptores en junio de 1842.

Su objetivo era formar profesores para la educación primaria, considerando que “es la base en que debe cimentarse la mejora de las costumbres y todo progreso intelectual, sólido y verdadero; aquella instrucción no puede llenar tan importante objeto sin que sea comunicada por maestros idóneos y conocida moralidad. Y mediante métodos fáciles, claros y uniformes, que ahorrando tiempo y dificultades la hagan extensiva a todas las clases de la sociedad sin un establecimiento central en que se formen los preceptores, se estudien y aprendan los métodos y se preparen y practiquen las reformas necesarias para la mejora de la enseñanza…” (Así rezaba el decreto de creación)

Ese mismo año, en septiembre, se creaba la Universidad de Chile para emprender la investigación superior. Esa obra fue encargada a Andrés Bello quien tenía una concepción de universidad no docente, organización que sería más tarde modificada por Domeyko al integrar a la universidad los cursos superiores que ofrecía el Instituto Nacional. Indudablemente, y como lo establece el discurso inaugural de Bello, la Universidad de Chile estaba destinada a cubrir parte fundamental en la creación del conocimiento nuevo que en los distintos campos requería el progreso y el orden nacional.

Pero aun más. Poco después se funda en el país la Escuela de Artes y Oficios para dar cabida a esta importante formación en un país que requería madurar su economía, buscar sus ventajas productivas y especializar su mano de obra.

Nació entonces una trilogía de excepción: La Escuela Normal, La Universidad de Chile y La Escuela de Artes y Oficios que daría base al más magnifico proyecto educacional que haya conocido la República. Un proyecto concebido para producir resultados en décadas posteriores, como efectivamente lo hizo. Dando brillo a la educación chilena en el contexto de toda hispanoamérica, siendo clave para la consolidación republicana que tanto nos diferenció de otros países, cuyo continuo desorden civil fue la causa de democracias más débiles y economías más vulnerables.

La Escuela Normal constituyó un continuo cambio para producir el necesario asentamiento en las tareas diseñadas para la educación desde una política de Estado.

En 1849 ya se ponía en práctica un nuevo plan de estudios elaborado bajo el genio de Domingo Faustino Sarmiento, el primer director de la Escuela, y que se pondría en práctica cuando en 1853 la Escuela se muda desde la Plaza de Armas a su nuevo local en Calle Matucana, bajo la dirección de Juan Godoy.

Pronto sería una necesidad el desarrollo de las normales femeninas, ya que desde temprano las mujeres se volcaron con gran preferencia hacia la formación pedagógica. En efecto, en 1895, por ejemplo, hubo 469 alumnas y 326 alumnos, mientras que en 1925 las alumnas eran 1.504 y los varones solo 949. Esto muestra que la participación femenina en el profesorado ha sido siempre alta en nuestra historia, pero señala también el crecimiento importante de las Escuelas Normales que alcanzaba a comienzos de los años setenta a una veintena de escuelas, incluyendo dos privadas.

Una revolución tuvo lugar en 1883 con la llamada reforma pedagógica. La misma incluía una fuerte inversión pública en locales escolares y la contratación de profesores traídos desde Alemania, estrategia que fue adoptada por la influencia de José Abelardo Núñez, quien había sido comisionado para estudiar los sistemas educativos de los países desarrollados.

¿Una locura? Parece que no, puesto que ello permitió un salto en calidad insuperable, mientras que esos maestros ejercieron una influencia decisiva en el cambio que se esperaba ocurriera en la educación del país y que se animaba a consolidar resultados y elevar el rendimiento.

En paralelo la Universidad de Chile constituía su Instituto Pedagógico para formar profesores de media, esto ya bajo la influencia del rectorado de Ignacio Domeyko y concretada en el de Diego Barros Arana. Valentín Letelier, quien sería posteriormente rector, dio también un impulso significativo a la traída de profesores alemanes que caracterizaron con fuerza singular el crecimiento de la educación pedagógica en Chile. Letelier también había estado directamente en contacto con el sistema educativo en ese país europeo. A partir de entonces se advierte la notable influencia germana en nuestra educación, que sustituía así a la influencia francesa de tantos años.

La formación normalista recurría a tres elementos fundamentales que dieron lugar a su consolidación como experimento exitoso, imitado en muchos otros países de nuestra región.

Primero: Era seleccionadora de vocaciones pedagógicas tempranamente y sus métodos se dirigían a formar esas vocaciones, desarrollarlas y proyectarlas. Esa selección ocurría a una edad en que podía detectarse dicha vocación y que podía ser desarrollada apropiadamente, ofreciendo a la vez alternativas a quienes no la poseyeran. La Escuela Normal formaba espíritus docentes más que profesores, entregaba educación más que un medio para ganarse la vida y compromiso con los niños antes que una pura formula de trabajo para sus graduados.

Segundo: Las Escuelas Normales funcionaban en régimen de internado y promovían fuertemente la formación humanista integrada a la científica y artística. Por eso los profesores debían saber ejecutar un instrumento como también operacionalizar la educación de las matemáticas y las ciencias naturales, proveyendo espacios para la formación transversal que es hoy en día tan necesaria cuando se avanza cada vez más en la integración del conocimiento para así enseñarlo a los niños y jóvenes. El internado por su parte enseñaba a compartir, a convivir con otros distintos de uno mismo, a crear un sistema de educación integral y concentrada.

Tercero: La Normal promovía la necesidad de educación permanente, porque el profesor normalista sabía bien que debía cursar otros estudios posteriormente para especializarse, saber más y lograr consolidarse. O sea, se educó en el espíritu de la educación permanente de la que hoy tanto hablamos. El progreso en la educación de calidad crea las condiciones dinámicas para exigir más a los profesores y crear así una demanda permanente por mayor capacitación y actualización. El Normalista aspiraba, por ello, a ser profesor secundario y para ello debía ir a un pedagógico universitario. Eran años de formación y selección, no existían los profesores “express” que empezaron a hacerse populares en la década del setenta.

Los profesores debían tener en esta visión una labor distinta, más exclusivista. Y para ello debían formarse en academias especiales e institutos profesionales, seleccionando a partir de la enseñanza media, y con una prueba que discriminara rápidamente por ingreso y situación socioeconómica.

Se elimino así una historia, una tradición, una fuerza que radicaba en el espíritu pedagógico que encarnaban Sarmiento, Núñez, Valentín Letelier, Pedro Aguirre Cerda y tantos y tantas que pasaron por la Escuela Normal como autoridad, profesor o alumno y que se imbuyeron de sus espíritu, de su poderoso espíritu formador, desarrollado al amparo de un Estado efectivamente comprometido con la educación.

La democracia no nos ha devuelto la formación pedagógica que el país merece y necesita. El problema de calidad de nuestra educación, tantas veces destacada, ni siquiera ha visto que se mencione el problema de la formación pedagógica, que debiera ser enfocado con criterios nuevos, modernos y más solidarios, con un rol activo del Estado. Ya que formar maestros es, de todos modos, una urgente prioridad Nacional, una cuestión de seguridad nacional.

Nuestros niños no aprenden matemáticas ni ciencias como debiesen hacerlo de acuerdo a los estándares internacionales. Su formación valorica y ciudadana es motivo de preocupación para todos nosotros: padres, educadores y ciudadanos.

¿No amerita eso un tratamiento central del tema de formación pedagógica y mejor selección de vocaciones? ¿No es necesaria una revisión de contenidos de la enseñanza, como también sobre los nuevos y necesarios métodos pedagógicos innovativos que le devuelvan al profesor su rol de líder en el aula?

Esos temas están ausentes del debate.

¿Por qué no volver a pensar en una Escuela Normal en el Siglo XXI, que forme profesores para la básica inicial periodo crítico en la formación de un niño?

¿Por qué no darle la posibilidad real al estado para que cumpla con su responsabilidad fundamental que es garantizar una educación de calidad con equidad para todos?

¿Por qué no volver a creer en un proyecto educativo nacional a largo plazo, por encima de banderas políticas pequeñas, que privilegie el mejor futuro de nuestros niños?

La experiencia de las Escuelas Normales en Chile nos sugiere respuestas distintas a las que hemos estado escuchando, y en su ausencia se relegara a Chile a una nueva frustración en su desarrollo.

Que el recuerdo de los Profesores Normalistas no sea pura historia y nostalgia. Que sea un grito, un clamor, una propuesta a Chile para volver a pensar en educación con la visión que ello amerita y con el compromiso ineludible de una sociedad con su futuro.

 

Por Claudio Rodríguez Soto
@claudio_2012
(Con la colaboración de Florinda Figueroa V., Profesora Normalista. Escuela Normal Victoria)

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27 de junio

Se debe contar que las Escuelas normales fueron cerradas dos veces y abiertas en una oportunidad. Sólo que ahora se les fueron quitados todos sus locales y ahora albergan, en muchos casos, a las actuales institutos pedagógicos de las universidades. Desde 1842 hasta 1973 se tuvo el respeto a la profesión del Profesor de Educación General Básica como fuente del desarrollo de nuestros futuros habitantes de este país. Pero desde que el sistema económico se compuso de la palabra “recurso” hoy en día han sufrido el desmedro de todos sus derechos e incluso deben hacer marchas por que se les devuelva la deuda histórica que nadie la ha pagado, algunos pagos que están atrasados y no se pescan. Entre muchos derechos que se tenían y que la Dictadura echo abajo simplemente con Decretos y la Educación se le sepultó.
Es aquí donde hay que recordar a los grandes maestros como Juan Luis Sanfuentes, Dorila Soto Antunez, Heriberto Hinostroza y tantos otros que dieron orgullo a tantas escuelas normales que se crearon en el país desde Santiago pasando por Puerto Montt e incluyendo Ancud. Siempre se formaron grandes personas que ilustraban lo que era el pensamiento de poder crecer y hacer creer que las localidades podrían salir grandes ciudadanos al país y no quedar recluidos solo como simples trabajadores.
Tantos derechos que tenían, tantas capacitaciones que tenían y tantas vida de familia hacían de esta una profesión que era elegida por los jovenes de esta patria y que ahora con becas e incentivo todavía queda relegada a los últimos lugares. Como puede ser que la Educación Primaria quede relegada tan lejos de lo que es la definición que está tomando el país a nivel internacional, como podemos dar esa ventaja competitiva frente a otros países que nos están dejando atrás. Pronto no figuraremos en las grandes listas de buenos profesionales debido a que nuestra Educación Primaria no le hemos dado el valor que se merece y no hemos mejorado los sueldos a nuestros profesores que trabajan de sol a sol por mejorar día a día a niños y niñas para un futuro mejor.

María Cristina Soto Soto

20 de agosto

A Todo Público: Realmente uno de los más grandes desaciertos ocurridos en nuestro país ha sido lo que comentan mis colegas en el texto que presentaron en esta red . Lo expreso con mucha pena. Fui formada como profesora básica en la Escuela Normal Camilo Henríquez de Valdivia con toda la preparación que relata el texto . No necesitábamos computadores ni tanta tecnología. Sólo conocer los intereses de nuestros alumnos, su realidad sicosocial y nuestra capacidad creadora e iniciativa nos conducía a lograr el aprendizaje y a contenerlos en lo emocional cuando se requería. Eramos Profesores Integrales. Puede , quizás revertirse , pero lo veo difícil, porque los políticos sólo ven sus propios intereses y ellos si que están coludidos en su quehacer a excepción de unos pocos.

Mercedes Wiff Sepúlveda

25 de diciembre

Muy bien enfocado. Clarísimo. Ojalá se hiciera realidad una Escuela Normal en el siglo XXI.
Profesora Normalista. Escuela Normal Rural de Talca.
Profesor de Estado en Artes Plástica y Diseño Industrial. UTE.

sergio arenas

18 de junio

Realmente estoy impactado de la escases de comentarios del articulo en comento.
Soy profesional y fui docente de algún instituto que no vale la pena nombrar……la esencia de la eliminación de un sistema de formación de profesores de mas de un siglo lo dice la frase……era incompatible con una educación privada,,,,,
donde el estado era quien velaba por esa educación integral….que se dirigía a la formación de la educación básica……..básica …… la base de la educación …. la formación base de los estudiantes .

NO …..ESO NO ERA COMPATIBLE……….CLARO CON EL MODELO QUE QUERÍAN IMPLEMENTAR…..dejar a la educación publica como de segunda clase….. .Para que la privada fuera de élite….y así obligar a todos los pobres a gastar en tenerlos en una “mejor educación”….claro si ahora seria pagada por lo tanto ” mejor educación ”
LO LOGRARON EN POCO AÑOS Y ahora la Gratuidad evita el pago a la familia……pero no le quita el negocio a los poderosos…….BUENO LAMENTABLE POR TODOS ESOS PROFESORES DE EDUCACION INTEGRAL Y DE VOCACION.
AHORA NADIE ES CAPAZ DE REVERTIR LA SITUACION……NO ENTREGARAN EL NEGOCIO Y LOS NECIOS SEGUIRAN APOYANDO EL NEGOCIO ACTUAL DE LA EDUCACION.

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