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Pobreza y desigualdad territorial: no todo Chile es igual

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La mayor parte de las familias no escoge el lugar donde nace o vive. Por lo demás, cuando las familias toman la decisión de cambiar su lugar de residencia en busca de mejores oportunidades lo hacen en función de unas pocas variables, generalmente vinculadas con la posibilidad de encontrar empleo y generar ingresos para el hogar, sin ponderar que ligada a esa decisión, cambian también las condiciones de acceso a bienes y servicios.

Poco se dice sobre la realidad que se esconde tras las cifras agregadas de pobreza y desigualdad. Comprender cómo estas cifras se distribuyen entre las distintas comunas y regiones contribuye a pensar y diseñar políticas adecuadas a las diversas realidades que existen en el país, abriendo posibilidades para un desarrollo más pertinente a las particularidades de cada lugar de Chile.

En el marco de esta preocupación, en Rimisp-Centro Latinoamericano para el Desarrollo Rural estamos trabajando en una investigación (Proyecto FONDECYT 11110296) sobre políticas de superación de la pobreza y desigualdad territorial, que parte de un análisis sobre la forma en que se distribuyen las oportunidades económicas e institucionales entre los distintos territorios del país.

Cuando hablamos de oportunidades económicas, entendemos básicamente la oportunidad de encontrar y mantener un empleo de calidad; para observar condiciones institucionales observamos la calidad de la educación que ofrecen las distintas comunas del país (SIMCE y calidad docente), así como su capital social (afiliación sindical y presencia de organizaciones sociales).

Para efectos del análisis, distinguimos entre comunas a las que llamamos dinámicas -que registran cambios positivos en crecimiento y reducción de pobreza- y no dinámicas. Las primeras representan el 30,4% del total (104 comunas) y las segundas, el 69,6% (238 comunas). Si distinguimos entre comunas urbanas y rurales, del total de comunas urbanas, el 39% son dinámicas (67 comunas) y el 60,9% restante (104) son no dinámicas. En lo que refiere a comunas rurales, tan sólo el 21% (37) califican como dinámicas, mientras que un 78% (134) califican como no dinámicas.

Los datos exhiben un resultado inesperado: como cabía esperar, quienes viven en comunas dinámicas urbanas tienen más oportunidades económicas. Sin embargo, las condiciones que les ofrece el entorno para desarrollarse de manera integral, más allá de la obtención de un puesto de trabajo, no son necesariamente mejores.

Vivir en una comuna dinámica urbana no es garantía de poder entregar a los hijos una buena educación. Al indagar sobre la calidad de la oferta pública de educación en el subconjunto de comunas rurales, observamos que tanto los resultados SIMCE como la calidad docente, son mejores en comunas que no registran crecimiento económico ni reducen pobreza. En materia de calidad docente se revierte además la relación que tiende a ubicar a las comunas urbanas en una mejor situación relativa que las rurales, siendo estas últimas las que presentan mejores resultados.

El dinamismo de un territorio tampoco parece ir de la mano con más espacios de participación y acceso a redes.  Volviendo a los datos, las comunas urbanas tienen más organizaciones sociales y más población afiliada a sindicatos que las rurales, pero no es tan claro que las comunas dinámicas se encuentren en mejor situación que las no dinámicas en estos indicadores.

Este análisis nos muestra que existe una gran heterogeneidad territorial en variables claves para generar oportunidades de mejoramiento de la situación socioeconómica de la población. Nuestras políticas públicas tienden a hacer caso omiso de estas diferencias y, cuando las incorporan, lo hacen desde una perspectiva  que supone que a las comunas que les va bien en una dimensión les va bien en todas y viceversa.

La mayor parte de las familias no escoge el lugar donde nace o vive. Por lo demás, cuando las familias toman la decisión de cambiar su lugar de residencia en busca de mejores oportunidades lo hacen en función de unas pocas variables, generalmente vinculadas con la posibilidad de encontrar empleo y generar ingresos para el hogar, sin ponderar que ligada a esa decisión, cambian también las condiciones de acceso a bienes y servicios.

En un año que debiera ser de discusión programática vale la pena recordar que es tarea de la política pública, y no de las familias, asegurar que independientemente del lugar donde vivan, las personas puedan acceder a las mismas oportunidades de desarrollo y calidad de vida.

No todo Chile es igual. Una afirmación obvia que cabría tener en cuenta en futuros programas de gobierno.

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Foto: Chile ayuda a Chile / Licencia CC

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