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Cyber Monday: la ferocidad

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No tiene sentido, a estas alturas, insistir en que fuera de la compra y la venta ocurren cosas relevantes o que valor no es lo mismo que precio. Probablemente la abstención será mayor en la segunda vuelta presidencial que en este reciente e incausado día del consumo.

La histeria colectiva a propósito de nuestro Cyber Monday representa para muchos (o al menos para tres amigos con los que acabo de conversar en el Café Haití) algo más que un trance desagradable. El entusiasmo con el que “al toque de gong” cientos de miles de conciudadanos se abalanzaron sobre sus teclados para sobreendeudarse, pontificar con la convicción de un diputado acerca de la caída de las páginas web y volver a endeudarse es el patrón de conducta de un drogadicto. Somos consumidores desbocados, no ciudadanos, y es desde allí donde construimos nuestros relatos de justicia, modelamos nuestros deseos e interactuamos con nuestros pares, con un doble click. A lo máximo que podemos aspirar, a estas alturas, es a una interfaz expedita y a un precio bajo el costo. El ganador es el que encuentra la oferta más conveniente, como si todavía se tratara de andar buscando huevos de pascua, ahora en jardines virtuales.

La relación primordial con el entorno se da desde el consumo. En pocos meses tuve que asistir, por diferentes variables de mi pusilanimidad, a Santa Teresa de los Andes en fecha de procesión, al Parque O´Higgins para el 18 y a la Estación Mapocho para la Feria del Libro. El fiel no va a sostener un viaje místico, el chileno no va a celebrar sus raíces y ciertamente el eventual lector no va en busca de una voz que le remueva la conciencia. Sea religión, patrioterismo o cultura, de lo que se trata es de comprar, y más específicamente de conseguir ofertas. Se trata de agarrarse a codazos para llegar a la ganga, el objetivo final de todo esfuerzo. La ciudad se nos aparece como un hípermercado infinito, no como una instancia en donde realizar el bien común. Se trata de correr en masa, indiferenciadamente, a través de movimientos predecibles, multiplicables y moldeables, aquí, en Estados Unidos y en Singapur.
Ofertones como este (al menos en su versión gringa, para vaciar las bodegas) esconden, a través del contacto impersonal, el lado menos amable del fenómeno: la oferta está enajenada. Se produce más de lo que necesitamos y ese sobrestock lo terminamos consumiendo igual, aunque realmente no lo necesitemos. Esta ampliación de las necesidades termina alterando nuestra personalidad. Como la transacción es invisible, no vemos el derroche, las bodegas llenas, los alimentos pudriéndose en la basura. Sólo alcanzamos a ver un 1000 tarjado que por la divina providencia se transforma en un 500, y en vez de creer que gastamos 500, nos convencemos de que ahorramos esa misma cifra.

No tiene sentido, a estas alturas, insistir en que fuera de la compra y la venta ocurren cosas relevantes o que valor no es lo mismo que precio. Probablemente la abstención será mayor en la segunda vuelta presidencial que en este reciente e incausado día del consumo. Muchos de los que se desvelaron el domingo esperando que dieran las 12 deben considerar que esa oferta les afecta más que el destino de la asamblea constituyente. “Todo no se compra, todo no se vende. Tengo una lista interminable de cosas más importantes que la seguridad”. Eso decía un cartel de una vieja y cursi película argentina, “Tango Feroz”, estrenada justo hace 20 años, que no tenía nada que ver con esto. Nuestro Cyber Monday sí que es feroz.

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Comentarios

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26 de noviembre

Nos gusta parecernos tanto a los gringos o a países orientales desarrollados… estamos enfermos d paranoia.

27 de noviembre

No somos tan parecidos a esa gente. Quieren que nos parezcamos, que es distinto.

En los “noticiarios” que cada vez presentan menos noticias, se nos muestra como “positivo” el hecho que en esos paises llenos de enfermitos mentales consumistas se hagan colas de dos semanas por algo llamado Nintendo WII o Galaxy o Iphone. No se critica el consumismo detras de eso, no se dice nada del hecho que esa gente gaste dinero que no tiene para comprar ni siquiera comida, no, se muestra como “miren que lindos!!!! que simpaticos!!! que “desarrollados” son!!!” Y mucha gente cae.

Se nos quiere hacer creer que somos mas desarrollados por tener un ciber monday, por dejar que nuestras hijas pasen casi una semana acampandando para ver a un tipo que hace playback, por tener a nuestra disposicion por 900.000 una “tablet” que no te sirve para casi nada salvo para ver peliculas o para chatear…

No es que nos guste parecernos a esa gente consumista de los seudospaises desarrollados, se nos quiere obligar a que seamos como ellos. Lo triste es que esa campaña tiene bastante exito porque se sirve del snobismo de los chilenos.

27 de noviembre

Muy bueno.

Especialmente me gustó la parte destacada: “Ofertones como este esconden, a través del contacto impersonal, el lado menos amable del fenómeno: la oferta está enajenada. Se produce más de lo que necesitamos y ese sobrestock lo terminamos consumiendo igual, aunque realmente no lo necesitemos.”

Los mercados, en general, han adquirido dimensiones tales que es muy fácil despegar al objeto de su valor de trabajo/uso. Y con el consumismo, apenas solemos acercarnos a una crítica desde el punto de vista de la “salud” individual (pensando en que gastamos/consumimos mucho, nos sobre endeudamos, compramos cosas que no necesitamos, etc.), sin siquiera acercarnos a lo más crítico, que es la dimensión social de un sistema en el que algunos consumen al punto de que los objetos se vuelven meras imágenes, mientras muchos mueren -literalmente- de hambre.

27 de noviembre

Muchas gracias por la lectura, Abraham. Es verdad que una de las cosas que molesta del Cyber Monday es el traslape cultural sin ningún cuidado en una realidad tan distinta.
Muchas gracias por la lectura, Nicolás. La idea que desarrollas (el objeto como imagen, con hambre en paralelo) mejora lo que yo escribí.

27 de noviembre

Hola Marcela, muchas gracias por la lectura. Comparto contigo la sensación de que son ciertos medios de comunicación los que avivan esto, y que la mayor parte de los chiches tecnológicos son tan banales que nacen obsoletos.

Irene De Marchi

28 de noviembre

¿Y qué tal la filita que tuve que hacer ayer para echar bencina porque hoy iba a subir? ¿Influirá tanto en el bolsillo de cada persona el aumento en cuestión? A mí no me quedaba otra, porque ya se me había encendido la luz indicadora de que me quedaría sin combustible en breve, pero nunca he entendido esa compulsión por llenar el estanque al precio antiguo … definitivamente compulsión por consumir ….

28 de noviembre

La bomba de bencina es un temazo, Irene. Para el terremoto del 2010 había gente llenando el auto “por si acaso”, dejando sin bencina a otros que lo necesitaban.

Patricio Jerez

28 de noviembre

buena columna!
abrazos

Hugo Sebastián Garrido Garrido

02 de diciembre

Se le puede decir de diversas formas, vacío existencial, superficialidad alienante, consumismo desenfrenado, repetición de pautas sin sentido. Es un hecho dado y que no va a cambiar fácilmente dado el modelo basado en la mera reproducción sin fin del capital por el capital, (publicidad, circuitos de ver y ser vistos, etc) lo peor de todo a mi parecer es que todo se hace en un afán de aparentar, de ser mejor y tener mas, de la envidia por el pasto mas verde del vecino, obviamente todo esto nos carcome como sociedad desde lo mas profundo del alma transformandonos en zombies sin alma que regurgitan lo que otros piensan por ellos, es de esperar que alguna ves la gente piense y lea, o lea y piense, no me importa el orden…

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