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El río Mapocho, nuestra próxima capilla

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Lo que sí sabemos, por el diario La Tercera de este sábado, es que en su chochera, para el presidente “es habitual sobrevolar esa zona”, debido a que “su ansiedad ha ido en aumento”, y, como antídoto de esa ansiedad, ha “supervisado personalmente el avance de las construcciones”. Es a lo menos contraintuitivo que la máxima autoridad gaste tanto tiempo en un parque en el que se juega más su vanidad que nuestro proyecto país, pero eso no es lo principal.

Una de las más tempranas dificultades que tuvo el gobierno que termina fue la personalidad de su propio presidente. Lejos de hacerle honor a la institución que representaba, se dedicó a expresar su propia subjetividad, una forma de ser que de seguro él juzga audaz, simpática y ocurrente, aunque esté radicalmente solo en su diagnóstico. Este incordio es tributario de una confusión mayor, la de no distinguir el mundo privado del público. Así se explica que su programa de gobierno se llamara igual que su fundo (“Tantauco”), que eligiera para la mayoría de los cargos importantes a meritorios socios o subalternos comerciales y que pensara que era más rápido y mejor solucionar los problemas a punta de telefonazos, como el de Caleta Punta Choros. En ninguno de estos casos se juzgan las intenciones del actuar –un bautizo poco imaginativo, trabajar con los que mejor conocemos o vestirse de Capitán Planeta por un par de horas– sino sus consecuencias democráticas. Si todo se puede arreglar a punta de voluntarismo, queda muy poco espacio para la deliberación pública y, peor que eso, estamos a merced de que las ideas espontáneas del soberano sean beneficiosas para la mayoría.

Una muestra palmaria de la “paradoja Piñera” ocurre con el Mapocho navegable. Calificado por sí mismo como “uno de mis proyectos más personales” (ya está dicho, no hay diferencias entre él y su cargo), este 9 de marzo inaugurará una etapa clave, el parque “Renato Poblete”. No sé quién eligió el nombre de un sacerdote para una porción del hito geográfico más notorio de nuestra capital, que si bien está enclavada en un Estado laico padece nombres de curas cada dos o tres árboles. Lo que sí sabemos, por el diario La Tercera de este sábado, es que en su chochera, para el presidente “es habitual sobrevolar esa zona”, debido a que “su ansiedad ha ido en aumento”, y, como antídoto de esa ansiedad, ha “supervisado personalmente el avance de las construcciones”. Es a lo menos contraintuitivo que la máxima autoridad gaste tanto tiempo en un parque en el que se juega más su vanidad que nuestro proyecto país, pero eso no es lo principal. Hay más. Debido a su “especial compromiso con la vocación jesuita y entrañable creencia religiosa”, decidió mandar a hacer para ese parque dos esculturas religiosas, una de Juan Pablo II y otra de Renato Poblete. Probablemente para ponerse a salvo de las críticas de los comecuras, “fue el Mandatario quien encargó, eligió y financió con sus propios recursos las esculturas, para ser donadas a su nombre para el proyecto”.

El presidente va a gastar plata de su bolsillo, pensarán sus defensores, y con su plata puede hacer lo que quiera. Esta forma de pensar es el origen de muchos de nuestros problemas. ¿Qué pasa si otro multimillonario, no presidente, quisiera agregar en ese parque una escultura de Monseñor Medina, por no salir de ese credo? ¿Quién determinó que esas esculturas representan la identidad de nuestra ciudad? Fuera de algún resto de decoro, ¿qué le prohíbe al presidente seguir añadiendo esculturas con cargo a su cuenta corriente donde quiera que lo disponga? ¿Quién le va a decir que no? Mientras en nuestra sociedad se siguen destapando escándalos sexuales del clero, y muchos católicos apuntan al papado de Juan Pablo II como (por lo bajo) tímido a la hora de aceptar y tratar las denuncias, ¿es prudente homenajearlo con una estatua? Habiendo en Chile una institucionalidad cultural robusta y artistas de nivel mundial, ¿por qué tenemos que entregarnos al improbable buen gusto de un ciudadano con estudios en Ingenieria Comercial?

Me permito concluir con una infidencia. Hace algunos años atrás, escribí un libro sobre un sacerdote, Gerardo Whelan. Mi primer entrevistado para ese proyecto fue el escultor Mario Irarrázabal, que estuvo un par de años en el Seminario, y mantiene una fe que estremece. Cándidamente, se me ocurrió preguntarle si no había pensado en hacerle una escultura a ese cura. Con toda pedagogia, me explicó que para ese tipo de personas, los que dan su vida por la justicia social (y, recuerdo bien, ejemplificó lo anterior también con Renato Poblete) una escultura era un contrasentido, porque los ponía en una posición galvanizada, por sobre el pueblo con el que quisieron estar siempre mezclados. “Forzado a hacer una para cualquiera de esos dos, preferiría esculpirlos agachados hacia la base de la escultura, con los brazos abiertos, recogiendo a gente para que pueda subirse más alto, porque era eso lo que buscaron siempre”. Si el presidente confiará en algo más que su criterio para hacer este tipo de cosas, podría consultar antes a personas como Mario. Como eso no va a hacer así, probablemente la escultura del cura jesuita se parezca más a la de Saddam Hussein que a la de un hombre sencillo.

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Comentarios

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Catalina Bastias

25 de febrero

Pero que bueno, me encanto.

25 de febrero

Muchas gracias por tu generosa lectura, Catalina

David Vásquez H.

25 de febrero

Patricio, siempre es un gusto leer tus columnas, pero quisiera agregar un detalle particular respecto a las esculturas y su establecimiento dentro de la infraestructura urbana. En el año 2011 se propuso la idea de instalar una escultura, estatua o como quieran denomirnarlo, en honor a Juan Pablo II, esta figura se instalaria frente al parque o plaza que se encuentra situada frente a la Facultad de Derecho de la Universidad de Chile, ante lo cual el Consejo de Monumentos Nacionales denego la autorizacion de instalacion (ver enlace al final del comentario). Lo que me llama poderosamente la atencion, es que el cause del Rio Mapocho, lugar donde hoy se planea instalar una estatua de similares caracteristicas, esta a exactos 15 metros del lugar donde hace dos años y medio se prohibio su instalación. Justicia Divina? o el diablo metio la cola? o los brazos cortos?

http://www.monumentos.cl/OpenNews/asp/pagDefault.asp?argInstanciaId=1&argNoticiaId=100

irene urzua

01 de marzo

Parece que son mas de 15 metros la distancia entre esas dos ubicaciones.

25 de febrero

Tienes razón, David! Recuerdo perfectamente esa polémica, a propósito de una estatua sobre el mismo personaje. Sin duda los brazos cortos son largos, el cambio de criterio es muy grande.

28 de febrero

El capricho piñeril de hacer navegable el Mapocho, es una ridiculez y choca con el Mapocho Pedaleable, un proyecto ya aprobado o así se ha informado, que conectaría todas las comunas rivereñas, prestando un gran servicio a sus habitantes. Se trata de una iniciativa sobria, ecológica y urbanísticamente valiosa, todo lo contrario del despropósito de pretender cambiar la naturaleza torrentosa de nuestro río para disponer de un Sena criollo.

28 de febrero

Gracias por la lectura, Rafael. Recuerdo esa pedaleada de 2013 de los municipios de Providencia y Santiago, dándole una posibilidad de descongestión y aire libre a nuestra ciudad.

28 de febrero

¿Le consta a alguien que se haya autorizado tales monumentos?

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