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Revolución, amar y reparar

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Reunirse implica hacer comunidad, compartir conocerse. Reparar las cosas es una declaración de independencia de libertad, de autodefinición personal: Yo no soy quien ustedes me dicen que sea.

Hace algunos meses, la revista alemana Der Spiegel publicó un artículo sobre un grupo de holandeses que se reunían a arreglar cosas viejas en el Repair Café. El artículo comenzaba con la sugerente frase “Cada revolución tiene sus héroes”.¿Por qué estos holandeses pueden ser considerados héroes? El trasfondo del asunto parece ser de la mayor relevancia. Las cosas ya no están hechas para durar.

Escondido en el cambio primavera-verano y otoño-invierno, las cosas de la época de estival de un año ya son anacrónicas con los primeros calores del año siguiente. Un amigo me señala que alguna marca de ropa basa su negocio en generar temporadas quincenales. Ya a mediados de los años 2000 me acusaban de tener un guardarropa demasiado “noventero”. Si se trata de la estética, la moda ya varía tan rápido que el pelo no alcanza a crecer antes de que el corte quede obsoleto.

En el ámbito de la tecnología es donde el fenómeno es más dramático. Uno de los fundadores del Repair Café hablaba de un “reproductor de CD medieval”. Recuerdo cuando por primera vez grabe un CD de datos: me parecía que había llegado al futuro. Es una función que ya no realizo hace años, desde que compré mi primer pendrive. ¡Qué decir de los computadores y teléfonos móviles! Mi actual teléfono lo compré –por necesidad- hace un año, cuando lo anunciaban como una gran novedad. A los pocos meses anunciaron su sucesor y ya está el sucesor de éste. A un poco más de un año, en un dramático envejecimiento acelerado, mi teléfono ya es un vetusto abuelo.

Y, por lo demás, las cosas  ya no se arreglan. Esos viejos pantalones agujereados vale más la pena botarlos ycomprar unos nuevos. El valor de la mano de obra especializada en la reparación es mucho más costosa que la línea de ensamblaje industrial instalada en un país con mínimos derecho laborales donde se fabrican los nuevos pantalones. Es decir, ¿no cree usted que ha ido más a Falabella que al costurero durante el último tiempo?

Así, un grupo de gente que se reúne, donde algunos llevan sus cosas viejas y otros ofrecen sus habilidades en electrónica o costura, puede constituir una verdadera revolución. Mínima, pero significativa. Reunirse implica hacer comunidad, compartir, conocerse. Reparar las cosas es una declaración de independencia, de libertad, de autodefinición personal: yo no soy quien ustedes me dicen que sea. Los Repair Café ya se están extendiendo por toda Europa y con ellos sus consignas.

En una de esas frases levemente ingeniosas, exageradamente cursis y lamentablemente obvias, que tienden a viralizarse en los muros de las redes sociales, alguien escribió que nuestro problema era algo así como que amábamos las cosas y usábamos a la gente. No sé qué sucede con la gente, pero respecto de las cosas, la frase está simplemente equivocada. No amamos nuestras cosas. Puede que las deseemos, que nos vanagloriemos de tenerlas, pero no las amamos. Sin duda las atesoraremos hasta que dejen de ser la novedad.

Los relatos de la infancia tienen la particularidad de que no los elegimos. Leemos libros de los que hoy renegaríamos y vimos películas que hoy nos avergonzarían. Pero lo más importante es que esas obras tienen en nosotros una ascendencia tanto o más profunda que muchos autores que después citamos como nuestras influencias o preferencias. En mi caso fue una serie de televisión. En ella, los gigantes Zentraedi intentaban destruir a la humanidad. Además de la incapacidad de comprender los afectos humanos -un simple beso les provocaba una profunda repulsión-, no reparaban. Si sus poderosas naves sufrían daños, simplemente la cambiaban por otra en su fábrica interestelar. Por alguna razón siempre me pareció que ambas características iban indisolublemente entrelazadas. Creo que hay una conexión íntima en nuestra relación con las cosas, hasta qué punto estamos dispuestos a hacerlas duraderas, y nuestra capacidad de amar.

Yo, realmente, no soy ejemplo de nada. Alguna vez el auto en que viajaba simplemente se detuvo en una concurrida avenida capitalina. Por una larga hora contemplé el motor de vehículo simulando concentración, sin pensar por un momento en que iba a tener alguna idea de cómo solucionar el problema. Esperaba, entre los bocinazos, que ocurriera un milagro. Que de hecho ocurrió en la forma de un mecánico buen samaritano que apareció de improviso y a quien nunca agradecí apropiadamente. No sé cambiar un enchufe (cuando alguien me lo señaló yo ni siquiera sabía que se cambiaban) y rara vez he enhebrado una aguja con éxito. Sin embargo, siempre podemos hacer pequeñas cosas como atesorar esa novela policial mediocre que nos acompañó en un solitario aeropuerto o ese hervidor de agua barato y destartalado que fue el objeto fundacional de un nuevo hogar. Tal vez en amar esté la clave de algo; tal vez, de absolutamente nada.

*Dedicado a mis amigos Alejandra y Fernando en el día de su matrimonio.

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Comentarios

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Magdalena Etcheberry

21 de Septiembre

Interesante reflexión que nos lleva a preguntarnos si vale la pena y el tiempo “reparar”. No estoy tan segura con respecto a las cosas pero no me cabe duda con respecto a las relaciones humanas. Creo que hay que desarrollar entre nosotros la cultura de la reparación en las relaciones (de países, de hermanos, vecinos, parejas y un largo etc…)¡Siempre valdrá la pena el intento! Y sí me parece que en el amar está la clave de mucho….
Alrededor de un rico café pueden empezar muchos “procesos de reparación..”

Dario N. Rolon

22 de Septiembre

Uno solo puede construir recuerdos, dificilmente todo se pueda reparar, pero nuestra capacidad de “producir” recuerdos parece ser la clave, mirar al futuro, depende de cómo valoramos lo que hemos hecho. Excelente columna.

Escribe tu nombre

23 de Septiembre

Me gusta la forma que usar el concepto reparar, relacionado con el día del matrimonio de tus amigos. Tiene que ver con la voluntad reparar lo que uno valora, situaciones que para la mayoría y para uno mismo se ve como algo imposible e innesesario de arreglar, pero cuando hay voluntad , termina no sólo sienfo reparado sino con el orgullo del triunfo por la energía puesta en ello y el logro. El premio es mayor que el objeto o la situación misma que se reparó, sino que tiene que ver con el amor, con la libertad de no depender de las emociones momentáneas, o la seducción de la alternativa fácil, sino de luchar por lo que une quiere valora y el camino que une elige , , , Jaime Winter (abuelo)

Isabel Margarita Pacheco

23 de Septiembre

Buen punto para quien comienza una vida en pareja.Que importante siempre incorporar el “reparar” junto al amor ya que inevitablemente cometeremos errores, que solo son reparables en la medida que dediquemos tiempo y voluntad

25 de Septiembre

tenemos un solo planeta, y si cada dia lo explotamos sacando toneladas de millones de materias primas ,luego se nos va acabar.
El cambio esta en poder reutilizar en una mejor manera todo.Comprando poco pero de mejor calidad.Preguntandonos;es necesario tener que cambiar auto,telefono,lavadora……Para demostrar que tengo poder acquisitivo? , ….

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