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Au service de la France

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En una TV abierta y por cable, plagada de insulsos programas de cocina, reconciliaciones amorosas imposibles, matinales idiotizantes o rutinas de “cómicos” mil veces repetidas, Netflix se constituye en una salvadora máscarilla que provee oxígeno en el momento justo cuando estamos a punto de asfixiarnos por el tedio y la estupidez televisiva.

La ultima serie que disfrutamos fue Au service de la France.

Se trata de una genial sátira sobre los servicios secretos franceses a inicio de la década de los 60′. Pero atención: quien quiera ver los doce capítulos de esta serie esperando encontrarse con un símil del Super Agente 86 está equivocado, profundamente equivocado.

Me explico.

Si usted no conoce nada de historia de Francia entre 1940 y la década del 60′ y si usted tampoco tiene conocimiento de los hechos mas relevantes de la Guerra Fría, mejor pase de largo y quédese con las divertidas historias de Maxwell Smart combatiendo a CAOS pues está diseñada para sacar la risa fácil cada 8 segundos.


Les recomiendo esta serie extraordinaria plagada de absurdos… que tan absurdos no son.
Ambientación de época sencillamente magistral.

Y este es un consejo honesto, pues en esta parodia francesa nada se explicita y usted deberá deducir, inferir y concluir a partir de detalles, gestos y situaciones que se le presentan solo, repito, solo por el conocimiento previo que ud. tenga de la historia contemporánea de Francia.

En el primer capitulo, han transcurrido solo 16 años de la retirada de los alemanes de Francia y las heridas están aun frescas. Los colaboracionistas del régimen de Vichy están instalados en puestos importantes de gobierno e intentan ocultar su vergonzosos pasado a como de lugar.

La serie es sutil, y ya lo dije: nada se explicita, y cuando digo que hay que tener un conocimiento previo, doy este ejemplo: un personaje muy importante está leyendo en la cama junto a su esposa las Memorias de De Gaulle. Al dar vuelta la página se cae levemente la sobrecubierta y deja ver la cubierta del verdadero libro: Memorias del Mariscal Petain. Así eran las cosas con casi la mitad de la población francesa.

Apartándome un poco de la serie de TV mencionaré un pequeño e irónico pasaje de un libro magnífico (“París: después de la liberación”, de Antony Beevor) (gracias hijo por ese regalo para navidad 2012): “es increíble como aumentó la gente de la resistencia las dos ultimas semanas de la ocupación alemana, ni hablar del último día…” Misma idea se puede hallar en otro libro que retrata la época: Memorias Interrumpidas, de Francois Mitterrand.

Retomando. No me referiré al organigrama completo del Servicio de Inteligencia si no a sus tres agentes de “terreno” (hay un cuarto, Malraux, muy relevante pero si me refiero a él mato por anticipado parte importante de la historia).

Agente Calot. Su sector es el Este y se mueve como pez en el agua por el lado dominado por la URSS. Conoce al detalle todo ese mundo, sus carencias, sus virtudes, sus miserias y alegrías. Es un paranoico que vive en su departamento de París con otro compañero…¡él mismo!. Representa fielmente al enfermizo mundo de la Guerra Fría, aquella época en que si no podía ser real un hecho, se inventaba. (bueno, la cosa no ha variado mucho)

Agente Moulinier. Su mala gestión en África ha hecho que Francia pierda 16 colonias, sin embargo tiene que pagarle pensión alimenticia a 16 mujeres negras con las que tuvo hijos. Si esas no son metáforas, no se lo que ellas son. Ahora las preocupaciones de “su sector” se centran en las elecciones de estos países independizados pues “le dimos derecho a votar pero Francia decide quien es elegido…”

Agente Jacquard. A mi juicio, el más importante de la serie pues su sector es Argelia (entre 1960 y 1962 la política externa e interna de Francia gira alrededor de Argelia) a la que el plebiscito de 1961 promovido por Charles De Gaulle otorga la independencia. Es el chauvinista acérrimo que frecuentemente recuerda que “hace 130 años ustedes, no eran nada…caminos, ferrocarriles, ciudades hermosas, todo se lo deben a Francia…¡Argelia es Francia…y no se discuta más¡”. Bueno, ese nacionalismo exacerbado no deja de tener su fundamento, y claro, Jacquard tiene todos sus ahorros invertidos en propiedades en Argelia y sabe que independencia es igual a expropiación lo que es igual a miseria. Pero como este agente antes que nada es un negociante, según soplen los vientos va concluyendo que si bien “Argelia es Francia”…posiblemente en ciertas ocasiones “Argelia sea solo de los argelinos”. Increíble personaje de la historia, ni mas ni menos, “miembro fundador” de las OAS (Organisation de l’Armée Secrète)

Les recomiendo esta serie extraordinaria plagada de absurdos… que tan absurdos no son.
Ambientación de época sencillamente magistral.

Au revoi…et bon appétit

TAGS: #Francia #Netflix #Series

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