Mientras ojeaba la revista “Investigación y Ciencia” de este mes de marzo, encontré el artículo “Actividad física: una necesidad fisiológica” y recordé que en diciembre del 2016 escribí aquí en ElQuintoPoder algo sobre el tema con: “Nuestro cuerpo no evolucionó en la comodidad ni el sedentarismo”, donde explico que los avances tecnológicos tienen su lado negativo sobre nuestra salud, por ejemplo: lograron que no tuviéramos que movernos mucho y basta pulsar algunas teclas en nuestro celular, hacer algún pedido y lo que deseábamos lo traen hasta nuestro hogar. Sumemos otro nuevo hábito, que a la larga será nocivo para nuestra salud y es que algunos prefieren utilizar el scooter eléctrico a caminar o andar en bicicleta.
Resultado, hoy el sedentarismo es uno de los principales responsables de: enfermedades cardiovasculares, diabetes, obesidad, hipertensión, osteoporosis, depresión, ansiedad y ciertos tipos de cáncer, asesinando más que el cigarrillo.
El artículo que estoy leyendo y les voy a resumir, explica que: como resultado de nuestra evolución necesitamos el ejercicio diario y evitar el pasar largas horas sentado o inactivo físicamente, es esencial para que nuestro cuerpo funcione bien.
La conclusión nace al compararnos y descubrir las diferencias con nuestros parientes más cercanos; Chimpancés, Bonobos, Gorilas y Orangutanes. Resulta que ellos y si nos guiamos por parámetros humanos, llevan vidas bastante sedentarias. Según explica Herman Pontzer profesor de antropología evolutiva y autor del artículo, el día típico de un chimpancé es levantarse al despuntar el alba, desayuna fruta y come hasta saciarse, luego busca un lugar cómodo para dormir una siesta o para acicalarse, luego y sin prisa, busca un árbol soleado lleno de higos y se atiborra de ellos. Posiblemente visite algunos amigos para acicalarse nuevamente o vuelva a dormir otra siesta. La cena es temprano, con más fruta, luego busca un árbol en donde dormir, prepara un nido y se terminó el día. A veces organiza alguna ocasional persecución o cacería de monos y si es el macho Alfa, se da el tiempo para golpear a un par de subordinados o hacer alguna otra demostración de fuerza. Como ven, la vida de un chimpancé es bastante tranquila. Gorilas, orangutanes y bonobos llevan vidas bastante parecidas y ociosas. En resumen, los grandes simios pasan entre 8 y 10 horas descansando, acicalándose y comiendo antes de ir a dormir otras 9 y 10 horas cada noche.
Si nosotros siguiéramos ese mismo ritmo de actividad tendríamos graves problemas de salud, con una alta posibilidad de sufrir enfermedades cardiovasculares y metabólicas. Pero, los grandes simios se mantienen sanos a pesar de su baja actividad física, incluso, en cautividad es raro que sufran diabetes, su presión arterial no aumenta con la edad, sus arterias no se endurecen, no padecen cardiopatías como los humanos, ni sufren infartos y se mantienen delgados y su grasa corporal se mantiene en valores cercanos al de un atleta olímpico.
La pregunta es ¿qué pasó después que nos separamos hace unos 7 millones de años, al final del Mioceno y que hace que nosotros debamos mantenernos en constante actividad?
Primero, paulatinamente apareció la marcha erguida y bípeda, que parte con el Ardipithecus, el hominino más antiguo conocido, quien tenía una anatomía pélvica que le permitía caminar erguido sin perder su capacidad para vivir en los arboles, es decir, estaba cómodo en ambos mundos. Luego aparecen los Australopithecus, con cambios anatómicos que mejoran su capacidad de caminar y hacen pensar que pasaba más tiempo en el suelo que en la copa de los árboles.
Hace unos 2 millones de años surgen los homininos con nuevas estrategias, ya que fabrican herramientas con las cuales cazaban otros animales, estos homininos se expandieron desde África a Eurasia llegando hasta el Cáucaso y los bosques tropicales de Indonesia.
La actividad física regular es para mucho más que bajar de peso, resulta esencial para que nuestro organismo regule el gasto energético y coordine las tareas vitales y así funcione mejor.
En todo este período cambiamos nuestros hábitos alimenticios. La dieta no solo moldea los dientes e intestinos, también moldea la fisiología y forma de vida. Las especies que evolucionaron en ambientes con alimentos abundantes y estáticos no requieren desplazarse mucho, ni requieren una gran inteligencia para saciarse; la hierba no se esconde, ni la fruta se arranca. En cambio, depender de alimentos difíciles de obtener significa viajar más y frecuentemente, también requiere ser más inteligente.
Nuestro paso de un estilo de vida basado en la recolección a otro basado en la caza y recolección tuvo grandes repercusiones. Cazar exige cooperación y una justa repartición, esto fortaleció aún más la cohesión social. El nuevo estilo de vida impulsó la evolución de la inteligencia individual y social.
Volvamos a la actividad física, al convertirnos en cazadores/recolectores la evolución nos moldeo para una mayor actividad, por ejemplo: nuestra potencia máxima sostenida es al menos 4 veces mayor que la de un chimpancé, principalmente por los músculos de nuestras piernas, que son un 50% más grande y con mayor proporción de fibras resistentes a la fatiga. Tenemos más glóbulos rojos, responsables de llevar oxigeno. Y a un nivel más profundo, nuestras células funcionan y queman calorías a un ritmo acelerado. Es decir, nuestro metabolismo es más rápido para dar combustible a una mayor actividad física y para mantener un costoso cerebro.
Para terminar, las nuevas investigaciones revelan que los últimos 2 millones de años, nuestra fisiología, anatomía y comportamiento evolucionaron y se adaptaron a la actividad física intensa que exigen la caza y la recolección. Por lo tanto, la actividad física regular es para mucho más que bajar de peso, resulta esencial para que nuestro organismo regule el gasto energético y coordine las tareas vitales y así funcione mejor.
Amables lectores, después de lo leído les aconsejo abandonar ese pesado chimpancé que todos llevamos dentro y no es necesario convertirse en un maratonista consumado o de ir todos los días al gimnasio, basta con dejar de pasar largas horas sentado o acostado y salir simplemente a caminar unas 3 veces al día, por al menos 15 minutos a una velocidad en que podamos conversar, pero no cantar. Lo más probable es que no bajemos mucho de peso, si no lo acompañamos de una dieta, pero su organismo se lo agradecerá funcionando inmejorablemente.
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launion delrazonamiento detodas lastribus
No me cabe la menor duda de ello, ya que la excelencia y la maestría viene con la práctica cuando se extiende por décadas.
Le deseo muchas felicidades en todos sus juegos futuros…
Saludos
ffrias9
Sr Arrobazoho, y sobre su pregunta del basquetbol, le respondo en algo más relacionado al tema y es sobre la actividad física.
Juego desde niño en la YMCA, institución que creo este deporte, lo mismo que el Vóley. Sobre mi puntería, le diría que es bastante buena de media y larga distancia y suelo fallar poco ya que entreno con regularidad.
Saludos