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Los convenientes límites de la “verdad histórica completa”

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¿Por qué el pueblo se sintió tan pleno por la llegada de un socialista al poder? ¿Por qué en esos días la ciudadanía colmó las calles con su celebración, soñando con por fin escribir una historia distinta? ¿Por qué la Unidad Popular contó con tantas voluntades en las poblaciones para llevar adelante transformaciones profundas?

Para nadie es novedad que desde hace bastante tiempo (40 años ya) se conmemora septiembre como el mes del quiebre de la democracia y del inicio de la violación sistemática a los derechos humanos por parte del Estado chileno.  No caben en el sentido común del ciudadano promedio con responsabilidad cívica hablar de “celebración” o “festejo” de una fecha, el 11, que dio nacimiento a la dictadura de Pinochet y al modelo político, social e institucional que nos rige hasta hoy.

En la afirmación anterior es muy probable que estemos la gran mayoría de acuerdo.  Y, al conocer los últimos dichos de Sebastián Piñera sobre los 17 años del régimen militar, parece que también lo estaríamos en la interpretación de que lo que pasó en esas casi dos décadas no fue sólo responsabilidad de los militares sino de mucha civilidad (empresarial, política, gremial, judicial) que prefirió mirar hacia el lado cuando “el olor a muerto y carne rancia rozaba sus narices”, como dijera certeramente el cientista político Alfredo Joignant.

Una parte de la civilidad lo hizo por pura convicción. Otra por conveniencia cómplice.  Muchos ocuparon –e incluso algunos hoy ocupan- cargos públicos como representantes del Ejecutivo, mientras los más selectos se atrincheraron desde 1990 en el Legislativo o en los municipios del país.

También están quienes esquivaron la vista por temor, ése que sólo es posible sentir en la noche oscura de un sistema de terror, como hemos rememorado profusamente por televisión en estos días de recuerdo.

Así se fue dibujando un entramado que permitió lo que a tirones hoy sabemos.

Se podría pensar que bajo este escenario a los aliados de la dictadura sólo les restaría pedir perdón por su acción u omisión. Que luego de 40 años algo habrán aprendido y que una mirada retrospectiva habría arrimado serenidad a su reflexión.  Pero ello no ha ocurrido.

Porque más que cuestionar las violaciones a los derechos humanos durante el régimen, sus líderes han recurrido a la argucia argumental de buscar “responsables previos” no sólo del quiebre institucional sino de los crímenes que bajo su cobijo se perpetraron.  Han utilizado el siguiente razonamiento: las causas fueron la Unidad Popular y la presión ciudadana por cambios radicales. A eso le han llamado “verdad histórica completa”.

Pues bien, si de rebuscar en el pasado se trata, la derecha se queda corta.  El ejercicio debiera incluir los años previos a la asunción de Salvador Allende como Presidente el 4 de noviembre de 1970.  Y responder en el proceso las siguientes preguntas: ¿por qué el pueblo se sintió tan pleno por la llegada de un socialista al poder? ¿Por qué en esos días la ciudadanía colmó las calles con su celebración, soñando con por fin escribir una historia distinta? ¿Por qué la Unidad Popular contó con tantas voluntades en las poblaciones para llevar adelante transformaciones profundas?

La respuesta es obvia.  Los desde siempre invisibilizados, los que nunca habían ganado, los que habían sido recurrentemente avasallados sentían que desde ese momento podrían ellos cambiar la forma en que se tomaban las decisiones y doblarle la mano a su destino, hasta el día previo escrito en piedra.  El anhelo de cambio, radical y desesperado, sólo podía incubarse en una sociedad tremendamente injusta como la que en aquellos años se había convertido Chile.

Comparto el llamado de todos quienes hablan de no repetir la historia.  Pero en ese recorrido en reversa no me detengo en el 4 de noviembre de 1970, que para muchos de nosotros en perspectiva sigue siendo un gran comienzo.  Sigo más atrás. Viajo al Chile de la desigualdad, al Chile de la inequidad, al Chile del inquilinaje, al Chile del clientelismo que fuimos por tanto tiempo.

Y con ese recuerdo observo mi patria hoy y siento que se construye desde la élite, al igual que ayer, un país que obliga a su gente a luchar por los cambios.  Cambios profundos, radicales y de transformación social, y no sólo de aquéllos sustentados en el bono, el subsidio y la beca -justificables por la urgencia que imprime la desigualdad- que de vez en cuando se saca desde el cosmetiquero de la política nacional.

Extraño es escuchar a quienes cuestionan la demanda por variantes estructurales, nueva Constitución vía asamblea constituyente mediante, cuando dicen que éstas no son urgentes porque no hay crisis institucional.  Su argumento alude a que tomarán las decisiones en pos del interés colectivo sólo cuando la sangre llegue al río.  Ello es un grave error.  Porque la política no consiste en administrar una infame cotidianeidad. Política es luchar hoy para construir una mejor futura realidad.

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Foto: Wikimedia Commons

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Comentarios

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jose-luis-silva

03 de septiembre

O sea la única vez que rebobina la historia desde ántes del 70 se salta justo la parte donde Allende y sus amigos deciden que las instancias democráticas como eleciones y otras instituciones las usarán sólo con el fin de llegar a la revolución armada.

O sea justo se salta lo que explica lo cocurrido el 11 de septiembre y quizá responda sus preguntas. .

03 de septiembre

¿por qué el pueblo se sintió tan pleno por la llegada de un socialista al poder?..un 36,6% de Allende ¿ese es el pueblo?
La respuesta puede ser igual a la de Argentina actual…se corrompió todo el Estado, se inventaron pegas de mentira para saquearlo, se emitió plata como condenados, no importando la inflación (500%) a los jerarcas, etc….pero con un buen discurso “del pueblo” y un verso espectacular, se convence a los que no vivieron esa época, de que el tipo era prácticamente un santo y martir.
¿saben esas generaciones que Allende decía que, después de dar la mano a los simpatizantes, tenía que sacarse el “olor a roto”?

04 de septiembre

Me parece que la alegría del pueblo por la llegada de Allende al poder no es posible de esconder (los registros están, es cosa de buscarlos).

Sobre el porcentaje de votación, ello no obsta para deslegitimar una realidad social. El actual Presidente de Chile está gobernando con el 29,5 % del universo que podría haberlo elegido en 2009 (válidamente emitidos, nulos, blancos más todos los no inscritos pero con edad para votar). Menos de un tercio. Las matemáticas sirven para mucho. Y no precisamente para hablar de legitimidad.

Paolo

05 de septiembre

Personajes como Arturo y José Luis se deben sentir muy ofendidos por las torturas, exilios, humillaciones, en suma, que tienen muchos motivos para sentir rabia, parece que la generala Bachelet los exilió durante 20 años, sufrieron durante la dictadura concertacionista, la pasaron mal, realmente fueron humillados, excluidos y despreciados. Son los grandes perdedores de este pais, bueno, antes de me respondan algo respecto a que yo soy allendista o algo, les hago ver a ambos que la UP me parecio siempre un mal gobierno, aunque no lo vivi, pero la verdad tengo cosas muchos mas importantes que preocuparme de malos gobiernos, este sin ir mas lejos es un gobierno muy malo, y cualquiera que pueda venir, pues si no lo saben en la historia se dan situaciones conflictivas. Ahora la pregunta para ambos es si ante una situacion como ellos la llamarian, supongo, de division, de falta de hermandad, de falta de amistad, de falta de union, no sé como la llamarian, en suma, de mala onda del pais o de confrontacion, aunque no sea mucha, ellos sacarian una pistola o se pondrian a matar gente, para saber si llega a tanto su orgullo que se creen tercios españoles del siglo XVI, o ingleses victorianos sacando un revolver porque les dijeron “tonto”, con toda esa terminologia que tanto les gusta sacar, “ofenderse”, “retar”, “no tolerar”, “no aceptaremos”, “no permitiremos”, sepan que la transicion “comunista” se hizo para reconciliar al pais, cosa que se habia logrado bastante antes de este gobierno, en suma, para que no piensen que son los demas quienes quieren dividir el pais. Y de paso agrego que las normas de El Quinto Poder me impiden insultarlos como se merecen.

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