#Género

Ni exclusión ni privilegios, necesitamos los mismos derechos

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La promulgación de la Ley Antidiscriminación junto con sancionar los actos de discriminación arbitraria, deja una serie de vacíos que hacen que en el día a día, se sigan cometiendo actos de incitación al odio hacia las personas de la diversidad sexual.

Hace un par de años conocí a una chica lesbiana que cursaba 8º año básico. Su apariencia se asimilaba más a la de uno de sus compañeros varones, que a como vestían sus compañeras de curso y de colegio. Al conversar con ella a petición de una de sus profesoras, comenta que se siente cómoda siendo lesbiana, que pololea con una de sus compañeras de curso y que sus papás y profesores no le han puesto mayores problemas. Al preguntarle si se había sentido discriminada en su escuela, dice que en general no ha tenido mayores problemas, salvo uno: no usaba el baño.

Al preguntarle por qué no usaba los servicios higiénicos, dice que prefiere no ir para evitarse las burlas tanto de compañeras como compañeros (al ir al baño de niñas recibía constantes incómodos comentarios de sus compañeras que le decían que debía ocupar el baño de los hombres). El colegio nunca se hizo cargo de esta situación, las razones fueron varias, entre ellas aludían a que “toleraban” la orientación sexual de la alumna, pero que no podían pedirle lo mismo a todo el establecimiento y menos “habilitar” un baño sólo para ella.

Como sociedad hemos llegado a un cierto consenso sobre el respeto a la diversidad y la no discriminación, concenso que ciertamente no ha traspasado a los espacios en donde las personas LGBT nos movemos a diario y donde hemos tenido que “normalizar” comentarios, acciones y discursos que si bien no incitan al odio, son altamente discriminatorios o invisibilizadores de la diferencia.

A nivel legislativo, después de ocho años de tramitación en el congreso, se promulgó la Ley Antidiscriminación. Ley que fue altamente cuestionada por los grupos conservadores ligados a la derecha y a la iglesia católica, pues atentaba contra los valores trascendentales de la familia y sería un paso más que lograría el lobby gay y la “ideología” de género. Mientras se discutía si se debía incorporar o no las categorías de orientación e identidad de género, ocurrió en 2012 uno de los crímenes más horrendos que hemos conocido hacia un joven gay: Daniel Zamudio fue torturado y asesinado por la homofobia de un grupo de “hombres” que fueron incapaces de tener un mínimo de compasión.

Lejos de tener esperanzas, comprendemos que desde los distintos ambientes donde se desenvuelven las personas en lo cotidiano, no poseemos una cultura firme y robusta de respeto por los derechos y por las capacidades de las personas, al contrario, nos hemos construido como una sociedad altamente segregada y, por cierto, discriminadora. La promulgación de la Ley Antidiscriminación junto con sancionar los actos de discriminación arbitraria, deja una serie de vacíos que hacen que en el día a día, se sigan cometiendo actos de incitación al odio hacia las personas de la diversidad sexual.

Hay que ser claros en entender que la tarea pendiente no se termina en la aprobación y promulgación de la ley, pues se hace tremendamente necesario poder generar una cultura amplia de integración y no discriminación. También es importantísimo considerar que no podemos dejar el tema a merced sólo de la sociedad, y por tanto, es exigible establecer que el Estado, como garante del bienestar superior de los/las ciudadanos/as, es quien debe poder establecer acciones afirmativas orientadas en promover la aceptación de la diversidad en todos los ámbitos donde tiene participación.

Distintos organismos de derechos humanos han planteado recomendaciones respecto de esta materia. El informe anual sobre derechos humanos 2013, de la Universidad Diego Portales, sugiere “estudiar y legislar sobre la institucionalidad más apropiada para cumplir con la obligación de respetar, proteger y garantizar el derecho a la no discriminación”, identificando como una necesidad clave que el Estado tome un rol activo en generar no solamente una agenda legislativa al respecto, sino que también en el ámbito de introducir en sus distintos niveles, medidas que apunten a la promoción de los derechos de la diversidad sexual.

En esta línea, podemos distinguir dos vías de acción necesarias en el corto y mediano plazo:

  1. Legislar a favor de la obtención de los derechos igualitarios para las personas de la diversidad sexual: el entregar un cuerpo de derechos civiles a quienes se han visto excluidos de estos, sienta un precedente importante para transmitir de manera objetiva que se está participando en la sociedad ni en desventaja ni con privilegios, sino que en igualdad de condiciones que el resto de la población. En la agenda legislativa actual se debe poner especial énfasis en la Ley de identidad de género, realizar mejoras a la Ley de no discriminación y sancionar los actos que inciten al odio.
  2. Crear espacios institucionales que velen por la promoción de una cultura de la no discriminación: es necesario comprender que frente a un sociedad que no avanza al ritmo más adecuado respecto de la no discriminación, se hace imperioso crear un órgano estatal que elabore directrices obligatorias sobre esta materia. Estas deberán apuntar a crear espacios de promoción de la convivencia no discriminadora, que sea superior a la voluntad política de las autoridades de turno, y que tenga como objetivo la creación de planes nacionales transversales de no discriminación, enfocados en desarrollar acciones concretas en todos los ámbitos donde el Estado tenga acción directa, como en el caso de educación y salud, además de impulsar acciones en los gobiernos locales (por ejemplo mayor asignación de recursos para oficinas de no discriminación en municipios, observatorios locales de derechos humanos, etc.)

Mientras tanto, no podemos seguir quedándonos impávidos ante recurrentes actos de discriminación y odio de los que somos víctimas y testigos, tenemos que seguir avanzando como sociedad organizada por comprender que las diferencias nos enriquecen como país y, por cierto, debemos seguir organizados y atentos a convocar mayorías que promuevan y apoyen cambios legislativos, siendo capaces de aprovechar todas las instancias para exigir que estos cambios sean puestos en marcha por las autoridades correspondientes.

No podemos abandonar la responsabilidad individual y colectiva de exigir el respeto a la diversidad sexual, no podemos seguir permitiendo que más alumnas no utilicen el baño para no ser molestadas, que más personas trans sean golpeadas y por cierto, no podemos dejar que otro/a chileno/a muera por ser distinto a los demás.

TAGS: Ley Antidiscriminación Ley Zamudio

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