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La reforma educacional desafía al gremio docente

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Resulta evidente el sesgo funcional, instrumental y alejado de la ciencia pedagógica en que se expresa el debate educativo actual. Desde las demandas estudiantiles hasta el programa presidencial todas las iniciativas apuntan a cambios estructurales, modificar la organización del sistema escolar y aumentar significativamente el gasto en educación.

La reciente reunión entre el ministro de educación entrante y la directiva nacional del colegio de profesores marca desde la partida una identidad programática, a la que se agrega un capital social valioso para empujar los cambios y vencer las resistencias contrarias a la reforma educacional. Es altamente valorable que en la reunión Eyzaguirre – Gajardo haya estado presente una propuesta de carrera docente, pues recientemente en el informe de seguimiento de la “Educación para todos en el mundo 2013-2014” elaborado por la UNESCO se ha sugerido que: “los gobiernos velen porque los niños tengan maestros más capaces y más cualificados posibles. Esto supone conseguir un correcto equilibrio de buenos candidatos, prepararlos mediante una formación docente inicial amplia, y prestarles apoyo a lo largo de su carrera a través de la formación permanente y la necesaria orientación”.

Resulta evidente el sesgo funcional, instrumental y alejado de la ciencia pedagógica en que se expresa el debate educativo actual. Desde las demandas estudiantiles hasta el programa presidencial todas las iniciativas apuntan a cambios estructurales, modificar la organización del sistema escolar y aumentar significativamente el gasto en educación.

Los diagnósticos que por décadas se han exhibido con impudicia solo tienden a validar un juicio: la educación no solo está en crisis sino que además es de mala calidad. Se repite hasta el cansancio esta afirmación basada en algunas mediciones de habilidades lógico – matemáticas o lecto – escritoras, sin considerar la multiplicidad de tareas que abordan diariamente cerca de 150.000 profesores en nuestro país.

Y no podría ser de otro modo, porque quienes elaboran tales estudios no están pensando en el lugar concreto donde cristalizan las buenas intenciones por mejorar la calidad educativa: la sala de clases. Solo que para pensar el aula es necesario haber portado un libro de clases bajo el brazo y enfrentado la complejidad del proceso enseñanza–aprendizaje–contenidos con que debe lidiar el profesor. La política educativa para su implementación debe considerar que el docente es el actor principal de este proceso y ninguna transformación será exitosa si no cuenta con su comprensión y adhesión.

Al medio de esta disputa política eterna están los profesionales de la educación, los que diariamente deben enfrentar los efectos de una sociedad que ha desvalorizado la misión de la escuela y ha colocado bajo sospecha el rol del profesor. Ellos son los que debieran liderar el debate educativo pedagógico, los consultados por quienes toman decisiones, elaborando propuestas que los prestigien profesionalmente. Los maestros son los que administran o desatan los cambios, son los que operan al interior del aula y silenciosamente pueden elevar o dejar caer un proceso de reforma educacional.

Lo anterior trae como consecuencia el “malestar docente”, por la anulación de su autoridad profesional y como decía Roberto Munizaga “porque ser profesor siempre será peligroso”. Ahora no es porque invadan los campos y siembren ideas emancipadoras, se les culpa de los bajos aprendizajes y el deterioro creciente de la calidad educativa. Además los planes de perfeccionamiento no tienen como objeto elevar la estatura intelectual de los profesores, son concebidos más bien para superar carencias y malformación con el mismo método que se enfrenta la rehabilitación alcohólica.

Es que la escuela tiene un pecado original, es una imposición de la sociedad moderna que arrebató los hijos a la familia y el Estado se hizo cargo de su educación, transformándose en una escuela nacional para toda la población. No fue fácil establecer la educación primaria obligatoria en Chile, tuvo sus detractores, que manifestaban su pesar afirmando: “maldita instrucción que redimiendo siervos nos va dejando poco a poco sin inquilinos”.

Pero más allá de lo reiterativo del discurso educativo, donde la voz más oculta es la del maestro, del debate sobre las medidas que vendrían a arreglarlo todo, de las propuestas del “club de expertos”, hay una realidad constituida por millones de niños que diariamente entran a las aulas y nos dicen que la calidad educativa no está en los documentos sino en lo que hacen o dejan de hacer los profesores.

Para ello es fundamental que el gremio docente retome sus banderas históricas en el campo profesional, como las levantadas en el congreso pedagógico realizado el año 2005 en el cual entre otras materias concluyeron lo siguiente:

“Aspiramos a una educación centrada en la persona, capaz de asumir la diversidad (ideológica, religiosa, cultural, de género, étnica, orientación sexual, etc.), que privilegie el accionar democrático en la práctica cotidiana. Una educación que proporcione real igualdad de oportunidades, consolidando normas de justicia social en todos los ámbitos de la vida nacional, por tanto, que valore y preserve el patrimonio sociocultural y natural”.

Esta definición estratégica del gremio docente, de tanta profundidad y contenido está carente de todo lineamiento táctico, a pesar de que fue producto de un amplio y participativo debate. Sus actuales directivos no han tenido la capacidad para aquilatar su propósito político, su interpelación al poder presente y futuro, por el camino más factible de transitar: apoderándose del aula y sus contenidos y haciendo del curriculum un instrumento de emancipación.

Que eso pasa por reeducar a las propias bases qué duda cabe, si estas están más esperanzadas en una mesa de negociación que en su propia fuerza, miran con más simpatía al movimiento estudiantil que al movimiento pedagógico que a duras penas subsiste en su seno. Esa es la voz que deben recuperar los maestros y el gremio docente, ese es el debate que deben liderar, por esa vía podrán elevar su estatura profesional y actuando en consecuencia provocar los cambios que jamás serán concedidos gratuitamente desde las esferas del poder.

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Comentarios

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09 de marzo

Brillante al destacar un tema que es central, la lucha por la calidad se gana o se pierde en la sala de clases.

Dicho lo anterior, ¿como es posible aceptar que la sala de clases, por reglamento, tenga hasta 45 alumnos?

10 de marzo

para nada, se debe a que las empresas que prestan servicios educacionales, denominados colegios particulares pagados, no les gusta perder clientes, eso de sacrificar niños ni siquiera es tema, es simplemente cuestión de dinero

09 de marzo

OTROSI: ¿como es posible aceptar que un mal maestro en un colegio municipal pueda estar legalmente 6 años arruinando futuros antes de poder ser despedido?

Debe ser porque la firme es que “Nuestros” hijos no van a esos colegios, van a colegios particulares pagados, donde un mal profesor no dura dos meses. debe ser porque en esos colegios no se acepta sacrificar niños…..

12 de marzo

Y ni tanto, don Milton. Particulares igual o peor de malos… sólo que en ese caso, el apoderado salta a conseguir profesor particular para cubrir la deficiencia… así el niño no pasa por “malo” y el profesor de ese colegio particular que “pasa toda la materia” (no importa como) queda como bueno… mi señora se hace un segundo sueldo atendiendo niños de colegios particulares “que les cuesta” seguir el ritmo.

09 de marzo

Además de la problemática que expone don Carlos, creo que hay otra razón por la que la voz del maestro está tan oculta.

La realidad es que en la Educación Municipalizada los profesores “no pueden” criticar ni la gestión del departamento de educación ni mucho menos las decisiones de los directivos de cada colegio.

Como dice el dicho “en pueblo chico, el infierno es grande”, la realidad es que la polítiquería, los egos, los pitutos, los compadrazgos mantienen a los mismos en sus puestos de avanzada y da la casualidad que la mediocridad es generalmente una característica que no les molesta.

El sistema no mejora porque no quieren que mejore. Porque les acomoda el tener las cosas a media máquina, porque gestionar significa buscar eficacia y eficiencia y la realidad es que no tienen la capacidad para aquello. Lo más triste es que los docentes que entran al sistema con entusiasmo, vocación y ganas de ejercer su profesión con excelencia, a poco camino se dan cuenta que no importa cuánto hagan por sus alumnos. Si no son del “gusto” de los directivos -y al respecto ni siquiera me refiero al desempeño profesional, no pocas veces las apreciaciones se basan en el conventilleo de pasillos-, o no son del “color” político de turno serán irremediablemente saboteados todos sus intentos por mejorar los procesos.

Sé que los profesores normalistas fueron perfectamente formados como profesionales pero desconozco si en algún momento vivieron los niveles de calidad humana tan baja que hoy ensucian una labor que por su naturaleza debiese recoger lo mejores elementos de la sociedad.

Saludos

10 de marzo

Coincido con usted, Sra. Viviana. Las condiciones de trabajo, incluyendo la increíble cantidad de niños por sala, no permiten una educación de “Calidad” y hacen que los buenos maestros busquen otra actividad más razonable.

Creo que hay que ser serio, es hora de traspasar los colegios municipales a sus profesores, con lo que se va a garantizar que los fondos lleguen a la escuela y no se queden enredados en pagar los sueldos de los amigos del alcalde contratados en la DEM.

¡Si es tan simple!….

10 de marzo

Qué contrasentido más básico el nombrar a la “Agencia de Calidad” que permite el más básico de los atentados a lo que debe proteger. Ni un superhéroe podría asegurar calidad en el aprendizaje a 45 niños en una sala. En los tiempos de hoy, con la -a veces- nula educación con la que vienen del hogar, imposible.

María José Toro

10 de marzo

Creo que de partida, se debe aceptar que la pedagogía es una carrera como cualquier otra, por lo tanto, la persona que la estudia y ejerce, no pretende realizar un apostolado aceptando sueldos miserables. La tan manoseada vocación, ha llenado la boca de quienes piensan que el trabajo de los profesores debe sustentarse solo en ella, dejando de lado aspiraciones personales tan legítimas como lo es, por ejemplo, adquirir un inmueble. Es penoso leer declaraciones de la Sra Patricia Matte, señalando que “la gracia de un profesor SIP es que es bueno, y gana poco”, pero lo más penoso es ver cuántos piensan lo mismo, y todo por la “VOCACIÓN”.

13 de marzo

Brillante !!!!

Mándalo a EDUCACION2020 que todavía cree que hay que desarrollar estructuras…. y que no cacha que con 45 alumnos por sala no va a pasar mucho…….

NOTA Chile declaró a la OECD 32 alumnos promedio por sala… ¡Que mentira! significa que como la mitad de las salas de clases tienen MENOS de 32 alumnos …. Quiero ver esas salas de clases tan vacías….. como son tantas debe ser fácil encontrarlas…..

juan soto

21 de marzo

Comparto lo expresado por el Colega Vásquez, solo agregaría que ha existido una intencionalidad funcional al modelo por menoscabar al Profesor(a) de paso segregando aislando la educación pública. La decisión es, ¿ queremos un Chile menos segmentado?, entonces, se requiere una educación integradora ….menos expertos opinando, los eruditos son los maestros(as) desde el aula.

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