#Educación

El currículo, la cara oculta del debate sobre la calidad de la educación

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Una de las grandes lecciones que es necesario rescatar en el debate sobre la calidad de la educación en el Chile actual, es el ser capaces de entender la importancia de dotar al país de un diseño curricular estable, que efectivamente oriente la labor de los docentes. Un diseño curricular que dé cuenta de los desafíos que debe enfrentar el país en los años futuros.

El propósito central de toda escuela es educar. Hablamos de calidad de la educación del sistema público cuando esa educación que entregan las escuelas y liceos que lo componen cumple con los objetivos que se han trazado para ella, y con lo que la sociedad espera ella realice.

Cuando se habla de la desigualdad en la calidad de la educación entre la educación pública y privada, se está hablando de los distintos resultados obtenidos en la implementación del Currículo Nacional en las escuelas públicas y en los colegios particulares. Por lo mismo, no da igual, ni es obvio, lo que el currículo prescribe, ni los cambios que en él se introducen.

No obstante lo anterior, la discusión sobre el currículo no logra trascender a la opinión pública ni es materia de preocupación especial de los estudiantes ni los gremios de profesores. Los principales actores educativos del país se mantienen silentes ante los cambios que se realizan al currículo nacional, y el impacto que estos cambios o modificaciones tienen sobre el sistema.

Los costos de la arrogancia

Durante veinte años se fue instalando una política curricular que comenzaba a dar sus primeros frutos (lo que no desconoce los problemas que aún arrastra nuestra educación, que no son pocos). Desgraciadamente, lo que se pensaba venía siendo construido sobre consensos generales de la sociedad, no era tal, y la continuidad de las políticas educativas, sólo se había sustentado en la continuidad de los gobiernos de una coalición de partidos políticos. El año 2010 se produjo el cambio de gobierno que marcó el fin de los gobiernos de la Concertación por la Democracia y la asunción de la Alianza.

En el ámbito educativo los cambios que se produjeron fueron sustanciales. Las nuevas autoridades asumieron la responsabilidad de sus nuevas dependencias con aires refundacionales. En su particular gusto, el currículo que se había venido instalando en los últimos años no estaba debidamente enfocado en lo importante, que era la reproducción de cierta base de conocimientos que debían ser aprendidos por todos los estudiantes del país. De ahí, lo primero fue retirar de circulación los MPA y detener los programas de estudio que acompañaban la implementación del Ajuste Curricular 2009. Se orientó a todo el sistema educativo que la implementación del ajuste debía ser guiada por lo que proponían los textos de estudio. Acto seguido se dio paso a una elaboración contra reloj de las Nuevas Bases Curriculares que establecía la nueva LGE. El cronograma que se había establecido para la elaboración de las NBC contemplaba su aplicación a partir del año 2017. Sin embargo, su elaboración era la oportunidad que veían las nuevas autoridades de re-orientar el desarrollo curricular del sistema educativo chileno.

Ya a partir del año 2011 se comenzaron a instalar en el sistema las NBC, sin programas de estudio, bajo la figura de una “marcha blanca” que a partir del año 2012 se volvería obligatoria para los cursos entre 1 y 3 básico, y el 2013 se ampliaría hasta 6 año básico. Finalmente, el año 2013 se aprobaron las NBC para la primera parte de la educación secundaria, quedando por elaborarse las correspondientes a los dos últimos años.

De esta forma, los directivos que tienen a cargo la gestión educativa de sus escuelas, y los docentes que deben trabajar en el aula el desarrollo de los aprendizajes y capacidades de sus estudiantes, vieron cómo, en un periodo de cuatro años, se les cambiaban, año tras año los parámetros de referencia para desarrollar su labor.

Entre el año 2009 y 2012 los resultados del país en la prueba PISA, después de un mejoramiento continuo entre las mediciones 2002 y 2009, lo que posicionó al país entre los tres que más avances presentaron en el período, no presentaron alteraciones, se mantuvieron donde estaban. Si bien esto puede, y debe, ser explicado desde múltiples aspectos, no se puede descartar el componente curricular, y los cambios profundos, con la consiguiente desorientación docente, que se vivieron en la implementación de las políticas curriculares del gobierno de la Alianza. Justo cuando los profesores comenzaban a apropiarse y valorar una serie de instrumentos curriculares, que facilitaban la comprensión de los objetivos que debían alcanzar con sus estudiantes, y por ende, echaban luz sobre lo que debía ser su labor diaria en la sala de clases, se introdujeron cambios en las orientaciones y sentidos del currículo, modificando el sentido del proceso educativo, no clarificándolo.

Por extensión, esto se hizo de manera absolutamente irresponsable, sin acompañarlo con las debidas orientaciones didácticas de implementación que la ley mandataba (los programas de estudio) y orientando a las escuelas y liceos que utilizaran los textos de estudio como referente de implementación didáctica, traspasando así la responsabilidad de la implementación en el aula de las Bases Curriculares, a la particular visión que los distintos equipos de técnicos de las distintas editoriales que elaboran textos, pudieran tener.

Para tener en cuenta

Una de las grandes lecciones que es necesario rescatar en el debate sobre la calidad de la educación en el Chile actual, es el ser capaces de entender la importancia de dotar al país de un diseño curricular estable, que efectivamente oriente la labor de los docentes. Un diseño curricular que dé cuenta de los desafíos que debe enfrentar el país en los años futuros. La última definición de norte sobre el rumbo que debe seguir la educación chilena, en términos de establecimiento de un plan a largo plazo, es del año 94, con el informe de la comisión para la modernización de la educación. A 20 años, quizás sería bueno examinar cómo ha cambiado el mundo y el país, y hacia donde se encaminan las actuales tendencias. Frente a esto, Chile debe plantear sus tareas de desarrollo.

Un elemento que no se puede dejar en el tintero y que es necesario enfrentar es que para dotar de estabilidad a los procesos educativos en el largo plazo, es necesario hacer de la política curricular una Política de Estado. Esto significa que dicha política tiene que ser producto de un consenso amplio que resguarde lo esencial de la política educativa de los vaivenes de la política contingente. Para esto, el desarrollo curricular debe ser un proceso permanente, dotado de una institucionalidad respetada que permita su actualización y desarrollo de acuerdo a los cambios que va viviendo nuestra sociedad y el mundo.

Se da mucha importancia a la problemática de la formación de los docentes, a la gestión de las escuelas, al acceso a la educación. Sin embargo, el centro, el corazón que es el para qué queremos que los niños chilenos se eduquen, cuáles son los aprendizajes que los sistemas educativos y sus modelos de gestión deben favorecer, cuáles son las competencias que los profesores deben desarrollar y poner en práctica en virtud de los aprendizajes que tienen que lograr en sus estudiantes, son cuestiones absolutamente invisibilizadas, y ese es precisamente el debate curricular.

Una institucionalidad que resguarde estos procesos, que recoja el espíritu del avance y la visión de futuro que significó la creación de la UCE, y la implementación de una idea de desarrollo curricular, son vitales para proteger el efectivo desarrollo de una educación de calidad en Chile. La existencia de instituciones que velen por el permanente desarrollo curricular y su implementación son una realidad en países como Corea o Australia. En esta línea la importancia de la permanente revisión del currículo con evidencias tomadas de la práctica directa de los docentes y estudiantes en la sala de aula, y su contraposición con las tendencias globales, es la forma de responder al desafío que presenta el contexto actual, de administración de la complejidad que significa la permanente tensión entre estabilidad y actualización permanente que demanda el desarrollo de una educación de calidad.

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Foto: M. Martin Vicente / Licencia CC

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Comentarios

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Enrique Azúa

23 de mayo

Comparto plenamente lo sostenido por Max en su artículo. La mayoría de los países de mayor desarrollo educacional han procedido de esta manera y más aún, lo han hecho sobre la base de procesos participativos amplios que implican una efectiva democratización del currículum.

25 de mayo

uf por fin alguien poniéndole cabeza a la discusión invitando a salir de la bobería de si seleccionamos o no en los emblemáticos. En fin, no creo que logre prender, básicamente exige pensar mucho y eso no es bueno en este país de mierda.

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