#Sociedad

Luego de esta visita del papa ¿Cuál será el gesto que quedará en la retina?

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¿Hay algo peor que la impunidad de la que gozan ciertos señores que parecen intocables?

Ser abusado es sin duda horroroso, pero no solo por el hecho mismo del abuso, sino también por todo lo que viene después, como huella y coletazo de lo sucedido: la angustia del recuerdo, la vergüenza por la invasión a la intimidad, la culpa por no haber logrado pararlo a tiempo, la agonía del silencio. Todo lo cual se hace más pesado y punzante, cuando el espacio en el que se produjo es precisamente un contexto que representa un lugar de protección y cobijo.


Luego de la partida del Papa, queda un sabor amargo, sobre todo en quienes, después de lo ocurrido, aún no se han sentido reparados.

Luego de vivir el calvario del debate interno que frena a narrar lo sucedido, llega un día en el que simplemente se comienza a descorrer la cortina, para sacar los hechos a la luz, pese al trauma de tener que revivirlos, sintiendo que se quedará expuesto a la mirada morbosa del entorno.

Pero precisamente en ese momento viene lo peor, ya que se reconoce brutalmente el tipo de sociedad en la que vivimos: una sociedad cuestionadora, que somete al escarnio público a las víctimas, incluso llegando a hacer mofa de su psiquiatría.

Justo allí, donde querían encontrar apoyo, chocan contra un frontón, hallando palabras de sorna o de desprecio.

Por todo eso, cuando el Papa fue consultado por la presencia de Barros en sus actividades, muchos nos dispusimos a escuchar atentamente la respuesta. Entonces, la palabra calumnia sonó como un eco estridente, que no hacía más que confirmar la vieja impunidad a la que nuestro país, luego de todos los horrores vividos, aún no termina de acostumbrarse.

Luego de esta visita del Papa a Chile, ¿cuál será el gesto que quedará en la retina?; ¿sus palabras pidiendo perdón, o el calificativo de “calumnia” que usó para desacreditar a los denunciantes?

Los medios internacionales que cubrieron la visita del Sumo Pontífice a nuestro país, se refirieron al alejamiento de los fieles de la fe católica. Pues bien, he aquí precisamente una de las principales razones: hemos dejado de creer en las instituciones, sobre todo en aquellas que amparan y respaldan el abuso, poniendo en duda la palabra de quienes se han atrevido a denunciar, ignorando el dolor que eso genera y, al mismo tiempo, sentando un pésimo precedente para que situaciones tan terribles como esas, vuelvan a reeditarse una y otra vez.

Luego de la partida del Papa, queda un sabor amargo, sobre todo en quienes, después de lo ocurrido, aún no se han sentido reparados.

Quiero dirigir esta reflexión a ellos, a quienes se han atrevido a denunciar; para ustedes, mi empatía. Somos muchos los que compartimos su rabia e impotencia; sí les creemos y confiamos en su palabra.

No sé si eso consiga mitigar su dolor, pero por lo menos se transforma en un gesto solidario de quienes, mientras más cerca nos sentimos de la verdad, más lejos nos sentimos de la Iglesia.

Porque, aunque cueste, a la verdad se la mira a la cara, para reconocerla de una vez por todas, entregando gestos contundentes de contención y apoyo, como una oportunidad para construir sobre bases sólidas. La Iglesia Católica una vez más, ha dejado ir esa oportunidad.

 

TAGS: #AbusoDeMenores #PapaEnChile #PapaFrancisco

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