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La desmemoria de Sebastián Piñera

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Es cuestionable que la sociedad chilena sea más consciente de sus derechos que de sus deberes. No queda claro en qué se basa Piñera para decir esto. Además, es claramente cuestionable que la sociedad chilena sea realmente más consciente de sus derechos que antes o que esto ocurra gracias al dinamismo social y económico. Pues no sólo es preciso analizar el movimiento económico de una sociedad parcialmente, sino también proporcionalmente. Considerando este segundo aspecto, el dinamismo económico en Chile mueve a la sociedad hacia la desigualdad. El descontento es real, no aparente, y lo más probable es que se extienda durante el próximo gobierno.

Las encuestas adelantan que, tras las próximas elecciones presidenciales del 17 de noviembre en Chile, el actual gobierno representará nada más que una fisura histórica de la derecha conservadora entre los períodos de mandato de centroizquierda. Esta fisura no parece ser tan amplia desde el punto de vista ideológico y político, ya que muchos de los descontentos ciudadanos, relacionados en gran parte con el sistema de educación y últimamente con la conmemoración del cuadrágesimo aniversario del golpe militar del 11 de septiembre de 1973, estaban ya presentes durante los gobiernos anteriores.

La división de la política chilena se observa al menos en la descoordinación de los actos de conmemoración: la oposición y el oficialismo realizaron ceremonias distintas. El presidente Sebastián Piñera afirmó en una entrevista para el periódico El País que habría preferido ver una visión común y compartida de lo acaecido antes y después del golpe militar.

Es digno de notar en las palabras de Piñera, en primer lugar, una postura que existe en Chile desde el término de la dictadura. Se busca una visión común, independientemente de que ésta pueda ser incorrecta, inmoral o forzada. Es cierto que se puede percibir cierta división superficial, como la mencionada por Piñera, pero el debate claro y la iniciativa de promover el funcionamiento adecuado del poder judicial frente a temas fundamentales son elementos que parecen estar ausentes en las dos coaliciones con mayor aprobación.
De esta manera, a pesar de no asistir a una misma celebración, ambos bandos políticos han fallado durante sus respectivos gobiernos en aclarar y aplicar justicia a las violaciones de derechos humanos ocurridas después del golpe militar y durante la posterior dictadura. Durante los gobiernos anteriores de centroizquierda, la actual oposición, el dictador Augusto Pinochet fue nombrado Senador vitalicio para posteriormente ser desaforado, sin recibir una condena mayor antes de morir. Durante el gobierno de Piñera, los logros en este aspecto no fueron más allá de una débil alusión a los cómplices pasivos de la dictadura y a exigencias de perdón provenientes de los políticos que se sintieron aludidos. Cabe agregar que algunos ministros nombrados por Piñera colaboraron entonces con el régimen militar.

En segundo lugar, las palabras de Piñera son ejemplo de una de las habituales estrategias argumentativas de la derecha chilena al enfrentar el tema de la dictadura, esto es, no sólo hacen referencia a los crímenes acaecidos después del golpe militar, sino también a lo ocurrido antes. De esta manera se apela a la cadena de causas indirectas y provocaciones contingentes que supuestamente forzaron el curso de los hechos.

Posteriormente se le pregunta a Piñera por la supuesta paradoja reflejada en la desaprobación ciudadana de su gobierno en contraste con el éxito económico del país. “Yo creo que es una paradoja más aparente que real, porque a medida que los países progresan, las ciudadanías cambian. Por ejemplo, en Chile la gente que vivía en pobreza no protestaba y agradecía cualquier ayuda del Estado”, responde Piñera. De esta manera, el descontento sería efecto de la prosperidad económica y la transformación social: “[A] raíz de que el país prospera y esa gente abandona la pobreza y se incorpora a la clase media, se transforma. Y hoy día tenemos en Chile una sociedad y particularmente una clase media mucho más exigente, mucho más impaciente, mucho más empoderada, mucho más consciente de sus derechos y no tanto de sus deberes, y pide soluciones para todos los problemas, para todo el mundo, aquí y ahora.” Al parecer, la pregunta planteada en la entrevista cuestiona la ambigüedad que rodea al mandato actual, poniendo con esto a Piñera en un apuro. Sin embargo, una paradoja (término usado en la pregunta) no sólo implica normalmente una contradicción, sino que suele resolverse aclarando ciertas premisas o apelando al sentido común. De esta manera, la pregunta no presenta un grave aprieto, sino que abre gentilmente una salida al entrevistado, quien alude al carácter aparente de la paradoja.

 

La contradicción es de hecho aparente, pero por otra razón. El descontento de la sociedad chilena, perfectamente compatible con la prosperidad económica del país, no se basa principalmente en la pobreza o el desempleo, cuyos niveles han disminuido durante el actual gobierno. Esto ha permitido un considerable dinamismo económico, en el que se apoya posteriormente Piñera para aclarar su argumento. La desaprobación del gobierno proviene en gran medida de la desigualdad en la distribución de la riqueza que se genera con dicha disminución del desempleo y con el crecimiento económico, entre otros factores. Según la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE), Chile es actualmente uno de los países con mayor desigualdad de ingresos. De esta manera, lo que Piñera llama una clase media en transformación no es sino un grupo de personas con ingresos que se distinguen por medio de un abismo de los ingresos más altos. Entre ambos hay una real división, no aparente, como la paradoja planteada en la entrevista o como las diferencias ideológicas entre el gobierno y la oposición.

Para finalizar, es cuestionable que la sociedad chilena sea más consciente de sus derechos que de sus deberes. No queda claro en qué se basa Piñera para decir esto. Además, es claramente cuestionable que la sociedad chilena sea realmente más consciente de sus derechos que antes o que esto ocurra gracias al dinamismo social y económico. Pues no sólo es preciso analizar el movimiento económico de una sociedad parcialmente, sino también proporcionalmente. Considerando este segundo aspecto, el dinamismo económico en Chile mueve a la sociedad hacia la desigualdad. El descontento es real, no aparente, y lo más probable es que se extienda durante el próximo gobierno.

* Publicado originalmente en Periódico Diagonal

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24 de Septiembre

Al dejar el comentario enmarcado en una fracción del problema social, caemos, de ambos lados políticos y económicos en la vieja disputa de 40 o 50 años. A mi juicio la pregunta que debemos hacernos a la luz de la realidad social y su entramado cultural, exacerbado por un sistema, un modelo que penetro hasta la médula al conjunto de la sociedad Chilena, es como el concepto intrínseco de la solidaridad social, elemento central en el equilibrio de los deberes y los derechos ciudadanos, pues ese componente, que no aparece en un modelo neo liberal, apunta a dar justificación pura a la relación del tejido social de una sociedad, esta presente en los actos y ritos sociales actuales.

Edwin Schither

25 de Septiembre

“..el actual gobierno representará nada más que una fisura histórica.”
Cierto, todo trasero para necesita de una fisura de lo contrario perderia sentido y lugar.
Chile a sido definido de diferentes maneras, a veces como finis terrae y otras como Culis Mundis. Ahí cobra validez esta fisura que es este gobierno de la derecha Udi-Rn de estafadores y mentirosos.
El gobiero de Piñera es la raya que separa los dos periodos historicos que proyectan a Chile hacia el lugar que ocupará en el futuro del desarrollo de las naciones, y que esperamos que no sea la de Culis mundo, sino otra presa menos atractiva pero mas higienica.

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